LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

R-3

ANASTASIA

 

“El espejo me devuelve una figura que ha cambiado conforme a los años; ya no se parece tanto a la que tenía hace veinte años… Observo mi rostro, con terror descubro una arruga más, un gesto marcado. Mi cabello luce finas hebras plateadas y mi caminar ya no es tan ágil como antes. ¿Dónde quedó aquella hermosa joven, que con su contoneo era envidia de las féminas y atraía las miradas masculinas?

¿Dónde se  ha escondido? ¿Acaso  esta joven se durmió para luego despertar y encontrarse con nuevas responsabilidades, trabajos y pesares que agotan el cuerpo y alma? ¿O se escapó en el tren que viajaba hacia una ciudad en donde uno se va gastando poco a poco?”

Estos pensamientos se agolpaban en la mente de Anastasia, una mujer de casi ochenta años que había tenido una vida difícil. Se había casado desde muy joven, con un hombre irresponsable que se la pasaba de parranda en parranda, pero eso sí, muy macho porque ya le había hecho cinco hijos, todos seguiditos.

Este hombre, si se le podía llamar así, sedujo a Anastasia, una joven hermosa que había quedado sola al fallecer sus padres. Rubén se llamaba este personaje y era alto, de cabello rizado, nariz respingada y ojos cafés. Anastasia desde que lo vio quedó enamorada de él. A su vez, Rubén fue atraído por la apariencia inocente de la joven, de su hermoso cuerpo curvilíneo, ondulada cabellera rojiza y ojos azules como el mar.

Desde el inicio de vida en pareja,  Rubén sacó el cobre: mujeriego, jugador y borracho, todo un dechado de “virtudes” el señor. Sin embargo Anastasia le soportaba todo porque estaba realmente enamorada de  él.

En una noche de parranda en el bar del pueblo, Rubén fue matado a tiros. Anastasia se desmayó al saber la noticia. Se había quedado sola con sus pequeños hijos, ¿Qué sería de su vida?

La mujer se dedicó al oficio de costurera. Creció a sus hijos y les dio educación. Los hijos en la menor oportunidad levantaron el vuelo y la dejaron sola.

La fortaleza de su carácter hizo que Anastasia saliera adelante. Supo de un hospital en donde necesitaban un auxiliar de limpieza y así comenzó pasando de ayudante de cocina  para luego estudiar y convertirse en  enfermera. Destacó como la mejor en su ramo y eso fue mérito para que apoyara en los campos de guerra.

Sí, la vida de Anastasia fue increíble. Si tan solo pudiera reflexionar todo esto, se respondería que aquella joven con hermoso cuerpo se convirtió en toda una mujer, cuyas canas significan horas y horas en  vela cuidando enfermos, las arrugas en la frente los pesares que vivió cuando sus hijos se enfermaban y su lento caminar de ahora, es un remanso a la agitada vida que tuvo corriendo de un lado a otro en los campos de guerra.

Sus cansados ojos se iluminan cuando a los lejos se asoma Julián, su nieto, quien no ha dejado de visitarla cada fin de semana en aquel asilo de ancianos,  de veteranos héroes de guerra.

 

 

 

 

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