COSAS ONÍRICAS(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

 

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Despertó por la urgencia de ir a orinar. Al bajar los pies de la cama sintió el agua en el piso y fue cuando se dio cuenta de la tormenta. Ni modo, la necesidad era urgente y se encaminó para el baño, pero al abrir la puerta, se encontró que por el desagüe salían borbotones de agua pestilente, por lo que cerró nuevamente y se dirigió a la puerta que daba al jardín. Ahí vio y sintió el viento y la lluvia que estaba en su apogeo; haciendo malabares logró subirse a un pequeño muro bajo el alero de su casa y el de la vecina (que era muy guapa por cierto) ya en ese resguardo se dispuso con una enorme satisfacción a desaguar sus preocupaciones, pero fue cuando escuchó que la ella le hablaba desde la ventana que le quedaba al frente. Con un doloroso esfuerzo controló la acción que ya había comenzado al evacuar y le contestó a la vecina algo que ni él comprendió, porque no supo a ciencia cierta qué cosas le decía esta muchacha. Esa desesperación lo hizo despertar y sintió un gran alivio al comprobar que no fue más que un sueño. Rápidamente se levantó y fue hacia el baño, pero este estaba ocupado por una de sus hijas, desesperado tocó la puerta, pero le reclamaron que estuviera apurando cuando la hija acababa de entrar; ahora sí, sin agua, ni tormenta se dirigió al patio y detrás de unos arbustos que daban a la calle se dispuso a descargar la vejiga, pero en el mismo instante que sintió que la piel se le puso chinita por la satisfacción que le producía, por fin, cumplir con esta función tan simple, natural y ancestral, tres monjitas le dieron los buenos días y se detuvieron para informarle que estaban pidiendo ayuda para los pobres seminaristas que se estaban preparando para sacerdotes, y entonces ya no pudo más, pidiendo perdón, se soltó y dejo que la naturaleza cumpliera con su obligación. Ese descanso y lo caliente del líquido que le mojaba los pantalones, le despertó del sueño que estaba soñando cuando soñó lo de la  tormenta pasando sin detenerse en el sueño del baño inundado del cual despertó también y fue cuando se ubicó en la realidad y se encontró acostado en un charco de sus propios líquidos y, paradójicamente, como entre sueños, recordó que no estaba en su casa, sino en el suelo de una celda, pues lo habían detenido por la policía, porque borracho iba a orinar en la vía pública.

¡Ah! Qué jugadas nos recetan los sueños.

Profr. Fco. Tejero Mendicuti.

Oxkutzcab, Yuc. Primer día de junio.

 

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