LA DAMA ENSANGRENTADA(POR: MARÍA TERESA MORENO)

tarjeta de ma teresa moreno

(Sucedió en la calle 5 de febrero)

 

 

Mucho se ha hablado de la percepción extrasensorial, mientras unos la niegan, otros la aceptan sin recelos. La presente leyenda que data del siglo XVII nos revela que puede haber comunicación entre los vivos y los muertos; ahora veamos este escalofriante suceso ocurrido en la calle que hoy conocemos como cinco de febrero, para ser exactos, nos iremos a la casona marcada con el número 157.

Cuanta la leyenda que, en el mes de febrero de dicho año, llegó a esa casona ocupada por los condes de Ferráldez, el joven caballero Miguel de Ubeda y Carmona, que iba como huésped de los condes, quienes lo recibieron con muestras de gran afecto, y éste su vez fue recíproco. Aquel joven iba a pasar larga temporada en Nueva España, al menos esas eran sus intenciones; pero el duende del amor hizo su presencia dos noches después, al descubrir él, en el jardín de la casa contigua a la de los condes a una bellísima muchacha. Noche a noche Miguel admiró la belleza de la joven y empezó a cortejarla, hasta que entre susurros acordaron reunirse en el jardín la noche siguiente a la misma hora; pero él tenía que ver el modo de bajar de su ventana para reunirse con su amada.

Al día siguiente el joven enamorado se entregó febrilmente a la fabricación de una escala, y esa misma noche escaló el grueso muro, mientras Margarita ya lo aguardaba ansiosa.

Durante varias noches, los enamorados pasearon por el jardín iluminado por la luna, escondiéndose de miradas indiscretas. Así el tiempo pasó, hasta que llegó el momento de las confidencias de enamorados, en donde la muchacha le confiesa a su amado que pronto lo iba a dejar de ver porque sus padres la iban meter de novicia a un convento; el joven le dice que irá a hablar con ellos para que se desposaran en sagrado matrimonio, pero la muchacha le asegura que eso jamás lo permitirían. Margarita llorosa y desesperada, corrió hacia el interior de su casa; y momentos después Miguel, en su cama se revolvía presa de los más diversos pensamientos.

Al día siguiente, el joven miró a todas horas el jardín de la casa de su amada, sin notar signo alguno de vida. Cerca de las once de las once de la noche, cuando Miguel bajó, quien iba a decirle que por última vez utilizaría aquella escalera; una en tierra Margarita pálida y acongojada le dice que al día siguiente la mandarían sus padres al convento, y por más que intentó convencerlos de lo contrario, todos sus esfuerzos fueron en vano. Entonces la joven le dice a su amado que el único camino que hay es que huyan juntos y se casen, mientras ella fingiría estar enferma para retardar su destino. Se reunirían la noche siguiente a la hora acostumbrada.

El día siguiente, Miguel lo pasó arreglando sus cosas personales y reuniendo su capital, aunque pidió algún dinero al conde, calló el motivo de su urgencia de oro. Esa noche el joven aguardó ansioso la hora en que iría a l encuentro de su amada, más pronto dícese que hizo inoportuna aparición el conde de Ferráldez, quién le pidió de favor que le ayudara a hacer unas cuentas. No pudo negarse a ayudar al conde y menos decirle que le hacía tarde para raptar a Margarita; y mientras ayudaba a hacer las cuentas, no cesó de mirar aquel reloj de arena que marcaba la hora en que debería estar aguardando su amada. Continuaron atareados en el libro, el conde y el ansioso Miguel, cuando se dejaron escuchar fuertes y extraños ruidos en la casa vecina, a lo que el joven pide permiso para salir a tomar un poco de aire fresco.

Desesperado y nervioso, se situó frente al zaguán de la casa contigua. De pronto, dice la leyenda, se abrió quedamente zaguán y apareció la dulce figura de la amada, pero al observarla de cerca se dio cuenta, horrorizado que mientras la mantenía en sus brazos, llevaba un puñal clavado al pecho. Ella le dice que pensó que no llegaría a la cita o que la había engañado y por eso decide suicidarse. Cargó a la sangrante Margarita, pero se encontró con la puerta de la casa cerrada, y con que ni sus padres ni criados habían salido tras ella; entonces va a toda prisa la casa de los condes y la sube a sus habitaciones, después la acostó sobre la cama, asegúrase que ella se quejaba débilmente y él, no había tenido valor para arrancarle el puñal del pecho.

Miguel no comunicó cuanto sucedió al conde Ferráldez, pero cuando regresó acompañado del doctor, los condes lo recibieron al pie de la escalera y finalmente les contó todo lo que había pasado; los otros desconcertados le dijeron al joven que no tenían ninguna Margarita por vecina.

El joven insistió en que la vieran, pero cuando ingresaron a la alcoba no había rastro alguno de la muchacha, la única evidencia de su presencia era la sábana ensangrentada y un prendedor que portaba en el pecho. Intrigados por los argumentos de Miguel y lo que encontraron, se dirigieron a la casa de sus vecinos, y al llegar fue el conde quien hablo primero, pero se vio interrumpido por la esposa del otro caballero, al decir que el joven era el asesino de su hija: la pareja aseguró que él le había dado muerte a muchacha diez años atrás.

Miguel le aseguró al ofendido padre que había salido hace escasos momentos con un puñal clavado en el pecho, pero la pareja aseguraba que él era el asesino; entonces se aclaró el asunto de que al joven que tenían por huésped se llamaba Miguel de Ubeda y Carmona, y el otro era Miguel Moreda, y solo tenía escasos dos meses de haber llegado a la Nueva España. Sin embargo al joven no le creían, hasta que les mostró el prendedor con el que aseguraron sus padres, la habían enterrado. ¿Qué explicación había ante este fenómeno?

Ya en su aposento, Miguel desesperado cae ante el Cristo, pidiendo le ayudara a resolver este misterio. A partir de aquel día, lo empezó a invadir una gran melancolía, de una tristeza infinita, la cual se iba incrementando al paso de los días; entonces los condes viendo esta situación deciden enviarlo de regreso a España para que con el tiempo y la distancia lograra olvidar su macabra aventura. La marcha de Miguel ocasionó otro fenómeno, pues a partir de la noche del día en que partió, se dejaban escuchar los gemidos agonizantes de una mujer, que después de dirigía a la calle. Fueron varios los vecinos de la capital de la Nueva España, que vieron aparecer a tal fantasma al que dióse el nombre de: “La dama ensangrentada”. Y así se conoció por el vulgo la calle que como sabemos se llamaba también calle de la Joya.

Cuentan las versiones sobre esta leyenda que los ancianos padres de la muerta Margarita, la vieron también varias noches, pero no todos los seres de este mundo tienen facultad para hablar con los de ultratumba, entonces llamaron a los frailes exorcizadores; aseguran que gracias a estas prácticas, Margarita desapareció de la casa y de la calle, que con un grito espantoso se alejó para perderse en las sombras de esa región, de la dimensión desconocida e inexplicable de los muertos.

En aquel siglo no se encontró explicación a tal fenómeno, pero ahora podemos explicarlo gracias a que sabemos de la existencia de la percepción extrasensorial; esta no solo permite ver y hablar con los seres de otro mundo, sino hasta llegar a tocarlos, como aconteció con Miguel de Ubeda y Carmona en el siglo XVII.

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