NOCTURNO N°8 (POR: JOSÉ SALATIEL TEC.)

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No sé si seguir soñando

que me amas, que me esperas,

porque al final de cada día

me extingo en el balance doloroso

de tu amor que nunca llega.

No sé si llegará algún día

en que despierte el corazón

despojado de tu esencia,

ese día neutral en que no seas

nadie, nada, ni agua, ni ave,

ni canto, ni semilla, ni follaje,

como si no hubieras existido nunca,

como si no te hubiera hallado antes.

Así pasaría junto a ti sin doblegarme

como un mástil, como un navío,

como un potente remolino sin amarte,

sin reconocer tus ojos, tus palabras,

tus manos y tus pasos.

Entonces saldría gritándole a la noche

que me he vuelto una piedra luminosa,

un pedazo de planeta,

una ola navegante.

Que aparezcan solo las cadenas en la tierra.

Tal vez suceda así, porque verás,

no soy el dueño del tiempo que camina,

de la hebra azul

que teje la red de la paciencia,

del río rojo que corre en nuestras venas

y que sube al corazón como una hélice.

Tal vez podría ser así, si cierras de continuo

tu mirada a la ofrenda

de los cantos y los besos.

Pero eso podría ser mañana,

porque ahora sueño que me amas,

y de nuevo soy como la miel

que se desliza de un panal de fuego

siguiendo  tu mirada y tus pasos,

que se alejan siempre mientras más te busco.

Pero amor, que voy a hacer,

si solo tengo el humo de los sueños,

el murmullo de la esperanza,

aunque al final de cada día,

me extinga en el  balance doloroso

de tu amor que nunca alcanzo.

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