DESDE OXCUTZCAB TE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

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HAZLO.

 

Para quitar los mazacotes de olvido y sentir el alma ligerita, nada como regresar a los sitios donde tu juventud forjó su destino. Cuando devuelves tu vida a este sitio, sientes que, en lugar del caparazón de los años, te brotan alas juveniles que te elevan por arriba de tus recuerdos para que los veas desde arriba. No importan las lágrimas de nostalgia, pues estas no son amargas, sino ligeramente saladas que le dan sabor a tu existencia en esta recta final por donde transitas.

Nada como salir a la puerta, cuando el alba apenas se adivina entre las copas de los pinos y ver como brota de las chimeneas del caserío el humo con olor a cocina, ese humo que se enreda entre los árboles del bosque que rodea al pueblo, ese humo que huele a ocote y que, como genio de alguna lámpara maravillosa, nos promete unas viandas que animan nuestro apetito.

En la cocina, la estufa, ya sea una grande y elegante menonita o un tambo que contuvo combustible, partido a la mitad, tienen sobre sí, la olla o cafetera con el agua poniéndose a punto para el café y la madre yendo de aquí para allá, machuca los frijoles, amasa la harina para las tortillas o pone el sartén para la chilaca o las papas con queso, los hongos amarillos recién recogidos entre los pinos o las quesadillas de flor de calabaza, o simplemente un burrito de frijoles con queso y una taza de humeante café.

Fuera, sentirás que el sol comienza a entibiar la mañana y el mugido de las vacas anuncia el día formal. Obedientes, en fila india recorren el mismo camino de ayer por donde su amo las llevó a pastar, seguido de los ruidosos perros que ladran por el placer de ladrar. Este panorama te invitará a caminar por entre el bosque saturado de pinos, encinos y madroños; seguir aquella senda apenas dibujada, cubierta por una alfombra de agujas de táscate y hojas de los árboles, entre las que brotan pequeños arbustos con flores coloridas; subir los riscos que te retan a un esfuerzo físico, caminar a un lado del arroyo aquel que recorriste varias veces, algunas en compañía de la mujer que te robaba el aliento, para volver a encontrar el salto de agua que nunca olvidaste y brincar la corriente sin importar dar con tu humanidad dentro del agua, subir las rocas siguiendo el culebreo ingrato del riachuelo y volver cansado, apenas levantando los pies que sientes te pesan toda una vida, pero feliz.

Después de todo esto, siéntate a la puerta de la casa donde te alojas y verás a lo lejos la escuela donde impartiste clases por vez primera, lleno de juventud, entusiasmo y sueños. Solo entonces sabrás que por todo esto, vale la pena lo vivido y lo que nos queda por vivir.

Profr. Fco.J Tejero Mendicuti.

Huajumar, Ocampo, Chih. Julio del 2018 Época de la cuarta revolución.

 

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