AMOR EN SILENCIO(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

“En cada movimiento de sus labios esperaba aquella palabra. No tardaría en sentirla, lo sabía, su mirada la delataba”.

Debido a mi sordera, la gente me hablaba con señas. A veces sonreía cuando las manos de los amigos se enredaban entre sí. Pero la vehemencia que ponían, en un apretón de manos se saldaba. Me entere de mi causa genética en la niñez. Nunca acudí a escuelas especiales  porque los labios de mi madre, los más hermosos que miré…  me guiaron a la vida.

Los ángeles están en la tierra – lo digo siempre. Durante la adolescencia muchos de ellos me cobijaron, me deletrearon lo bueno  y malo. Hoy estoy  liberado de la incultura.

La música sana, sí, todo. Un tarde, pasaba por el salón de música y ahí estaba ella. La miré  a través de la ventana, mi piel  sintió el sonido de sus acordes recorrer mis venas. Por primera vez vibre. Marina su nombre, de un indescriptible rostro, manos de un candor sin malicia y una mirada que describe todo.

Me inscribí en el curso por ella. Las miradas de morbo no se disimulaban. Vi a la maestra rascarse el cabello cuando conteste con señas su pregunta. Entonces la vi acercarse, hablar por mí  y con su lenguaje aprendido  transmitió un momento de relajación acompañado de múltiples emociones.

Una de esas emociones “el amor”, lo confundí con las buenas acciones. La mayoría de las personas tienen una melodía favorita. Claro, la mía  solo yo  la conozco por dentro. El corazón es parte de ese ritmo.

Frecuentamos o más bien, me mostraba en su entorno. Conocí a su familia una tarde de vacaciones. Y pude comprender tantas cosas, como si las palabras estuvieran en riesgo de esfumarse de sus labios.

El cariño manifestado y el lenguaje bien aprendido por ella venia de su hermanito de un síntoma como yo. Un espejo veía en mí  cuando yo veía en ella un cristal de mil tonalidades.

Pero confundido andaba. La seguí mirando de acá para allá, las palabras se cernían en mis dedos y su rostro se disipaba en la nada. Ninguna seña de amor.

Aquel día se encontraba cerrada el aula de música. Me pase horas haciendo preguntas con las manos, ningún gesto amigo. Yo mismo me enrede con mis dedos. Camino a casa me topé con ella y su hermanito. Dibujaban caras tristes y voces silenciosas.

“! Quién  narro todo fue él ¡”.

Me dijo que ella se enamoró y lo  aparto de su mundo. No le platicaba que era estar enamorada o las noches de nostalgia que traspasaba las paredes. Le hizo sentir muerto  sin sus palabras porque vivía gracias  a ella.

¿Quieres morir por dentro como yo? – con el rostro y las manos tensas le dijo.

Siguió describiendo: Incluso sin hablar, sus manos decían todo. Hasta que supe el motivo. Repetía tú nombre una y tantas veces. Decía escuchar la música después de la lluvia…después de todo”.

En el último gesto de sus dedos, cuando estuvimos ambos muy cerca. Aquel, bueno – ya mi cuñado — representó un grupo de letras que decía:  No estorbar.

Un beso afable habló de más…

 

FIN.

 

 

 

 

 

 

 

 

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