LAS CONFESIONES DE MANOLA(POR: JUAN CARLOS QUIÑONES SALAZAR)

PRIMERA PARTE

 

 

Mi nombre es Manola, tengo veintitrés años de los cuales estuve casada por ocho de ellos en los que mi vi inmersa en una relación tóxica y sumamente abusiva. Nací en el seno de un hogar Cristiano en el cual me enseñaron a servir sin argumentar palabra alguna. Mi matrimonio como la gran mayoría de la época estuvo condicionado a mi virginidad y desconocimiento total de la temática sexual. ¿Es humanamente aconsejable obligar a una joven a contraer nupcias con un sujeto mucho mayor que ella…? Con vergüenza y pena confieso que debido a esa razón fui abusada íntimamente en repetidas ocasiones por mi ex marido, ¡El sendero de los golpes infrahumanos durante los encuentros íntimos fue su forma más efectiva de llegar al placer absoluto…! Si se agotaba de lastimarme sin piedad, yo aprovechaba el tiempo para llorar quedamente rogándole a un Dios que parecía no escucharme o prefería cubrirse los ojos para no advertir mis tribulaciones. Debido a que la situación financiera de mi verdugo sufrió un grave traspié, fui obligada a reinstalarme laboralmente en una mediocre clínica donde me desempeñaba como auxiliar administrativo, ¡Pero debía prestar auxilio a otras áreas que lo requirieran…! Para mi mala fortuna todas las veces me correspondió atender el área de urgencias, aun cuando a estos consultorios las personas llegan con prisa y el cerebro ocupado con pensamientos diversos, estuvieron al pendiente y se percataron de mi comportamiento errático y sombrío, ¡Sin embargo tuve siempre que callar y fingir…!

 

—¡Si hablas de lo que sucede te mato a golpes y simulo un accidente…! – Siempre fue la amenaza latente de mi verdugo.

 

De esta forma la relación trastocada por el terror, violencia y abusos mermó notablemente mi vitalidad y mi ánimo hasta trascender más allá de mi salud, debido a ello un día simplemente me desvanecí en el edificio médico; cuando recobré la consciencia me encontraba entre tubos, suero y vendajes.

 

—Manola tomé una muestras de sangre para hacerte unos exámenes, ¡No te preocupes todo va a estar bien…! – Me dijo amablemente una compañera impidiendo que me reincorporara en el camastro. – Debes reposar, intenta dormir. – Aconsejó.

—Si no te importa mi sufrimiento deseo terminar esta existencia, ¡Permíteme morir señor…! – Rogué en silencio cerrando los ojos.

 

Al cabo de un tiempo que no puedo determinar debido a que me sumergí en profunda somnolencia, llegaron a la cabecera de mi cama los resultados de los estudios, ¡Mi diagnóstico fue una extrema anemia…! De alguna forma lo consideramos grave, pero dentro de lo normal debido a que solamente ingería alimentos en la clínica y debido a que eran gratuitos, ¡En la casa era prohibitivo debido al plan de austeridad económica que él había impuesto…! Todo los otros niveles estaban adecuadamente controlados y no estaba en franco riego, estuve tranquila hasta que llegamos a la última hoja de los análisis, ¿Podría haber algo más peligroso que las heridas en mi alma…? La respuesta a mi cuestión mental se desparramó sobre mí como arenas ardientes del séptimo infierno, ¡Estaba embarazada…! Mi total desesperación me obligó a romper en llanto como una niña desvalida. Lo más confuso para mi intelecto nublado eran las muestras de afecto y felicidad que causaba mi estado, lógicamente ellas ignoraban totalmente lo que sucedía al cerrarse la puerta de mi casa. Cuando recibí el alta médica me dirigí a lo que se suponía un hogar, sin embargo no era más que una enorme jaula donde mis alas y anhelos fueron arrinconados y sepultos, de alguna manera preferí pensar que el bebé que apenas palpitaba en mi vientre sería una oportunidad para retomar el destino de mi vida y no ser maltratada más, ¡Pobre ilusa de mí…! Con gran terror me apreste a compartir la noticia.

 

—¡Estoy embarazada…! – Dejé emanar de mis labios lo que en ese momento pensé que sería motivo de felicidad.

—¿Cómo dices…? ¿Esto te parece gracioso…? ¡Maldita perra idiota…! ¿Sabes acaso si deseo un hijo tuyo…? ¡Una basura como tú únicamente sirve para mi satisfacción personal…! ¡Vete al infierno…! – Gritó con cierto desespero.

