INSOMNIO(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

Debí estar loco al aceptar. Para comenzar no sé dónde estoy, pensé  un segundo… ¿En el cielo?

Lo blanco y reluciente de su techo, paredes, su puerta y  hasta las nubes del otro lado recrean el lugar.

Siento el cuerpo adolorido y la boca reseca como un caminante en el desierto. Pero me sentí  terrenal cuando se presentaron aquellos seres con  uniformes inusuales. De blanco también y dándome la bienvenida: al Gran Hotel.

Ni una copa de bienvenida. ¿De cuantas estrellas será?…

Bueno así he escuchado mencionar. La luz interior de algún lugar la controlan, ya anda a oscuras la tarde y nadie las enciende. ¡Vaya, un ser vivo! Desde ayer no veía otro  rostro humano…

¡Amigo! Necesito ver al gerente –en tono autoritario le dije—mientras se me quedaba mirando sin decir media palabra y extendiendo su brazo hacia la salida. El pasillo es corto por lo que pronto llegue al  área de espera…o ¿De  juegos?

Una mujer casi de mi edad gustaba la televisión, un par de varones juegan a ver “quien pestañea rápido” y  con  ojos saltones se miran ambos. Otros al domino. Parece un hotel para gente de larga duración.

Aquel, me dejó con ellos y no me llevo con el gerente. Si no fuera por su compañero no sabría el horario de las comidas. Mirando el foco de 60 watts apunto de quemarse, me he cansado y… ¿Sigo pensando qué hago aquí?… ¿Quién soy?

¡Wau! Hasta servicio médico  en el cuarto tiene este hostal.

Le pregunte al que arrastraba el carrito de la ropa sucia donde quedaba el bar y el muy ingrato me llevo a los baños. En este tercer día—lo supe cuando el doctor pregunto mi llegada—sigo cuestionándome quien pago los boletos. Algunos reciben a sus amigos que vienen de vacaciones aunque ayer  desde temprano vinieron y antes de la noche partieron.

Mañana, cuando traigan  el desayuno  sabré si alguno vino por mí. De lo contrario pediré la cuenta y me iré.

El insomnio me ha dibujado ojeras.

Y que bueno. Hoy contemple un bello amanecer de primavera. Me ayudo a no sentirme triste, vacío, viejo y a no llorar. Mis labios querían decir algo, mi rostro mostrarlo y solo creo recordar como son las tardes sin nubes.

¡Vaya!  Un rostro nuevo.

¿Señorita, disculpe? ¿Es nueva en el hotel? –le cuestione mirando su ropa y sus ojos enrojecidos.

La respuesta fue un abrazo que recorrió mi piel y mis huesos. Me le quede mirando y  con un dejo de tristeza y desconcierto se tapó la boca. Le iba a preguntar cosas  pero se alejó tan rápido como el viento .Su perfumé me dejó recuerdos.

Saque una hoja arrugada de la bolsa del pantalón, la planche con mis dedos para mostrársela   insistentemente…pero no se enteró.

¿Qué lees con tanto interés amigo?—preguntó el enfermero.

Una carta a la muchacha  que vino ayer.

La puse en sus manos. Aquel, la miro incrédulo  al notar que estaba en blanco…

“Te amo, hija. Gracias por no olvidarme”—le parafrasee antes que diga algo. ¿Le gusta el  final?

Tuve que esperar  varios días para verla de nuevo y supiera que no le guardo rencor… y  que me gusta esta residencia  de ancianos…

 

 

 

 

 

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