VESTIDO DE AZÚCAR(POR: LEANDRO CENTENO)

 

 

Vivía para hacer todas las labores de su hogar. Su madre la tenía presa todo el tiempo a excepción de cuando iba a la escuela, sin embargo era vigilada por su hermana menor quien era la privilegiada.

A pasar de la trágica vida que llevaba Estéfany siempre soñó con conocer el amor de su vida y ser feliz a su lado por siempre y lejos de su madre y hermana que le impedían hacer su sueño realidad.

Una noche huyó de casa rumbo a una ciudad cercana de la que vivía, se fue sin pertenencia alguna para que nada le recordara su pasado. En ese lugar se encontró con Jorge, un hombre que le gustó mucho y quien la había contactado por alguna red social prometiéndole amor sincero y eterno. Al ser una señorita de corazón humilde Estéfany no se privó de una primera y gran oportunidad de conocer un buen hombre, por eso actuó sin pensarlo dos veces.

Ambos comenzaron a vivir juntos y conocerse. Ella fue aceptada por su nueva familia y al poco tiempo no tenían duda que eran uno para el otro, así que decidieron casarse lo más pronto posible para ser completamente felices.

El día de la boda Estéfany se encontraba esperando un carruaje en la puerta de su nuevo hogar, lucía un vestido sencillo como símbolo de su humildad pero muy blanco y bonito. Jorge estaba en la iglesia del centro de la ciudad esperando que llegara el amor de su vida para que pudiera dar inicio la celebración.

De pronto se asomó de una esquina aquel carruaje que ella con mucha emoción ansiaba que llegara para que pudiera ser llevada con Jorge y unirse en matrimonio. El conductor la ayudó a subirse, se trataba de un hombre apuesto, de buen porte y serio, fue entonces que comenzaron a dirigirse rumbo a la iglesia.

La novia se lucía por las calles de la ciudad, nunca había mostrado una mejor sonrisa que ese día. Era de esperarse, el día en el cual su más grande sueño se haría realidad había llegado.

De pronto el conductor se desvió rumbo a un camino que no era el correcto. Estéfany le decía que se estaba equivocando de dirección, pero la única respuesta fue una risa malévola y la orden al corcel de ir más a prisa.

-¿Qué sucede? ¡A dónde me llevas! – gritó Estéfany con desesperación.

– ¡Voy a impedir tu boda señorita! – contestó el conductor.

– ¡¿Quién eres?! ¡Déjame en paz! -.

– ¡Ese hombre era para mí, por qué tuviste que meterte! -.

En ese momento aquel hombre apuesto se quitó la peluca y la máscara, no era un hombre sino una mujer que estaba raptando a Estéfany para que no se casara con quien años atrás había sido su novio. -¡Espero que con esto Jorge deje de quererte, nunca llegarás a tu boda!-. Enseguida la mujer ordenó al caballo detenerse. Entonces bruscamente bajó del carruaje a la novia y estando a las afueras de la ciudad la escondió en una enorme fábrica de pegamento, la cual el dueño era su padre.

Estéfany no sabía qué hacer ni como escapar, las ganas de llorar comenzaron a invadirla y pensó en que su sueño se había hecho imposible. Pero de pronto recordó que por amor se hace hasta lo imposible así que llena de valor comenzó a correr por todos los pasillos de la fábrica en busca de una salida. La mujer al verla quererse escapar comenzó a ir tras ella hasta que llegaron a la zona donde se encontraban los enormes contenedores de pegamento y vio que de las escaleras en forma de espiral que los rodeaban era posible escapar porque en lo más alto había otra escalera que descendía en forma vertical y era una salida de emergencia. Entonces comenzó a subir lo más rápido que pudo pero la mujer iba pocos peldaños atrás.

Al llegar a la cima del contenedor cuidadosamente comenzó a desplazarse en un angosto camino sin barandales que se dirigía al otro lado del contenedor donde estaba la escalera de emergencia. Tenía mucho miedo de caer porque al mirar abajo a pocos metros estaba el pegamento que podía marcar no solo el fin de su sueño sino de su vida.

La mujer al ver que su presa estaba a punto de escapar caminó sin cuidado alguno sobre el estrecho camino arriesgándose a caer al pagamento, pero para su suerte no le pasó nada, logró atraparla y por ser tan mala la empujó al pegamento. -¡Por fin, me he desecho de ti maldita! – gritó y se rio a carcajadas de alegría.

Al salir a la superficie las lágrimas invadieron los ojos de Estéfany y su vestido estaba arruinado por el pegamento al igual que su peinado. – ¡¿Aun así piensas casarte?!- gritó la malvada mujer y escapó de ahí satisfecha de haber arruinado la felicidad del nuevo amor de su ex amor a quien aún deseaba.

Pero la novia era muy fuerte que decidió no rendirse y para su fortuna las paredes de los contenedores tenían agarraderas y logró salir de ahí. Triste y caminando lo más rápido que podía comenzó a dirigirse a la iglesia donde Jorge aún debía estarla esperando.

Por otra parte a una gran altura de la ciudad pasaba un avión de carga que comenzó a fallar y a amenazar con una grave tragedia sino se liberaba alguna parte de la carga. El piloto no tuvo otra opción que descargar las toneladas de azúcar que transportaban. Por fortuna el producto se encontraba suelto y no empaquetado así que no causaría daños a la gente.

Al ir cayendo el azúcar se fue dispersando en el aire causando una lluvia sobre toda la ciudad. Estéfany al encontrase en camino a la iglesia le ocurrió algo extraordinario; en su vestido se fue pegando el azúcar gracias al pegamento pero sin darle importancia ella seguía su camino porque debía encontrase lo más pronto posible con Jorge y casarse con él.

Por fin llegó a la iglesia y vio a Jorge parado frente al altar y al hacer presencia la ceremonia comenzó. Toda la gente admiraba a Estéfany por su vestido, el azúcar que era muy fina, hizo que quedara tan blanco como una paloma, por si fuera poco brillaba con pequeños puntos color plata y diamante, además dejaba al caminar un rastro hermoso. Su cabello también brillaba como escarcha, sin duda era un vestido precioso y totalmente original. Fue así como logró casarse con el amor de su vida tal como soñaba, lejos de personas que solo la querían destruir, lo que nunca pensó fue hacerlo con un vestido fenomenal.

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