LA NOCHE QUE EL DIABLO VISITÓ LEÓN(POR: MARIA TERESA MORENO)

tarjeta de ma teresa moreno

 

Hace 40 años, durante el velorio del “Brujo de San Pancho” y en medio de un ambiente de caos y terror, un misterioso hombre se apareció en el lugar para llevarse el cuerpo; era “El Catrín”, decían los que allí se encontraban.

 

En esa época, en la esquina de la calle Cuauhtémoc y 20 de enero, en pleno corazón de la ciudad, se desató la leyenda urbana más famosa de León.

 

En dicha esquina existió una funeraria, donde una noche fría, cerca de 20 personas se encontraban velando el cuerpo de un familiar; sin embargo el hombre no era una persona cualquiera: era el brujo más conocido del municipio de San Pancho.

 

Las calles del centro fueron testigos de lo que ocurrió ese día, además de doña Valeria Rea, una señora que contaba que esa noche, una de sus hijas entró despavorida a su casa, “agitada me contó que dos autos chocaron en el cruce de la calle Cuauhtémoc y 20 de enero, asustada me relató que la gente salió corriendo de la funeraria y gritaba desesperadamente: ¡Se llevaron el cuerpo!, ¡se llevaron el cuerpo!, pero esa noche prefirió no salir por temor”, aseguraba.

 

Algunos vecinos dicen que una ráfaga de viento entró por la puerta principal del negocio, y que de pronto, una oscuridad total envolvió el lugar; los asistentes confundidos y asustados pedían a gritos unas veladoras, pues no era visible nada.

 

La señorita que trabajaba en el lugar sacó unas veladoras, las cuales encendió rápidamente; cuando el cuarto se iluminó, todos quedaron perplejos, ya que junto al ataúd se encontraba un hombre vestido de negro, el cual abrió, sacó el cuerpo y se marchó.

 

Al ver lo ocurrido, la gente salió corriendo del lugar, aventando todo a su paso, cayendo las veladoras al piso; pronto, la funeraria ardió en llamas, las cuales consumieron parte del negocio, pero los dueños de las instalaciones jamás regresaron al lugar.

 

Al siguiente día, muy temprano, los confundidos familiares regresaron a la funeraria en busca del cuerpo o de algo que les diera respuesta a lo ocurrido, pero jamás encontraron nada, “dicen que al brujo, se lo llevó el catrín”, indicaba doña Valeria.

 

Después de esa noche nada volvió a ser igual, “hace un par de años, algunas señoras llegaban al lugar, se hincaban y ponían unas veladoras para después ponerse a rezar, pero a la medianoche se escuchaban animales y ruidos de ultratumba dentro de la finca”…

 

Las personas mayores de esta ciudad aún cuentan esta leyenda que si bien pudo no ser cierta, a más de uno aún nos causa miedito pasar por ahí.

 

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