SIMILITUD(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

“Cuando alejé mi boca de su cuello, por  primera vez  conocí la pena dentro de mí. Ante ella, pretendí ser lo que fui  hace muchos años. Un príncipe. Pero su  esencia vital  que corre por sus venas me trasfiguró en lo que soy, una bestia sin reposo.

¿Pero qué diferencia hay de un espectro nocturno con un caballero? ¡Solamente  una maldición!”.

— ¡Coño! ¡Esperar a otro Viernes!

Tiró la revista  dentro del cesto de ropa sucia y de un brinco salió de la cama. Se paró frente al espejo y mezclando sus dedos con gel, dejó rígido su cabello. Se volvió un fans de las revistas  de vampiros  cuando descubrió sus colmillos filosos y bien alineados. Sobre todo, que su color  blanquecino  y las ojeras heredadas de la familia le dibujaban un rostro de espanto.

Era de pocos amigos. Sus enemigos lo enmarcaban como chico “raro”, que duerme en un cuarto con paredes pintadas de negro  y  de  una claridad tenue. Vestía  con lentes y ropa de color negro y  bufanda de  color rojo, aún el clima arda. Por las noches uno que otro lo han visto en solitarios parques vagabundeando .

“Vampiro”, fue el mote que se ganó  cuando en una riña que no pudo evitar, de un mordisco le arrancó un cacho de piel a su oponente. A pesar de sus cosas raras Fabián, su nombre de pila, era un ser de mucho equilibrio  y lo que menos deseaba  era mostrarse como una  persona perturbada.

Rezagado en el rincón del salón de clases las miradas que en él se centran son  más de envidia que de morbo. De una inteligencia natural sus notas lo exhibían ante sus docentes como alguien normal. De ahí que, en su deseo por vivir apartado le era imposible.

No obstante, su vida daría un giro inesperado en aquel viaje escolar. Habían  llegado a una zona boscosa de campamento. Levantaron las casas de lonas, prendieron fogatas y se internaron en  grupos .Nadie pretendía ser parte de su equipo,  sobre todo perderse por ahí  entrada la noche.

Decidieron jugarle una broma los otros. La tarde iba muriendo por lo tanto adelantaron  sus pasos   cuando lo notaron  rezagado. Se ocultaban  con la naturaleza  y en algunas lomas de piedra. Uno de ellos, se refugió sin conocer  en un nido de víboras.

 

 

Un desesperante grito los reunió de nuevo. A uno de ellos le  había inoculado su veneno  un reptil en la pierna.  Aterrados nadie sabía qué hacer .Cuando Fabián los alcanzó aquel le  hizo  un torniquete en el área  con un pañuelo, e imaginándose  un personaje de sus revistas  abrió grande su boca para clavar  sus filosos colmillos en la zona y  succionar  el veneno.

Por fortuna el área de campamento no estaba alejada de la ciudad. Cuando se apersonaron  los de  auxilio  todo estaba  controlado. Se le acercó un paramédico a Fabián, lo reprimió por la peligrosa manera de controlar el veneno. Le  preguntó   por qué  lo hizo: él solo  respondió…“así lo he visto en las películas”.

Esta vez el vampiro no se llevó un alma, por el contrario  la dejó en la tierra.

— ¿Quién más podría contar esta historia, que yo?…su vecina que lo ha visto transformarse cada noche.

 

FIN.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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