MUÑEQUITA DE SOLOLOY(POR: SONIA MAYLLEND

sona 2

 

Sentada en la repisa amplia de la ventana, Úrsula tenía fija la mirada sin ver al exterior, su mente atraía pasajes tristes de un ayer no muy lejano. Melancólicamente tomaba su café, salado y dulce por las lágrimas que se diluían en la taza. Era su deporte favorito cuando el clima se comportaba así; con viento suave, pero frío; con bellos cristales tornasolados de rocío, pero frío; hasta el sol se tapaba con las nubes, pues tenía frío.

Emilio la miraba desde su ventana. La primera vez le causó extrañeza esa figura creyendo que se trataba de una estatua ornamental, de gran tamaño, por cierto, entonces notó que salía humo de su taza y con unos binoculares la observó y cual va siendo su sorpresa al descubrir que se trataba de la vecina, si, la misma que todas las mañanas salía a trabajar vistiendo un traje sastre, zapatillas de tacón, con el bolso colgado al hombro y llevando un portafolios en la otra mano. Hela aquí, transformada en esta frágil e indefensa mujer con una gorra que tenía una borla tosca en la punta y que hacía juego con los calcetines de lana gruesa, envuelta en una chalina; con  palidez de cirio y enormes ojos con la mirada perdida en la nada. La que suspira tan hondo, que empaña el vidrio de la ventana y pareciera que lloran juntas, compañeras del mismo dolor, como si fuesen amigas. Parecía una muñequita.

 

Se hacía muchas conjeturas pero todas le parecían disparatadas. Un sentimiento inexplicable hacia la vecina, nació al creer que seguramente lloraba de soledad y él, aunque vivía solo tranquilamente, pensaba que si la abrazaba, tal vez dejaría de llorar. Al imaginar la escena, de ambos sentados ante esa ventana, tomando café, con las manos entrelazadas y mirándose a los ojos en silencio, le provocó cierta emoción. Sonrió ante la absurda idea y sacudiendo la cabeza, guardó los binoculares.

 

Al siguiente día, después de pensarlo mucho, escribió una nota: “Estimada vecina, la invito a almorzar. Vengo por usted a las 11:00. Atentamente Emilio (su vecino del edificio de enfrente)”. Dobló la hoja para pasarla por debajo de su puerta. Dos toques con los nudillos serían suficientes para que, al acudir ella a abrir, seguro recoge la hoja y la lee. Si hacía todo esto con rapidez, alcanzaría a ver su reacción desde su departamento, con los binoculares.

 

Toc… antes de dar el segundo golpe, la puerta se abrió. Él balbuceó un ─“hola”, ella también y sin pensarlo, se abrazaron. Mudamente se dirigieron a la ventana y Úrsula rompió el silencio: ─“te esperaba”. El reloj continuó su marcha, el frío ya no se sintió y la melancolía desapareció.

 

Emilio más tarde preguntó ─¿Por qué?, Úrsula responde, ─en la Facultad hicimos algunos trabajos en grupo, en navidad, de intercambio, me regalaste una muñeca antigua, después recibí varias notas de un amigo secreto, pensé que se trataba de ti. Estaba segura que bailaríamos en la graduación y no acudiste pues te habías casado el día anterior, me lo dijo “el amigo secreto”, salí corriendo de la fiesta y no supe más.

 

─Mi intuición me dijo que no serías feliz pues ella no tomaba en serio sus noviazgos. Al poco tiempo me enteré de tu divorcio y eso me entristeció. Hace como tres meses coincidimos en el periférico y casi a diario te veo. Lo que no sabía es que vivieras tan cerca. Emilio solo la escuchaba, en ese momento vio un calendario en la pared y al ver la fecha “14 de Febrero”, la tomó del mentón y con una ternura que él mismo no se conocía, le dijo ─mi Muñequita de Sololoy, ya te recuerdo y ahora no te dejaré ir.

 

~ FIN ~

 

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