 

Por fortuna y pese a su ira descomunal aquella tarde no intento agredirme; los días se sucedieron inevitablemente y su garganta parecía haberse cerrado con la inesperada noticia, sin embargo sus puños habían vuelto a caer en repetidas ocasiones sobre mi corporeidad como lluvia intensa en el sediento desierto. ¡Lo peor ocurrió cuando me correspondió asistir a mi chequeo médico rutinario…! El galeno descubrió múltiples marcas amoratadas diseminadas estratégicamente por mi cuerpo, aun cuando intente alegar el hecho de sufrir de cierta pena al laborar en el mismo sitio y vergüenza de que me observaran; simplemente meneo la cabeza significativamente y me canalizó a otra área de la clínica, debido a que era un servicio sin costo por ser empleada del lugar, no demoré mucho en tomar la prescripción y practicarme un ultrasonido para saber la condición de salud del bebé; ¡Fue impresionante escuchar los débiles y prematuros latidos de su corazón…! Sentí que mi existencia finalmente encontraba el sentido necesario para continuar en el camino, permanecí recostada con los ojos cerrados soñando despierta con un mejor mañana.

 

—¡Vaya Manola eres una mujer afortunada…! – Dijo la doctora con la felicidad reflejada en la mirada.

—Un bebé siempre es motivo de alegría, ¿Verdad…? – Comenté dejando que varias lágrimas rodasen por mis mejillas.

—¡Efectivamente…! Por ello digo que eres bendecida, ¡Tendrás gemelos…! – Sus palabras fueron como el mallete dictando y sellando mi condena.

 

Después de algún tiempo en que intente asimilar y digerir la noticia me fui del consultorio, el suelo bajo mis pies parecía inexistente pues me daba la impresión de flotar en la nada entre una espesa nebulosidad; frígido e insensible un sucio escalón del acceso fue el inusual oratorio donde me detuve cansada de morar en este mundo injusto lleno de mascaradas y falacias. Fueron muchos segundos que marcharon en procesión tras los minutos muertos intentando emerger de la ignominia. Esta deshonra pública de que mi cuerpo lacerado y mi vergüenza quedaran al descubierto del doctor, aunado a la búsqueda sin resultados de la forma en que criaría a mis dos hijos me estaba cocinando el cerebro, ¡Cuando él se enterara del futuro parto gemelar no tendría reparo en masacrarme…! Sabiendo de antemano la reacción que esto traería consigo, retuve la información al respecto todo el tiempo necesario hasta que hallé la ocasión considerablemente adecuada y con miedo le hice saber. Aquella tarde noche se desató el infierno y se manifestó plenamente sobre mi piel, sin importarle un ápice el estado de gestación, y mucho menos las magulladuras previas, ¡Me golpeó tan salvajemente que perdí la consciencia…! Cuando la recobré, como un cobarde se había marchado de la funesta escena, me percaté en completa soledad del recorrer por mi espina de un escozor desconocido, mis brazos estaban sangrantes, mi estómago se contraía grotescamente y su mal oliente esperma rancia y espesa resbalaba en mi rostro masacrado, ¡Era su manera de expresar la superioridad de varón ante mi cobardía femenina…! Mi llanto no fue por las heridas o la humillación, ¡Sino por la cómplice credulidad de mis padres, por lo injusta que se portaba la vida conmigo, por el futuro incierto de los fetos que gestaban dentro de mí…! Quizá como un sistema de protección de mi ser una corta etapa de remembranzas me embargo, nunca fui una joven de malos instintos o pensamientos, sobresalí en la escuela logrando las mejores notas y me gradué en la universidad, ¡Definitivamente no merecía esa vida…!

 

Sin que me enterase y adelantando vísperas respecto a cualquier comentario por mis moretones y raspones, inició el fluir de los rumores del embarazo doble y de una caída escaleras abajo debido a la debilidad y falta de destreza, ¡Más patrañas y ficción que alimentaba su ego…! Posiblemente la última agresión había conectado las terminales nerviosas en mi cerebro pues pude distinguir sin así pretenderlo que la existencia jugaba con los humanos con mucho sarcasmo al enmascarar las realidades demoniacas con ídolos de héroes inexistentes, ¡Mi abusador fingía perfectamente ser un hombre dedicado al servicio de Dios…! Iba rigurosamente a la iglesia los domingos, miércoles y viernes. A los altos mandos eclesiásticos no parecía importarle sus constantes retrasos a las horas programadas, ¿Qué pensarían si supieran que se entretenía golpeándome inhumanamente obligarme a una felación previa a su partida…? Las recolectas económicas siempre estuvieron a su cargo y como buen ladrón sin crucifixión, lograba que una enorme proporción del dinero no llegara jamás a su destino, ¡Siempre llegaba a la casa con los bolsillos llenos de monedas del diezmo…!. Por su aparente rectitud, honestidad y buenos valores se había ganado la admiración y el respeto de los miembros de la congregación que lo publicitaban como un ejemplo de fe y honestidad, ¡Hipócritas que moran en la casa de Dios…! Debido a sus muestras de falsa alegría al hacer público el hecho de que sería padre, la mayor parte de los mal llamados hermanos le extendían las felicitaciones hinchas de falsa ventura; recuerdo con pesar que ya transcurría el séptimo mes de embarazo y el peso de los críos respecto al mí corpulencia era raquítico, y él nunca se preocupó por lo que le dio por llamar, ¡Cargas costosas…! Un domingo nos habían invitado a comer en casa de mis padres cuando inesperadamente llegó un primo al que no había visto desde finales de la educación secundaria, guiado por la euforia me abrazó, besó en la mejilla, deseo parabienes para mis nenes y tomó asiento con nosotros; el energúmeno que tenía mi título de propiedad disfrazado de acta matrimonial se enfadó tanto que me exigió nos fuéramos inmediatamente, mi madre atribulada por el suceso insistió en que aguardáramos al postre pero la negativa por parte de mi marido fue rotunda, ¡Nos despedimos y me llevó prácticamente a rastras…!

