LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

R-3

El amigo fiel

 

-Amigo, últimamente me he sentido muy mortificada, he tenido muchos problemas en el trabajo, en la casa  y   ¡ya no sé qué hacer! – Le decía María a su mejor amigo, quien sólo la observaba y asentía con la cabeza.

María prosiguió: –  Tú siempre me comprendes, eres el mejor porque nunca me juzgas, me sabes escuchar y me conoces tan bien, que no necesito decirte cuando estoy triste o feliz….

El amigo efectivamente conocía muy bien a María. Con sólo verla llegar, su forma de hablar o caminar ya sabía sobre su estado de ánimo. La había visto llorar de desamor, de rabia por alguna decepción. También le  había escuchado gritar desahogando el coraje del momento y amaba cuando la veía feliz, con la sonrisa y ojos relucientes.

Este amigo especial había sido el paño de lágrimas de María. Pacientemente la esperaba y comprendía cuando ella quería hablar. Siempre estaba en la mejor disposición de escuchar. No importaba si tenía otras cosas que hacer, dejaba todo para dedicarle su atención.

Los ojos son la ventana del alma. Las palabras no son necesarias cuando  hay comunión de sentimientos de fraternidad, confianza y cariño verdadero.  Con un gesto, una mirada, se pueden decir más que mil palabras. Por eso, estos personajes  compartían penas y alegrías y se comprendían a la perfección.

A veces, también aquel amigo  se sentía triste y María lo percibía, entonces bastaba un abrazo o una caricia y el semblante le cambiaba, los ojos nuevamente le brillaban y  el ánimo mejoraba.

Esa tarde María llegó radiante a su casa. Había conseguido el puesto de trabajo por el que tanto había luchado. Los astros se habían puesto de acuerdo para que las cosas en su vida mejoraran porque igual esa  misma mañana  había recibido una llamada telefónica en la que le informaban que su tío, quien había estado  grave en el hospital, ya se encontraba mucho mejor  y  podía irse a casa. Ilusionada, compartió con su amigo estas noticias y él de alegría se le abalanzó, le lamió la cara y con la mirada le dijo que se sentía igualmente feliz.

No cabe duda que  aquel personaje, llamado Beethoven, era un excelente escuchador  y fiel amigo.

 

Dedicado a mi amado perro Beethoven quien por años me ha acompañado en las penas y alegrías. Gracias por esto, mi fiel amigo.

 

 

 

 

 

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