SONATA (POR: JUAN CARLOS QUIÑONES SALAZAR)

 

 

 

Como una gran mayoría de músicos o pretendientes de concertistas, Nicolo era un violinista frustrado, llevaba años intentando ascender su carrera artística al siguiente nivel pero la falta de talento y principalmente de dinero se lo impedían. Totalmente impregno con la amargura que lo embargaba a diario, ¡Decidió darle fin a su afligida existencia…! De forma selectiva para evitar sembrar sospechas, adquirió varios tipos de veneno con los que realizó un extenso número de ensayos, su objetivo era encontrar el que fuese más práctico y causara menos dolor, para ello se valió de una innumerable cantidad de animales domésticos que sufrieron lo indecible para que el desquiciado sujeto lograra su objetivo primordial, acabar con su mediocre existencia sin que esto le causara dolencia extrema y fuera totalmente efectivo, ¡Requería a toda costa descargar de sus hombros el peso del fracaso que experimentaba…!

 

En el preciso instante en que llevaría a cabo su bien maquinado plan, un ente misterioso se le apareció deteniendo todo falso brote de valentía, sus manos y piernas sufrieron una especie de congelamiento que impidieron continuar con su propósito, su asombro fue tal que la mescolanza de brebajes que sostuviera en apariencia decidido a cegar su vida, escaparon furtivamente de sus manos cayendo ruidosamente al suelo, ¡La copa mortal quedó hecha trizas…! Un gélido viento y la densa neblina que ensombrecía la noche hacían más espantosa la presencia del ser de ultratumba.

 

  • ¿Quién eres…? – Quiso saber el aspirante y falaz concertista. – ¿Cómo lograste entrar…? No te llamé, ¡Vete…! – Suplicó aterrado.
  • ¿Deseas mi ayuda…? – Interrogó la criatura con voz áspera sin revelar su identidad.
  • ¿Quién te informó de mi necesidad y de qué forma lo harías…? – Apenas podo articular palabra su quijada estaba trémula de terror. – ¿Realmente lo harías…? ¿A qué costo…? ¡No me conoces ni te conozco…! ¿Qué te impulsa…? – Titubeaba incrédulo.
  • Mira, ¡No se me puede ocultar nada…! Conozco sobradamente por la problemática que estás atravesando y puedo impulsar tu carrera hasta la fama encumbrándote meteóricamente. ¡Solo tienes que aceptar…! – Le susurraron al oído de forma tajante.
  • ¿Estás seguro de que no existe algún costo que pagar…? ¿No condeno mi cuerpo y alma…? – La entidad meneó la cabeza negativamente. – ¡Siendo así acepto…! ¿Qué implica nuestro tratado…? ¿Dónde firmo, qué recibo y en cuanto tiempo veré resultados…? – Un afluente de interrogantes escapaba de sus labios.
  • El nuestro será un contrato de palabra, ten la suficiente paciencia para aguardar resultados, ¿Qué puedes perder si estabas dispuesto a sacrificar la vida…? Recuerda que todo beneficio que obtengas tendrá un costo que lentamente iras liquidando, tu esencia y la mía no serán trastocadas, ambos permaneceremos por siempre, ¡Ahora ensaya para obtener el éxito anhelado…! – Le advirtieron lacónicamente.

 

A partir de esa noche la mediocre existencia del músico tuvo una variante espectacular, su tiempo lo invirtió en perfeccionar la técnica que cada minuto mejoraba notablemente hasta alcanzar la perfección prometida. Su conocimiento en la escala musical derivó en la creación de nuevas obras melódicas de singular belleza, lo verdaderamente extraño era que no contaba con el conocimiento previo para desarrollar tal actitud, sus logros no demoraron mucho tiempo en interesar notablemente entre los eruditos musicales que tiempo atrás lo rechazaban señalándolo como el peor alumno del conservatorio, su éxito pareció brotar de la nada y como la espuma se proyectó a grandes alturas siendo considerado el mejor concertista de aquella época.

 

La fama de Nicolo no tenía precedente alguno, sus anteriores detractores eran ahora sus más grandes admiradores y promovían sus actuaciones rindiéndole pleitesía. Conociendo la destreza y profundidad de su inexplicable talento le solicitaron la creación de una sonata individual que él mismo ejecutaría en el próximo recital de las Naciones Unidas donde serían laureados los representantes más importantes del orbe. Sin poder ocultar su complacencia y tras el silencio de su representante artístico de ultratumba, ¡No tuvo empacho en aceptar orondo…! Se comprometió a la creación de la más hermosa obra que rompería los esquemas y paradigmas de la música. La noche del espectacular estreno y tras el inicio del fluir a través de las cuerdas del violín de las dulces notas, los asistentes al concierto parecieron sumergirse en un universo desconocido donde su cordura cerebral pareció navegar dispersa y sin timón en un océano de goces y deleites desconocidos, de forma vehementes la inconsciencia se adueñó de voluntades y decisiones creando un caos mental en todos y cada uno de ellos. Intempestivamente algo desconocido los orilló a un criminal suicidio colectivo del que no se tiene comparativo a lo largo de la historia: al abrir los ojos el ejecutante para recibir el tributo que creyó merecer por su armónica obra, se encontró con un auditorio plagado de muerte y destrucción donde él era el único sobreviviente, múltiples cuerpos descarnados y desmembrados ocupaban los asientos bañados de líquido escarlata que corría como rio espeso en el salón. Presa del miedo y entendiendo que aquello era parte del pago de su adeudo, se incorporó de su asiento en el escenario, cerró nuevamente los ojos e hizo una histriónica reverencia que nadie con vida aplaudió, ¡Ese era el alto precio de la fama…!

 

A partir de descubrimiento de los hechos ocurridos misteriosamente y una labor titánica por ocultar a los medios del mundo lo relativo a los magnicidios, nadie se interesó en intentar localizar a quien por obviedad debía ser parte de los muerto. El genocidio no atribuible a grupos raciales, política o religión fue sepultado bajo gruesas capas de desconocimiento inexplicable, pues los estudios posteriores a los cuerpos explicaron que las heridas que causaron cada pérdida humana fueron auto infringidas sin razón más que un ataque de histeria colectiva. Lo realmente certero es que actualmente en noches de extrema soledad y penumbra se escuchan las mismas notas del violín que impregnan armónicamente el escenario donde abono a su cuenta el creador de la Sonata a Satanás. ¡Una pieza musical que transporta por senderos intrincados de locura y maldad…!

 

 

 

 

 

 

 

 

Código de registro: 1904100612882

 

 

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