 

—Prepárate para cuando lleguemos a la casa, ¡Vamos a saldar cuentas pendientes…! ¡Mugre rapazuela cusca…! – Amenazo con ira demoniaca en la mirada.

—¿Y ahora cual es mi pecado…? ¿De qué me acusas…? ¡Ten cuidado con los niños por favor…! – Lloraba despavorida sintiéndome totalmente abandonada a mi suerte.

—¡No seas dramática y estúpida…! Los bebes no sufrirán ningún daño, ¡Pero respecto a ti no puedo prometer nada…! – Su sonrisa sarcástica era demoniaca.

 

Esa misma noche me rompió la mandíbula, dos dientes y el hueso lagrimal, fui transportada en camilla grandemente maltrecha, el infeliz argumentó ante los paramédicos que me encontró desvanecida en la puerta y llamó sin pensarlo. Y como una cervatilla aterrada tuve que mentir diciendo que habían intentado allanar mi hogar y que lo había impedido aun a costa de mi embarazo. Me internaron en una emergencia de posibles eventos reservados pues presentaba contracciones aceleradas por un shock de hipovolemia. Los bebés nacieron antes de tiempo y fueron destinados directamente a las incubadoras pues tenían que alcanzar su madurez natural, ¡Fueron un varón y una niña…! Estaba parcialmente sedada cuando entre sombras mentales escuche la noticia, ¡Sin embargo una muda felicidad me embargo pues ya estaban en el mundo…! Me enteré posteriormente que fue necesario mantenerme en un coma inducido por algo más de veinte días, cuando desperté sufría de dolores insoportables en todo lo largo y ancho de mi cuerpo, ¡No sabía a ciencia cierta si la hinchazón de mi vientre era mayor al de mi rostro o viceversa…!:

 

—¿Cómo están los bebés…? – Quise saber en el instante que el doctor extrajo el tubo de mi boca.

—Te convencerás personalmente pero antes debo avisar a las autoridades que ya recuperaste la consciencia. – Advirtió al doctor que ya sospechaba los abusos recibidos.

 

Me sumergí en una fosa repleta de desolación, dudas y temor, ¿Por qué el médico no me miraba a los ojos…? ¿A qué se debía aquella respuesta tan parca…? ¿Estarían vivos o muertos…? Deseaba más que nada tener entre mis brazos a quienes palpitaron dentro de mi vientre cómplices de mi desdicha y dolor. En cuanto estuve repuesta y en condiciones fui acompañada al área de incubación, por fin pude observar a mis pequeños, estaban como dos desvalidos polluelos acurrucados con los ojos cubiertos con algún tipo de cinta protectora, varios tubos los mantenían conectados a respiradores artificiales y los pañales desechables eran ciertamente monumentales para ellos. Lloré desconsolada sobre los aparatos que le prodigaban vida artificiosamente intentando transferirles mi amor, No encontré una excusa válida para la desdicha que apenas comenzaba para ellos, ¡La única culpable de lo ocurrido y la suerte de los niños era yo…! ¿Cuantos abusos infundados había permitido debido a mi debilidad estúpida…? ¿Por qué no confesar sus agresiones y librarme de él…? Estaba como la madre del Nazareno al pie de la cruz, mis lágrimas inundaban el aparato médico que bombeada oxigenación a los pulmones de mis críos y mi cuerpo se sostenía precariamente en los brazos de una enfermera pediátrica cuando las puertas del averno se abrieron y apareció la encarnación de lucifer.

