MEMORIAS DEL MASIOSARE(POR: LUIS CHAY CHUIL)

¡A LA MADRE… EN SU DÍA!

 

Aunque este día debe ser especial, no hay que dejar desapercibidas expresiones que más que justificar empaña la verdadera misión de la maternidad, aunque, desde luego, todo extremo lleva a consecuencias inesperadas muchas veces.

“Es que no nací para estar en la casa” “si no hago lo que me apasiona me voy arrepentir toda mi vida” “si no me involucro ahora donde se construye y se forja el éxito, estoy perdida” “estos tiempos no permiten que haya un solo ingreso” “yo ya cerré la fábrica…”

La maternidad es vocación porque, atreverse a formar un hogar con la ilusión de tener hijos en la actualidad requiere de mucha fortaleza, ya que la “carrera” que brilla más en nuestra sociedad es acumular riquezas materiales sin importar muchas veces la forma.

Una madre es compañera que se traduce en sostenimiento y apoyo que se logra si interiormente todo está en orden y equilibrio; obvio es que para eso se requiere reciprocidad de quienes conviven con ella.

Sólo así se pueden cumplir sus funciones de proteger, custodiar y llevar a su desaqrrollo9 a la familia que le fue encomendada. Con la maternidad la mujer encuentra y experimenta una plena realización por el simple hecho de ser potencial portadora de la vida.

Ser madre debe hacer sentirse plenamente realizada, eso se verá en la apertura con los hijos porque realmente se estará con ellos y para ellos. Conlleva entrega que es tener loa valentía de renunciar al egoísmo y decir sí al amor. Eso llevará a la felicidad, meta natural de toda persona.

A todas esas mujeres valientes, y quienes aún tienen el privilegio de conservarla, van los siguientes pensamientos que encontré, pero que al momento de escribir estas líneas no recuerdo el nombre, pero sea para él todo el mérito.

“Hay una mujer que tiene algo de Dios por la grandeza de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados. Es quien a pesar de ser joven tiene la re3flexión de una anciana y, en la vejez trabaja con el vigor de la juventud.

A pesar de su poca preparación, en ocasiones descubre los secretos de la vida con acierto de un sabio, y si instruida se adapta a la sencillez de los niños. Si fuera rica daría con gusto su tesoro para no sufrir por la ingratitud.

Aunque aparente debilidad, a veces se reviste con la bravura del león; sin embargo, se la aquilata poco, porque mientras está junto a los suyos todo se olvida, pero después de muerta se daría todo lo que es y se tiene por mirarla de nuevo un instante, recibir su abrazo, sentir un solo latido de su corazón.

De esta mujer no me pidan el nombre porque me traicionarían las lágrimas, porque a lo largo de mi vida he encontrado a muchas en mi camino y no confío sus nombres para no sonrojarlas, pero cada cual sabe el papel y el lugar que ocupan en mi corazón, pues aunque tengo aún a la biológica muchas adoptivas me han dado su cariño en mi caminar y todas han dejado huella.

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