EN TU DÍA(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

Encaramado en lo más alto de un árbol de guaya, miraba el festejo  detrás de los altos muros de aquella casona. El viento que ahí se sentía le voló su sombrero de paja. No le dio importancia, quería disfrutar  como se divierten  niños como él.

Era una fiesta infantil donde los juegos inflables  son  peleados por chiquillos bien vestidos. El olor a hamburguesas le hacía cerrar los ojos e imaginarse estar cerca, listo para estirar la mano y …

Un jalón de tobillos lo vuelve a la realidad. Es su Tata Jacinto que lo arremeda con la mirada y le pide que baje. De nada valió cada descripción de las cosas.

Cabizbajo va contando sus pisadas rumbó a su pueblo. Lorenzo, único hijo de Jacinto y Soledad, madrugan para viajar a la ciudad donde venden: plantas medicinales y algunas artesanías que elaboran con su propia mano, herencia de sus ancestros mayas.

El viaje era un poco tardado. Jacinto miró a su hijo dormitar en sus brazos y mientras cavilaba, se le nublaban los ojos. No lo culpaba, esos deseos son de un chico de su edad que solo quiere divertirse, tener una fiesta…

Al siguiente día contemplando el paisaje y las albarradas chimuelas, Lorenzo mostraba un rostro tristón. Jacinto se le acerco, le puso una mano en la cabeza y le pregunto si quería una fiesta como la que vio ayer. Sus ojos saltones afirmaron tal noticia. Término abrazando efusivamente a su tata.

Soledad, compartió la noticia y a un día de la fecha acordada (10 de  Mayo), ya tenía unas papas, zanahorias, una pechuga de pollo sancochada y algunos chicharos frescos. Lorenzo compró una piñata pequeña que  llenó con pocos dulces y unas chinas . ¡Habrá una gran fiesta!, gritaron ambos.

No pego los ojos esa noche. De reojo, en su hamaca miraba la piñata en un rincón. Su padre lo observaba de ladito y suspiraba contento.

Cuando ellos abrieron sus ojos, el chamaco a había puesto las tazas con café , los platos con frijoles calientitos y dos pares de tortillas en su punto. Se miraron y entre risas habrán pensado…!Que prisa tiene el tziris ¡.

Tiraron una cuerda en el árbol de zapote y amarraron aquella figura de alambre y cartón que llena de alegría a cualquiera. Había limpiado sus alpargatas, alisado con las manos su camisa blanca y su short   de más color. Después de varios golpes a la piñata, esta  escupió sus dulces. Su cuerpo abarco casi todos.

Cuando hubo ingerido dos platos de ensalada y bebido cuatro vasos de horchata, y algunos dulces…un gran eructo  constato que quedó satisfecho. Se dirigía a su casa y antes de entrar dejó caer lo que había en sus manos y brazos. Apresuró su andar hasta la parte trasera de la choza y regresó con una grande…¿más bien?– mediana caja de cartón, que lo hacía ir en vaivén.

La coloco entre sus padres y dirigiéndose a su mamá, le dijo:

Mi felicidad no es completa, si tú no lo estas”.

Con sus ojos húmedos, soledad apresuró sus dedos para abrirla. Tomó de ella, un ramo de flores hechas con tiras de  huano y en  una hoja blanca  la palabra:  “feliz día de las madres “, escrita con su propio puño (para alguien que solo sabía escribir su nombre) ese detalle vale tanto, como cualquier piedra preciosa.

 

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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