LOS EXPLORADORES(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

Parecía que el autobús iba botando en vez de ir rodando. Los cantos Scout  lo hacían  posible: “yo soy scout de corazón y acampare con ilusión…”.

Pedro, sentado en medio de toda la tropa aplaude emocionado .Se  le hizo realidad irse de excursión. Trabajó  duro por las tardes en la tienda del abuelo para su viaje. El destino:  Ich ha lol Xaan (ojo de agua), un paraíso escondido.

Sin importarle  lo pesado de la mochila, portaba orgulloso el banderín de la patrulla “Linces”  que con trabajo y responsabilidad  logro. Los seis , preparaban el terreno para  la casa de campaña, cuando los gritos  de las otras tropas anunciaban que estaban listos.  Entonces con un silbido llamó la atención de los suyos, levanto su bordón con la bandera de su grupo y tomando aliento en unísono se hicieron  notar.

En su primera noche  con  las llamas  de la fogata a punto de morir; repasaban el plan del siguiente día. No saben de lo que se pierden: decía siempre. Vivir una noche bajo la luna al rededor del fuego, saltar, cantar…la fogata une.  ¿Cómo sentirás la vida al aire libre, si nunca fuiste de campamento?…reflexiona.

Muy temprano inicio el rally scout. Los obstáculos listos para desafiar. Eran fáciles, comentó  a sus compañeros. El primer obstáculo, un puente colgante sobre un río cristalino qué los llevarían al otro lado de la selva. Los vaivenes de su madera retaban al más aventado. En el camino de ramas y grandes árboles admiraban los animales del habitad: como las iguanas los mapaches, tortugas y uno que otro peje- lagarto.

Una gran cueva–no dibujada en el mapa–simulaba a un guardián con los brazos abiertos impidiéndoles el paso. A oscuras andaban, cuando sintieron unos  aleteos cerca de sus rostros. El líder siempre precavido, sacó de su bolsa un encendedor y con la poca luz  lograron ubicar la salida.

El siguiente punto. Un coloso de la selva sostenía una escalera de sogas y maderas  para escalarla. Llenos de valor llegaron a la cima, ahí  les aguardaba una Tirolesa de ruda inclinación. Los primeros aventados; a gritos alentaban al resto. Solo Joaquín, de último en la fila quedó arriba. Pedro trepo de nuevo hasta quedar junto a él. Aquel con los ojos llenos de temor y las manos sudorosas tenía  entumido el cuerpo y el miedo se apoderaba en él.

El líder, recordó las primeras palabras en el escultismo y se las trasmitió a su amigo. No te preocupes. ¿Si no deseas hacerlo… está bien?

Pero… “a veces, lo que comienza como una simple locura, puede convertirse en lo mejor de tu vida “.

A partir de ahí, su amigo, fue el primero en el resto de la competencia.

Cuando llegaron  al ojo de agua, las piernas llenas de raspadas y los brazos de picaduras de moscos, eran las  huellas de la victoria. Había que construir una balsa, pero primero encontrar las partes guardadas en algún lugar.  Hallaron  las recamaras infladas, los remos, las sogas y lo demás. La  imaginación voló. Comenzaban a remar, cuando las voces de los demás competidores el aire los acercaba.

Llegando a  tierra, se sintieron  como  aquellos personajes de los cuentos que  conquistaban  otros mundos.

En la última fogata, los escultistas con la  misma vestimenta y  pañoletas de  diferentes colores hacían  hermandad. Lo que no fue diferente, pero si convincente, es que todos  gritamos…

¡SIEMPRE  LISTOS ¡

 

 

FIN .

 

 

 

 

 

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