AMOR, FE Y SABORES* (POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

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El escritor Victor Garduño con  Rita Elena Vázquez Peña

 Orgullosa, con la sonrisa de oreja a oreja, Mariana cargaba el estandarte bordado en punto de cruz con flores multicolores elaborado por doña Celia, como promesa a San Miguel Arcángel patrono del pueblo. Las puertas de la antigua iglesia estaban abiertas de par en par para que “entrara” el gremio de niñas y niños. La felicidad y algarabía infantil llenaba el recinto, replicando el eco esta alegría. Enseguida, empezaba la misa para luego dar paso al festejo, en el cual los señores engalanados de albo traje mestizo llevaban fardos de “voladores” para lanzarlos al cielo, en señal de oraciones y plegarias al creador para conservar la salud y  así el año venidero poder ofrecer estos festejos en donde casi todo el pueblo participaba.

Mariana disfrutaba enormemente estos momentos, con garbo portaba el terno mestizo bordado a mano elaborado por su madre, quien había fallecido el año pasado. Humberto, su padre, la fue a buscar a la iglesia   para ir a casa de don Ramiro, en donde se ofrecería un almuerzo para los integrantes del gremio y los organizadores de la feria.

Don Ramiro tuvo una excelente gestión como presidente de la asociación de gremios. Con las verbenas y kermeses realizadas durante el año, había logrado un fondo económico  para solventar este tipo de festejos mayores en septiembre, dedicado a San Miguel  y por eso en esta ocasión “tiró la casa por la ventana” ofreciendo a los comensales cochinita enterrada y relleno negro, con tortillas de maíz elaboradas a mano.

Humberto se sentía muy orgulloso de su hija porque a sus escasos diez años, era una mujercita que sabía cocinar, arreglar la casa y además, sacaba excelentes calificaciones en la escuela. Mariana siempre le decía que extrañaba mucho a su mamá. Un cálido abrazo era la respuesta y también, una comunión de lágrimas.

Mariana había aprendido a cocinar viendo cómo lo hacía su madre. Lo que a la niña y a su padre les encantaba era el frijol colado con joroches, que eran bollos de masa que se cocían con el frijol y al servirse, se bañaban de tomate frito. Otro guiso que igual  disfrutaban era la sopa de tortilla. Mariana había aprendido que primero se sofreían las tortillas cortadas en triángulos  y luego se cubrían con frijol colado hirviendo, quedando de esta manera suaves y deliciosas.  Las servía en un platón –regalo de bodas de sus padres-  cubriéndola con tomate y cebolla fritos coronado con un chile habanero tostado, cual cereza de pastel.

La vida para padre e hija transcurría de manera tranquila y feliz hasta que una tarde de diciembre Humberto sufrió un accidente. Viniendo de su milpa, al tratar de cruzar la carretera, no vio que una motocicleta venía a toda velocidad y lo embistió, tirándolo a mitad del asfalto. Lo llevaron al hospital en donde le diagnosticaron una costilla y fémur quebrados. Mariana se asustó mucho cuando le dieron la noticia. Sus familiares la llevaron a ver a su papá, quien ya estaba en el quirófano en donde lo operarían. Desafortunadamente Humberto no resistió la anestesia, un infarto fulminante al corazón llegó para quitarle la vida.

Cuando Mariana supo la triste noticia, casi desfallece de dolor. No podía imaginar la vida sin su padre, sin aquel ser que la llenaba de amor, quien era su confidente y  mejor amigo. Aquella noche, luego del entierro de su progenitor, se durmió llorando y en su sueño vio a sus padres juntos, tomados de la mano. Su madre la reconfortaba diciéndole que desde el cielo la cuidarían y protegerían.

Con el cobijo y apoyo de sus tíos la niña continuó estudiando. Llegó septiembre y la feria del pueblo dedicada  a San Miguel Arcángel. Mariana no quería participar en los festejos, todavía sumida en su dolor; sin embargo al ver el hermoso terno recordó que su madre lo había hecho exclusivo para ella y por la fe que le tenía a San Miguel. Eso y el recuerdo de su padre  la motivó y sacó fuerzas para llevar nuevamente  el estandarte del gremio.

El tiempo, a veces verdugo, también fue bondadoso con el corazón de Mariana porque si bien es cierto que sufrió mucho,  su inquebrantable fe la hizo salir adelante. Terminó sus estudios como licenciada, conoció a un buen hombre y se casó; hoy es una feliz ama de casa con tres hijos.

Cuando tienen oportunidad, Mariana y su familia visitan el pueblo que la vio crecer y al entrar a la iglesia, revive aquellos hermosos momentos, al grado que parece escuchar de nuevo los ecos de aquellos gremios infantiles. Alza la vista al altar  y se encuentra con la imagen de San Miguel y de la Virgen María, quienes parecen decirle que todo está bien.

La vida familiar de Mariana fluye con felicidad, que se acrecienta cuando sus hijos saborean la deliciosa sopa de tortilla y jorochitos,  mismos que sirve en el antiguo platón de su madre, aderezado con cebolla y tomate fritos. Arriba de este manjar, cual cereza de pastel, se encuentra triunfante un chile habanero.

 

*Mención honorifica en el  primer Concurso de Cuento Regional: Puruxón Cauich

 

 

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