EL NÚMERO 21 (POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

Lo miré  con todas sus fuerzas empujar aquella carreta de madera ya  vieja. La construyó el abuelo con sus propias manos para mí. Se le había atascada una rueda en el trayecto a los corrales de la hacienda, apunto estaba de irle ayudar pero me contuve cuando lo observe en cuclillas estudiándola. Movía la cabeza de un lado a otro, estudiando el aparato y buscando quizás una solución. Ya en píe, se dirigió a la bodega de semillas y regresó  arrastrando con apuros  un tronco redondo. Se rascaba y rascaba la cabeza y hacía cara  de enojo, había olvidado la idea.  Una sonrisa de felicidad lo vuelve a la batalla. Colocó el tronco  detrás de la llanta para hacer  palanca. Su rostro, denota la fuerza ejercida por su pequeño cuerpo pero sale airoso del dilema cuando vuelve a rodar la llanta. Con pequeños saltos le acompaña una bella sonrisa como alguno de su edad.

Su ritmo de vida es  como uno. Aquella tarde en el supermercado me demostró que no conoce: ¿Qué, es ser diferente?.

Se había retrasó en los pasillos pero no le di importancia. La rutina es después  encontramos en el siguiente. Al encontrarlo, apunto de decirle algo…pero mis manos sellaron mis labios. Mis ojos se llenaron de alegría en el escenario amoroso que vi. Con suavidad llevaba el carro de una persona de la tercera edad, quien haciéndolo sentir seguro con su lista de compras en  mano le indicaba lo que iba a llevar y él, con pleno conocimiento depositaba el producto. A mi llamado una sonrisa me saludaba y con sus deditos  me hacía entender que: “sólo se despedía de su amiga y estaría  conmigo”.

Cuando lo miraba pararse sobre un banco de madera y pegar su nariz en el cristal de la ventana, una sonrisa de varios matices describía su felicidad y en mi… una angustia me hacía pensar que será de él, cuando le falte. Es un bebé como otro cualquiera, fruto del amor. Sus alas  tienen las extremidades y las fuerzas para volar  y su mirada  para buscar sus sueños. Su sensibilidad es tan extensa como los mares sin fin; Lo he visto llorar, pero  sé diferenciar su llanto. Cada sonido de su alma que me dice: Mamá.

Cierta tarde le pedí perdón. Eran uno de esos días que te olvidan ser uno mismo. ¿No sé si lo sintió? Unos buenos golpes a mi cerebro  fueron suficientes para entender que la diferente…

!Soy yo ¡ … y ,no él.

 

 

 

 

 

¿Una muestra más? .

Ayer. Parado en la puerta de la salida con  mochila al hombro, bien peinado, oloroso y  trajeado a la moda…me dijo: adiós.

El camión escolar lo esperaba para comenzar a escribir su propia historia. Su par 21,  soló le cambio el rostro…su corazón un don de Dios.

…Sí.  Lo sé.

 

FIN.

 

 

 

 

 

 

 

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