LA CARTA(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

Sólo una fotografía guardo de ella. Descolorida por el tiempo. ¿Dónde andará?… ¿No sé?. Seguramente en el cielo, como bien dice su hermana, quien me ha cuidado desde entonces. Después de residir en la gran ciudad, el campo me resultaba aburrido. La única diversión, el auto- cinema y el parque de diversiones.

 

Desde adolescente descubrí mi potencial sexual, un poco de maquillaje, un escote…y la envidia de ellas. Mi vida nunca fue fácil. Mi primer marido, un excombatiente, inmaduro y proclive al alcohol, a quien nunca amé, soló lo utilice para sentirme libre de la cárcel en que vivía.

 

Escapé de allí para perseguir mi sueño: “ser actriz de Hollywood”. Los fines de semana el auto-cinema, me hacía soñar.

 

Deseaba verme vestida con finos atuendos, asediada por las miradas varoniles de alto estatus social, no por cualquiera…pagué caro con el que estoy.

 

Desde mis inicios tuve que ofrecer mi cuerpo como si de moneda de cambio se tratara. Es un precio muy alto. Tener que dejarme manosear, por algún  representante sin escrúpulos, o mandamás de los Estudios. El talento no se estudia, no se decía más.

 

Nunca dije: No. Excepto, cuando dejé de llamarme Norma, y  conocerme ante el espejo como Marilyn. Un tinte dorado, un escote pronunciado, tacones altos que predominen la pantorrilla…toda diferente ante los indiferentes.

 

Las luces de la naturaleza se cambiaron por fuertes lámparas en las marquesinas. Fui reconocida a otros niveles, no de mi arte, pero sí de mi sonrisa fina y sensual que rompía matrimonios.

 

–Cuando descubres que el arma más poderosa es la coquetería, la sonrisa se vuelve diáfana  siempre.

 

El cuerpo también se trasforma. Te vuelves adicta a las simulaciones y a los besos en el aire, a las colchas de colores y a las mañanas…con lentes. Me volví dependiente. Necesitaba de ellas para dormir y llevar aquella vida que no espere fuera así

 

Dependo demasiado del psicoanalista: me da barbitúricos para mantenerme despierta, y en píe. No podría perder todo lo erigido… por un insomnio…

 

He ido de matrimonio en matrimonio en busca del hijo que no tuve, y   fingir,  actuando. Casi todas las mañanas llevo un termo con whisky simulando ser café. Las noches nunca llegan y cuando llegan se vuelven interminables por un par de días.

 

Los poderosos comieron de mi mano. Fueron aves de paso, vientos desenfrenados de cualquier día. No niego que hubo uno que otro, que creyó doblegarme. Al final, lo mismo buscan todos…domarme.

 

Todo fue algo efímero. A mis 36  años, camine muy rápido, subí al cielo y baje al infierno.

 

¡Estoy muerta en vida!– he hecho de ella una mentira, una existencia frágil. Quisiera dormir, y no despertarme–.

 

Algún día…pronto.

 

Aquella mañana, tirada bajo su cama una carta, y un par de frascos de barbitúricos, que la resguardaban  de las suaves hileras de viento que asomaban.

 

El teléfono no dejó de repiquetear…

 

 

 

FIN.

.

 

 

 

 

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