COLA BLANCA (POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

El Sol ya estaba sobre las copas de los árboles cuando regresó de su parcela con tercios de leña sostenidos con su mecapal  y algunas ramas de ramón verdes. Juanito, estirándose en su hamaca lo escuchó abrir la puerta.  Matilde, ya había puesto a calentar agua en un trasto y mientras hervía salía al patio a recoger  rojos tomates que hacía dos meses sembró.

Después de desayunar  mientras sus papás platicaban se dirigió al gallinero para regarles maíz  a sus crías y trozos de tómate a su pareja de cardenales. Después de la comida se reunía con sus amigos en el casco de la hacienda para recorrer  los montes  y asustar a los conejos con su tira- hule.

No olvidó aquella tarde cuando de unos matorrales  vio saltar a un Venado cola blanca que se le quedo mirando. Aquel pequeño ciervo, inclinaba la cabeza de lado a lado con sus patas firmes en la tierra. Se acercaba pausadamente; cuando…pisadas semejantes a una estampida de caballos, lo amedrentaron hasta perderse en las lomas.

Los cazadores furtivos lo ahuyentaron.

Era temprano y apenas estaba aclarando. Del monte parecía salir humo debido a la neblina producida por el calor de la tierra. Le tocaba acompañar a su papá a recoger troncos para leña. En el camino de regreso  encontraron a un Venado cola blanca herido, lo cargaron y  lo llevaron a  los corrales.

Lo atendieron en lo que podían, pero sangraba mucho. Jacinto miró el  rostro triste de su hijo. Le invento  “una pequeña mentira”:

¡Ya verás que pronto volverá a brincar por el monte!

A la mañana siguiente al asomarse al patio vio partir a su papá cagando un bulto  muy voluminoso.

Se dirigió a hacer sus quehaceres. Primero a los corrales. Al no encontrar  al ciervo herido; dejó todo y fue en busca de  su mamá. Escuchó sus palabras y el comentario  del bulto que su padre  cargaba… no le quedo más que decirle otro engaño:

No mal pienses hijo– Es la cosecha  de tomates y calabazas para vender. Es día de tianguis.

¿Y el venadito herido?  Con cara de preocupación pregunto.

“Cuando tu padre juntaba la cosecha, lo miró en píe, movió su cabeza de agradecimiento  y corrió al monte.”

A la hora de la comida un guiso no conocido estaba en la mesa: “olía bien, de un color cafecito, desmenuzado y revuelto con rábano, cilantro, cebolla y naranja agría”. Cuando pregunto, ¿Qué era?, de nuevo lo engañaron diciéndole, “que era conejo asado” y se lo cambiaron en el tianguis a su padre  por los tomates y calabazas.  Después del almuerzo se fue al monte como siempre.

Aquella tarde regresó enojado. Sus papás encendían la fogata para calentar el café y al mirarle sus ojos enrojecidos  imaginaron lo que seria. Le dijo un amigo, que vio  vendiendo carne de venado a su papá en el pueblo… y la comida de hoy…

¡No supo a conejo!

Al escucharon su sentir; a aquel  no le quedó más que decirle la verdad y pedirle perdón por haber inventado esas cosas.  Cuando trajimos  al animalito  estaba muy mal.

¿Entonces? ¿Lo que comimos ayer…Eraaa…? —acotó sus palabras.

Si, hijo– Era carne de venado. Un platillo que mamá aprendió de tus abuelos, que se llama  “ TSIK  DE VENADO “.

Aquel día de confusión con el tiempo y la madurez fueron otros. En antaño, la tierra y la naturaleza alimentaban al hombre. Aquéllos seres vivos el creador le dio una razón de ser, ¿Cómo nosotros?…

Creció comiéndolo para subsistir como sus antepasados.

¡No, para dejarlos colgado en la pared como trofeo! …ni para presumirle  a gente extraña del manjar que  hay en su carne.

 

FIN. 

José  García .

 

 

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