ORTO PRAXIS(POR: YOXI)

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

Atada a unas argollas fijas a la pared, Cintia vuelve en sí y ve a Gayo que le sonríe burlonamente portando un enorme cuchillo, se respira un olor nauseabundo.

Se le acerca, coge su rubio cabello en un puño y de una tajada lo corta casi a la nuca, lo desparrama por el suelo mientras ríe estúpidamente.

Quisiera no seguir viendo pero no puedo parar de mirar…

Ella deja escapar un leve quejido, sacude la cabeza y lo mira…

  • ­¡Ah! eres tu perdedor, gracias, ya estaba muy largo

Ella lo mira a los ojos y finge una media sonrisa, Gayo chilló enojado, ella le ordena.

  • Suéltame ya Gayo si no quieres terminar mal, vas por el camino equivocado

Gayo lanza otro chillido de frustración, la toma por el cuello, aprieta y la amenaza con el cuchillo en la cara mientras gruñe gutural.

  • Vas a pagar caro Cintia…

Después de un eterno silencio, la suelta, ella tose y se recompone; levanta la cabeza y lo mira a los ojos ahora coqueta, el esquiva su mirada y en un arranque de furia, para sentirse en control le arranca la blusa. Ella se mira, levanta la mirada y le dice tranquila.

— Si esto es lo que quieres ¿porqué no simplemente lo dices?

—Porque tú eres la “jefa” nunca le harías caso a un guardia de seguridad como yo ¿O sí?

— ¿Por qué no? ¡Vamos intenta! o ¿Es que tu solo te limitas?

— No, porque sé que ahora estás saliendo con el Sicólogo y sé que lo haces para  humillarme, ¡sabías que era mi mejor amigo!

  • Pero si serás cabrón, ¿Como piensas eso? Fíjate que aunque tengas buena pinta, con esa mentalidad perdedora a nadie le vas a interesar, si quieres algo, habla, ¿cuál es el problema?

— Además tú me diste entrada, ¡Coqueteaste conmigo en la fiesta! ¿Recuerdas? y nos besamos… Yo pensé que… Pero ahora solo me ignoras…

— Solo fueron unos tragos que compartimos como amigos, ¿sale? traté de ser amable contigo, ¿Es eso tan malo para que quieras lastimarme?

— ¡Tú me lastimas! juegas conmigo y con mis sentimientos, pero ahora vas a pagarlo.

— Ok. ¿Dime qué quieres? ¿Cuánto quieres? Te firmo un cheque y cada quien sigue por su camino, sin preguntas, sin rencores, ok.

— ¿Así nada más? — contesta Gayo nostálgico

  • Bueno también te puedo compensar de alguna otra forma, ¿Entiendes? Pero sin violencia cariño, solo suéltame, te irás contento. ¿Sabes? En realidad me caes muy bien, solo que tú estilo es francamente medieval.

Gayo traga saliva apabullado, yo miro desde la silla donde me tiene atado: Ya me duelen las nalgas y tengo las manos entumecidas. Me cubrió la boca con una asquerosa cinta de fontanero que no me deja respirar. De pronto me empiezo a atragantar con mi propia saliva, sin poderme contener empiezo a toser y se dan cuenta que ya estoy despierto.

  • ¡Ah! A que ni sabes quién tengo aquí con nosotros —dice Gayo burlonamente — a tu pinche galán, este cabrón también me las va a pagar.

Se acerca, me arranca la cinta de la boca llevándose pelos y pellejo en el engomado, tomo una bocanada de aire y finalmente controlo la tos. Gruñe y me da una bofetada que me parte el labio y empiezo a sangrar.

— Gayo, — le digo —, ¿Qué es esto? ¿Creí que éramos amigos?, ¿por qué la agresión? vamos a hablar.

— ¡Cállate! Tú no eres mi amigo, ¡Perro traicionero!

— ¿Por qué dices eso?

— No te hagas el tonto, te ligaste a Cintia sabiendo que a mí me gusta

  • Amigo, en la vida las mujeres son las que escogen, yo no te hice nada

Cintia desde el fondo toma la palabra.

— Gayo por favor, se razonable, dime qué quieres y listo, porqué tantas vueltas

  • ¡Cállense! Aquí se hace lo que yo digo — grita Gayo

Se hace un silencio… Gayo sobre actuando me da un par de bofetadas más y se dirige hacia ella. Ella afable le habla.

  • Mira Gayo no vas a llegar a ningún lado con violencia, te estás hundiendo y no te das cuenta, te estoy dando una oportunidad de salvarte, soy tu bote salvavidas. ¿O quieres vivir huyendo? ¿Qué te agarren, que te maten o que te encierren por el resto de tu vida por asesino? Cálmate, respira hondo, date cuenta, la vida trae problemas si, pero también la solución.

Gayo se sienta en una silla vieja que está casi frente a ella y balbucea nervioso

  • Me estás volviendo loco… Es mejor que termine lo que empecé…

Se levanta de golpe, toma el cuchillo nuevamente y se dirige a mí; casi me orino en los pantalones, solo que en ese momento, suena el timbre de la calle, Gayo se detiene, vuelve a sonar y entonces, enfadado arroja el cuchillo y sube a ver quién toca.

