CANCIÓN PARA MAR…(POR: SONIA MAYLLEND)

sona 2

 

─Maricruz, qué nombre tan bonito─,  se decía el músico que ocupaba uno de los departamento del exclusivo conjunto habitacional. Al decirlo le invadía un sentimiento de ternura, de flores en el campo, o pajarillos en las ramas de los árboles del parque alabando al creador. Con su nombre tal vez pueda hacer una canción, si lo repito dos veces continuas, suena como dos acordes de una melodía de amor.

Rodolfo se sintió atraído a primera vista por la vecina que recién había llegado al departamento que estaba justamente frente al suyo. La chica distaba mucho de tener las características de lo que él siempre buscaba en una mujer. La vecina era más bien robusta, pero tenía sus curvas bien definidas, su cadencioso andar ondulaba sus faldas que solía usar al tobillo.  Otro de sus atractivos era su cabellera rojiza, de pelo hirsuto a media espalda y su mechón ensortijado que inútilmente colocaba tras la oreja pero que rebeldemente regresaba cubriéndole un poco la cara, como si fuese un telón que la protegiera del sol.

Desde su llegada, él salía a su diminuta terraza todas las mañanas con el pretexto de tomar un café, pero su intensión era verla y solazarse con su andar rítmico y parsimonioso. Rodolfo dejaba volar su imaginación y se veía bailando con ella una melodía suave que le permitía estrecharla por la cintura y ella recargando la cabeza sobre su pecho. Un taconeo inusual lo sacó de sus cavilaciones y le sorprendió el cambio tan radical, comenzando porque hoy no llevaba las sandalias acostumbradas ni la vestimenta medio hippie.

Esa mañana su atuendo era formal; botas vaqueras, falda bajo la rodilla color verde militar, blusa camisera color crema, pashmina de corbata, cartera de piel con tirante al hombro y enormes arracadas doradas. Además, hoy se recogió el pelo, esa exuberante cabellera apenas contenida con dos broches que dejaban al descubierto su bello rostro. Por primera vez pudo ver que su nariz era respingada cubierta por múltiples pecas que por sus mejillas se diseminaban como gotas de miel hasta llegar a su boca, esa pequeña boca con labios  en forma de corazón que pintara con un poco de carmín; y sus bellos y grandes ojos verdes que resaltaban su tez blanca.

Él se quedó como hipnotizado viendo su andar, escuchando sobre las baldosas su taconeo al alejarse y ella sin voltear, ese día no lo saludó.

─Hasta luego Maricruz…

─ !Ay!─  fue un suspiro que su pecho dejó escapar y sonriendo, al interior regresó para ponerse a trabajar y darle forma a una idea que acababa de concebir.

Como todo un bohemio, Rodolfo se dispuso a componerle una canción en la que pretendía resaltar su belleza.

Su metáfora sería el mar…

Mar, mar… Maricruz

 

A la orilla del verde mar en calma

En tu rojiza espuma envolverme quiero

Cubriéndome de cuerpo entero

A la puesta del sol como ola brava

 

Enamorado estoy lo confieso

De tus labios forma de corazón

Por ti he perdido la razón

Y de tus ojos soy obseso

 

Escucho tu rumoroso jadeo

En la voluptuosidad del oleaje

Nadando por todo tu andamiaje

A tus profundidades llego

 

Tus verdes ojos serán mi luz

De tu rostro sorberé la miel

Amorosamente acariciaré tu piel

Tan delicada, tersa y blanca tisú

 

Mar, mar…

─mi Maricruz

 

~ Fin ~

 

 

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