VAMOS A JUGAR(POR: SONIA MAYLLEND)

sona 2

 

─Sssh…cállense, ssh, oigo un ruido extraño.

Expectantes se miraban sin moverse. sintiendo que el suelo se cimbraba seguido de un retumbar ¡pom – pom – pom!

─¡Ya llegué!, dijo sonriente la pelota, soy yo, ja, ja, ja, ¿verdad que se asustaron?,  ja, ja, ja.

─¡Canija gorda, que susto nos pegaste, mira al triciclo como sigue temblando; riéndose contestó la avalancha

─¿Porqué tardaste?,

─Es que no encontraba la bomba de aire, la tenían en un rincón y pues se durmió; la bicicleta intervino

─Ya párenle, dejen de gritar, recuerden que los niños ya van a llegar y querrán jugar; La patineta entró haciendo ruido con los baleros, también venía muy sonriente y agitada, apenas podía hablar.

─Les aviso que los patines traen a la cuerda para saltar y el cochecito pasó a recoger a las canicas, al balero, el trompo y al yo-yo. ¿Alguien sabe cuántos niños vendrán?. En ese momento entró el cochecito rechinando llantas;

─¡Ahí vienen los niños!, escóndase para darles la sorpresa; todos buscaron un escondite, los más grandes sólo se tiraron haciéndose los muertitos, lo malo es que las canicas hicieron mucho ruido al caerse y Andrés, el niño más grande, las oyó;

─Muchachos, muchachos, ¡aquí están los juguetes!; los amigos corrieron a tomar el juguete de su predilección.

Toñito se fue por la bicicleta y tomándola del manubrio le preguntó;

─¿Cuántas vueltas me vas a dar?;

─Tres a ti y luego le tocan a Pablo otras tres ¿cómo ves?; Susanita se sentó en el pasto para ponerse los patines diciéndoles;

─Ya no me caigo, ahora sí ya aprendí a patinar y hasta doy vueltas y hago ochos;

─Te dije que si te parabas firme yo te llevaría, ¿recuerdas?; y se pusieron a rodar. Mary tomó la cuerda y saltando las dos contaban los brincos, Mary y su cuerda así se divertían. Cada niño saludaba a su juguete preferido para brincar, rodar o saltar. Paquito se puso de acuerdo con Mario para jugar con las canicas mientras los otros niños pateaban la pelota para ver quien metía el primero gol. Todos los niños jugaban, incluso con los juguetes de madera; el trompo, el balero y el yo-yo.

 

El parque recibió a cuanto niño llegaba. De entrada les ofrecía sus pistas para patinar y andar en bicicleta o cualquier juguete de rodar, estaban listas y recién recarpeteadas.  Le alegraba que usaran sus columpios, subibajas y resbaladeros.

Su pasto verde y oloroso, con árboles grandes y frondosos con sus largas ramas en las que descansaban los nidos de pajaritos que cantaban con silbidos.

 

A media mañana, hora en la que el sol arreciaba, llegó un camioncito que con musiquita chillona se anunciaba.  Los chiquillos corrieron pues se trataba del camión de los helados y paletas, hasta los que estaban en los columpios se acercaron, parecía un panal pletórico de abejas a su alrededor.

 

Muy tranquilos disfrutando sus barquillos o paletas estaban y uno de los niños, alzando el cuello y señalando a la entrada del parque, dijo…

─Miren, ¿ya vieron quién llegó?, es el niño nuevo de la colonia, el riquillo que sus papás no lo dejan juntarse con nosotros. Efectivamente, de un automóvil elegante salió Joaquín de la mano de su papá, muy peinadito y con su ropa nueva. El papá colocó un helicóptero en el pasto y casi todos lo veían pues  hacía mucho ruido;

─Trac–trac, traca, traca-tracata; y comenzó a elevarse el artefactito ese.

─Mira Joaquincito, le decía a su hijo,

─Con este control remoto lo guías para que dé vueltas y cuando quieras que baje, mueves esta palanquita, el papá seguía dando instrucciones pero no soltaba el control y no le quitaba la vista al pequeño helicóptero;

─Lo puedes hacer que suba o baje ¿ves cómo lo hago?, con el botón de la izquierda lo aprietas para que gire a la derecha y con el botón de la derecha, haces que gire a izquierda, ¿me entiendes?, ¿lo estás viendo?, y ahora lo vamos a bajar despacito, lo alejamos del árbol para que no vaya a chocar y…¡Zaz!, el helicóptero en el árbol se quedó, Joaquincito con la boca abierta miraba hacia la copa del árbol pensando que a lo mejor un pajarito confundiría a su helicóptero con uno de sus pollitos porque ahí es donde se quedó. El señor Joaquín tomó de la mano a su hijo para llevárselo diciéndole;

─Al rato vengo con una escalera para bajarlo. Se subieron a su coche y éste arrancó. El pequeño se veía triste y decía adiós con la mano a todos hasta que el automóvil desapareció.

 

Los niños del parque comenzaron a reírse por lo que acababan de ver, se tiraron al pasto para revolcarse agarrándose la panza de tanto reír, entonces Toñito comentó;

─Pobre chavito, su papá no lo deja jugar. Mario, alzándose de hombros y con ambas manos, con las palmas hacia arriba dijo…

─Para qué le sirve un juguete tan caro que no puede agarrar, sólo lo puede ver, mmm qué aburrido, yo prefiero mi pelota o las canicas; la avalancha también intervino…

─pues yo lo invito a pasear conmigo ¡Órale, vámonos a jugar!

 

La algarabía continúo y en el aire se respiraba. Las risas de los niños y el trinar de pájaros por toda la ciudad se escuchaba.

 

Ese  era «El Día del Niño» típico de ese lugar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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