A LA SUERTE(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

 

Carlos, salió de madrugada del Gran Casino. A diferencia de otras noches, esta vez lo había perdido todo, estaba en bancarrota. Del smoking elegante  solo le quedaba la camisa por fuera y el zíper abierto, aquel aspecto inmaculado de hace unas horas se ha evaporado. Mira el infinito de la calle, desierta, ni los pájaros han salido por su alimento. Saca el último cigarrillo, se lo lleva a la boca, busca en sus bolsillos fósforos – empapados —  acabó rompiéndolo con sus dedos.

— ¡Ando jodido! – sentencio.

Un sudor cadavérico le pasa por su nuca, un escalofrío que presagia muerte. Está muerto. Un muerto en vida, pero es consciente de que es el único culpable. Ya no le importa nada,  ni nadie después de esta partida. Apostó  todo a la suerte, hizo caso omiso a su acompañante en turno que término por dejarlo.

Abandono el lugar, se subió a su vehículo, puso las llaves en el encendido y antes de girarla se puso a recordar:

–¿Las mismas personas en la mesa? – De modo que–, solo la mesera daba vueltas…

–¡Carajo! ¡Si seré pendejo!

Echando pestes puso en movimiento su automotor. No sabe qué rumbo tomar, ¿Oh, si sabrá enfrentarse a su esposa e hijos?  El pago de la hipoteca de su casa lo ha perdido en unas horas…

Mientras va girando lento las ruedas, piensa en esa mujer que se entregó a él incondicionalmente. La que dejó su fortuna,  su roce social por seguir a un  simple empleado bancario.  Ella con su alegría, su empuje para luchar y ganas de vivir logró que  no fuera un fracasado.

Carmen, valía mucho. Era una mujer de carácter. Lo amaba a pesar de sus múltiples infidelidades y su empatía al juego. Era su naturaleza, no podía evitarlo. Su reflejo en el retrovisor le decía una y otra vez: “! Eres un miserable, un inútil….igual que tú  padre ¡”

–¿Aquélla debió estar coludida? – Parecía hablarle al espejo– ¡lo voy averiguar!

En una vuelta de película  retorno al casino. Sacó debajo del asiento su pistola calibre 22, la enfundo en la cintura y se dirigió a la zona de póker.  Buscaba encolerizado a la fémina del servicio. Unos pasos más y  ahí estaba, estirando la mano para tomar un sobre de tamaño carta voluminoso.

–¿De quién?

–¡Claro, lo sabía! – el ganador de la última mano.

Apenas  abría la puerta, cuando una fuerza viril la empujó al interior. La cara de sorpresa en la mujer la dejó sin habla. Cientos de palabras no lograron convencer a un enfurecido en bancarrota. Cuando se enteró que la tercera persona es hermano del dueño y la había sobornado con varios pesos,  necesitaba vengarse.

Tenía  lo necesario para cobrase. Así que la mujer tuvo que cooperar más por la mala que por la buena. Le señalo por dónde sale, su vehículo  y cuantos lo escoltan hasta el estacionamiento.

Mientras espera, bebe las últimas gotas de Jack Daniel´s, de su petaca de plata  de 200 ml y ella, se imagina la suya.

No todo esta jodido – pensó—mientras veía retirase a los dos orangutanes que acompañaron a la víctima hasta su vehículo, un  Jaguar azul con rines deportivos…un pobre diablo más– agregó.

El siguiente paso se dio. La mujer se le acerco, cruzó una palabras mientras  llegaba por detrás. Dejó caer su habano de la boca cuando sintió la otra boca, la de mi arma en su nuca…

Por fortuna ni los kaues, alborotaron el lugar…todo un silencio sepulcral.

Ella, tomo la carretera federal que lleva a la playa. Por el contrario, en la parte trasera verificaba que los amarres en las muñecas  y  la cinta canela de la boca esté al tiro. Pasamos una patrulla en el trayecto  ¿Pero quién imaginaría algo raro en un simple: Jetta de 1998, con sistema de quema-cocos con corto circuito  y uno que otro golpe sin sacar?

Buscamos un lugar apartado del malecón como hay muchos. La luna cubierta por lo nublado de la madrugada mantenía  sombrío el lugar.  Quedaban  pocas horas antes del amanecer. Marian, me dijo su nombre ya entrados en confianza, parecía gozar lo que sucede, me dio a entender que tenía cuentas que cobrarle también a aquella fichita.

De su convertible—lo tenía bien guardado– obtuve casi lo que me había ganado con trampas. Pero lo que tenía dentro de sus calcetines, “no me disgustaba”, me dejaba saldado.

–Que mejor castigo como venganza, que dejarlo en paños menores y sin un peso.

Con tanta adrenalina en mí, me olvide de mi arma.

— ¡Sorpresa!–  Me dice Marian, apuntándome el rostro.

Traté  de convencerla que hay mucha lana para los dos, pero solo percibo odio en su mirada. Lágrimas empeñan las palabras de la chica cuando comienza a contar que no solo la obligaba a ser cómplice, sino que también la usaba sexualmente.

Continua: En una ocasión “me regalo” a sus amigos, me destrozaron internamente y perdí al amor de mi vida, por  no poder darle un hijo… ¿Quieres saber más?

Saque de la bolsa trasera del pantalón unas cuantas barajas de póker y le dije: “bien, juguemos su suerte”  La carta alta gana y dispone.

…El astro rey comenzaba a calentar cuando lo rebasamos en la carretera dando brincos, me olvide desamarrarlo.

Era él.  Aquellas nalgas de chivo las reconocí desde lo lejos.

 

 

FIN.

JOSE  GARCIA.

Yucatán, México-Agosto 2019

 

 

 

 

 

 

 

 

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