DESDE OXKUTZCAB TE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

 

 

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NO SÉ TÚ

 

En mis nuevos insomnios de viejo, despierto, pero no abro los ojos, para ver claramente mis recuerdos hasta el fondo de mi alma, repaso con la calma que me dan estas horas lentas, repaso las cosas que acostumbramos repasar los viejos. Y hoy revivo, no la etapa disipada, alegre y sin reparos de la juventud, sino  la niñez, los diez u once años cuando el destino irreversible me montó en caballo de Troya para dejarme dentro del laberinto de los sentimientos y sentir el amor más puro que, pienso, sienten todos los niños – jóvenes: el amor platónico. Ese sentimiento que es sólo corazón, ajeno a los reclamos físicos del cuerpo, nada de glándulas y hormonas; únicamente corazón con sus alegrías, sufrimientos, ansias, paraísos y desolaciones. No sé tú…

No sé si la mujer pasa también por ese sendero que sirve para poner en marcha la esencia del carácter, que moldeará a punta de satisfacción y desesperaciones, tu vida amoroso futura. Lo digo, porque pienso que los poetas son aquellos que se quedaron en esa vera del camino: su amor platónico.

Recuerdo que los patios de las casas paternas colindaban. Era cosa de ver sobre la barda y encontrarte. Cuando venías por limones o naranjas o simplemente barrías, se despertaba en mí la algarabía de mis pasiones infantiles y como mono subía tarareando la canción de moda, al árbol de aguacate que se encontraba en medio del patio de mi casa, fingiendo no verte, hasta que me decías: “te vas a caer”. Entonces volteaba para verte como sorprendido y bajando raudo te contestaba: “No, ya estoy acostumbrado” siendo el pretexto para acercarme a ti y preguntarte cualquier tontería que me contestabas dando la media vuelta para retirarte, llevándote en tu mirada, cada vez, un pedazo de mi alma de niño.

Fugaz, pero ese instante bastaba para completar el día; haber visto tu cara y escuchado tu voz, suficiente material para construir la fantasía que mantenía el idílico sentimiento de mi amor platónico. Desapareciendo tú tras la puerta de tu casa y corriendo yo para buscar la hoja del cuaderno y dibujar un corazón (uno más) con las iniciales de tu nombre y el mío. Secreto….Shhhh.

Lo contrario, era cuando pasaba el día y no te veía, como cuando fuiste con tu madre y hermanos a visitar a tu abuela hasta el pueblo vecino. Como animal desvalido en jaula, subía y bajaba inútilmente el árbol, viendo todo entre tinieblas a pesar de tener sobre mí, al sol de Yucatán. Esa ausencia tuya me hizo escribir los primeros versos, porque es la tristeza la exprime nuestros sentimientos, más que la alegría. En esta ocasión, no fue un corazón el que se quedó en el cuaderno, fue un poema breve que salió de pie quebrado:

“Tu ausencia, tu ausencia

Tan grande

Como mi impaciencia

Tan grande, tan grande”.

 

Después viene el tiempo, y en tu organismo la Libido, recorta aquí y recorta allá la pureza de tus sentimientos. Conoces otras mujeres y los estudios lejos de casa y la bohemia, después el trabajo bifurca de manera definitiva el rumbo de nuestras vidas y emociones. Te casas tú, me caso yo, los hijos; volvemos a encontrarnos un día y nos vemos como amigos… más yo te veo aún como algo más.

Por eso en mis noches de insomnio de viejo, me encuentro siempre a ese niño enamorado y me sonrío… No sé tú.

Junio de 2018 Año del cambio.

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