 

—Vine en cuanto me enteré que habías recuperado la consciencia, ¿Qué fue lo que realmente ocurrió en la casa…? ¿Puedes reconocer a tus agresores…? ¡Los encontraremos y pagaran…! – Su mano oprimía mi brazo con fuerza descomunal haciendo renacer el miedo.

—Declararé en cuanto llegue la policía. – Dije sin mirarlo a la cara. – Ya vienen en camino. – Arrastré mis palabras llenas de coraje.

—¡No te atrevas a exponerme públicamente…! ¿Deseas vivir y que lo hagan tus hijos…? – Me dijo quedamente evitando ser escuchado por la auxiliar médica.

—¡Intenta hacernos daño y me conocerás realmente…! – Le dije sorprendiéndome por mi arrojo.

 

Intempestivamente y con el rostro encendido por la ira giro en torno a sus talones y se marchó sin emitir juicio alguno. Más rápido de lo previsto dio inicio la molesta romería de los hermanos de religión que me consideraron siempre la cierva de un varón ungido, todos ellos creían poder solucionar el problema con cánticos, rezos u oraciones, las pocas palabras cariñosas de sus esposas me parecieron cargadas de una hipocresía sin límite, ¡Es increíble como los comentarios llenos de ironía y desatino sonaban con mayor sinceridad…! ¿No te has puesto a pensar que la actual situación de los nenes es por culpa tuya…? ¡Los pecados de los adultos se reflejan en los pequeños…! ¡Tienes que hacerlos bautizar para borrar de ellos el pecado original…! Esas y muchas frases hirientes inundaron mis pensamientos esa tarde que deseé olvidar tan pronto como concluyó, ¿Qué culpa o pecado podrían tener aquellos inocentes que se debatían entre la vida y la muerte…? ¡Resolví no permitir el acceso a nadie más…! Incluso mis padres se vieron afectados por mi decisión, pero necesitaba estar totalmente concentrada en la supervivencia de los pequeños, ¿La fe en los santos…? ¿Cómo creer en ellos si su Dios se había mostrado ausente de mi sufrimiento y pesar…? Dos días más tarde se apersonaron nuevamente los policías que estuvieron atentos desde el primer instante, ¡Me era imposible ligar palabras coherentes…! Solamente lloraba sumergida en el temor de que los que moraban las incubadoras sufrieran daño alguno, ¡Nunca situé mi integridad física por encima de ellos…! Siempre me consideré lo menos importante en aquella situación de gravidez de seguridad, la psicóloga intentó brindarme auxilio moral, sin embargo mi temor era mayor a mi deseo de señalar a quien antes me amenazara abiertamente. ¡Fui débil una vez más…!

 

—Todo se trató de un asalto en la casa, intente defenderme y todo se salió de control. – Argumente intentando auto convencerme.

—¿Estás segura hija…? Porque de no ser así encontraré al culpable y te juro que lo haré pagar su delito, ¡Infeliz…! – Dijo con gran resolución el comandante pues sospechaba el verdadero origen de mis lesiones.

—Se lo agradezco mucho señor, sin embargo así fue y le rogaría encarecidamente me evite el dolor de ver nuevamente los rostros que me causaron este daño. – Suplique llorando en el instante que mi mente creo la imagen de mi victimario.

—¡Así será…! Pierda cuidado que primero está su integridad física y mental. – Arguyó no muy convencido.

 

El día cuarenta y cinco de mi estancia en el sanatorio, desperté de madrugada y me dirigí presurosa a la capilla erigida para la virgen de Guadalupe, ¡Me sentía más inquieta de lo normal y no encontraba la razón…! Ese fresco amanecer pude observar como nunca antes y en todo su esplendor el rostro ovalado, hermoso y moreno que simbolizaba perfectamente a nuestra raza, aquel cabello negro bellamente esparcido en cascada sobre sus hombros, las manos juntas en señal de recogimiento y profunda oración, ¡Se miraba tan joven o más que yo…! La cauda de rayos dorados que la rodeaba daba forma a un halo lleno de inocencia y plenitud, la flor de cuatro pétalos que tantas veces pasó inadvertida para mí, la luna en la que se sostenía enmarcaban los hilos de la fecundidad femenina y aquel bello ángel a sus pies que denotaba acabar de volar al cielo, ¡Mi fe y creencia habían reencarnado de nuevo…! Sin embargo mu cuestione ansiosa ¿Qué interpretación había tras aquellos detalles tan explícitos en aquel instante…? ¿Era acaso una plática Divina con el Creador a través de la madre de Jesucristo…? En aquel instante lo comprendí todo, ¡Mis hijos no estaban destinados a estar a mi lado…! ¡Ellos no sufrirían en carne propia las carencias y penas que yo había padecido…! Entre un mar de llanto surgió una tenue sonrisa en mis labios.

 

CONTINUARÁ

 

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