En cuanto sale del sótano, hablo con Cintia, que enseguida me empieza a dar órdenes.

— ¿Qué esperas idiota? Dile las palabras ó ¿No las recuerdas?

— ¿Cucucu… cuales palabras?

  • Las palabras animal, con las que haces entrar a este pinche loco en trance durante las terapias, ¿que no tienes las sesiones hipnóticas para tratar su pinche bipolaridad, como marca el protocolo de la Compañía?

Ella tenía razón, casi lo había olvidado; Si, pero no las recuerdo ahora, le dije…

  • ¿Cómo que no las recuerdas? ¡Es tu trabajo! ¡Pues haz memoria o considérate muerto porque despedido ya estás!

Me puse más nervioso y mi mente se puso en blanco en ese momento…

Gayo regresa maldiciente.

  • ¡Estos pinches testigos de Jonás ya me tienen hasta la madre! ¡No pueden ser más inoportunos! ¡pero los mandé a la chingada, si! Y ya se fueron. Creo que no sospecharon nada. ¿En que estábamos nosotros? Ah ya recordé. Que aquí hay dos a los que se les va a acabar el pinche mundo de a devéras hoy mismo…

Empezó a jadear, como entrando en un trance, tomó el cuchillo y se dirigió a mí, ¡Ya bailó Bertha! — Pensé angustiado — pero cambiando de nuevo de opinión y dirección, mirándome con desprecio se dirigió hacia ella.

— Realmente me da mucha pena por ti Gayo, no sabes lo que haces

  • Nadie se burla de mí, observa lo que te voy a hacer “mamita”

Se le acercó y empezó a pasear el cuchillo por su cara y cuerpo, primero como una caricia, luego con más fuerza rasguñando su piel. Ella empezó a jadear como si se tratara de un juego erótico o de dominio, lo cual excitó a Gayo.

  • Así me gusta, sigue, ¡sigue así rameando! antes de morir serás mía para siempre.

Ella siguió con su juego, el tipo le cortó el sostén que cayó al suelo, Gayo se refociló ante la exuberante vista. Actuando más rápido cortó también su falda y ropa interior, la arrancó y la tiró en el suelo. Se despojó él mismo de su propia ropa y cortó las ataduras de Cintia liberándola; arrojó el cuchillo al suelo y cargada se la llevó a la mesa, ella flojita cooperaba. La sentó en la orilla de la mesa; ella le rodeó el cuello con sus brazos y lo besó apasionadamente. Empezaron a intercambiar  caricias y besos. Luego, sin dejar de mirarla, la acomodó en la mesa para tener acceso a su cuerpo y se subió con ella a la mesa. Yo como hipnotizado observaba y también me sentí excitado.

Ella volteó a verme y me clavó una mirada indescriptible. Fue en ese momento que me llegaron las palabras: Orto Praxis… ¡Si esas eran las palabras!

Gayo se acomodo frente a Cintia, mientras la seguía besando y acariciando.

Entonces en voz alta y en tono solemne interrumpí diciendo.

  • Gaaayo, Gaaayo, ¡Ortooo Praaaxis!

Gayo me volteó a ver sorprendido, pero entrando en trance hipnótico se detuvo.

  • Ve a la silla, siéntate, duerme profundo, descansa — Ordené

Gayo obedeció, bajó de la mesa y se fue lentamente a su silla; se sentó y cerró los ojos. Cintia se levantó de un salto y siguió dándo órdenes.

– ¡Porqué tardaste tanto idiota! ¡Casi me mata este animal!

– Si perdón mi amor, con los nervios no me acordaba de las palabras, pero ya pasó, tranquila, suéltame por favor.

Libres ya los dos nos miramos, le dije que así se veía muy bien, moviendo la cabeza en desaprobación  me hizo un mohín de disgusto, tomó el cuchillo, y blandiéndolo frente a mi cara me advirtió en tono imperativo.

  • ¡Doctor Gutiérrez basta! ¡por favor hábleme de usted y llámeme licenciada! ¿Entendido?
  • Si licenciada, asentí.
  • ¡Ah! Y otra cosa, ¡yo no soy su amor!
  • Si licenciada.
  • ¡Deje de mirarme así, dese la vuelta y deme su saco!
  • Si licenciada…

Me di la vuelta, me quité el saco y se lo di, ella se lo puso para cubrirse.

  • Ya puede voltear me dijo en tono imperativo.

Entonces nos volvimos para ver a Gayo, que apacible seguía sentado con los ojos cerrados…

¿Debería yo matar a este cabrón o cortarle el pito? — pregunté sin respuesta — ¡Si eso le voy a hacer! Tomé el cuchillo decidido y me dirigí hacia Gayo. Mientras Cintia — la licenciada perdón —  ignorándome, dio media vuelta y salió caminando del sótano dejándome atrás. En ese momento se escucharon las sirenas, golpes arriba en la puerta, gritos. La policía había llegado.

Cuento by Yoxi

 

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