LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

R-3

EL SAPO COQUETO

 

 

 

Esta peculiar historia trata sobre el valor de apreciar nuestra realidad y la esperanza de  encontrar el amor sin desesperarse. Se presenta la  fantasía, porque hay  un lenguaje universal entre humanos y animales:

Todas las noches, Asdrúbal, un curioso sapo, se instalaba en la orilla del pozo del pueblo a esperar a las doncellas que ilusionadas, acudían a ese sitio  para pedir un deseo  al momento de arrojar una moneda en aquel  pintoresco y profundo pozo.

Había escuchado de los humanos el cuento sobre un  sapo que al ser besado por una mujer,  éste se había convertido en príncipe;  así que tenía la ilusión de que alguna de estas damas supiera sobre esta historia y se dignara a besarlo.

Asdrúbal, antes de dirigirse al lugar donde estaba el pozo, procuraba arreglarse muy bien, se bañaba en el riachuelo y se perfumaba  la piel verrugosa con sándalo, para causar una grata impresión a las damitas. Ocupado en sus menesteres, no se fijaba que había alguien quien siempre estaba pendiente y que vivía secretamente enamorada de él: Sally, una hermosa rana color marrón.

Al coqueto sapo, ni por la cabeza le pasaba que pudiera gustarle a Sally, a quien creía pesada y pretenciosa. Cuando la comunidad de anfibios hacía su reunión mensual para tratar asuntos de supervivencia, Sally, elegante acudía acompañada siempre de su madre, una distinguida rana rojiza. Las inteligentes sugerencias de Sally tenían peso en las decisiones del concejo.

Si bien el pozo de los deseos era frecuentado en su mayoría por mujeres, también acudían  uno que otro caballero, en particular un joven no mal parecido con mirada triste y melancólica: Agustín, quien se lamentaba en voz alta porque no lograba encontrar un amor verdadero.  Sin querer, Asdrúbal se volvió en su confidente al escucharlo y darle consejos sobre el tema.

La espera paciente del sapo no parecía rendir frutos. Las damas que iban al pozo de los deseos no se percataban de su presencia, aunque algunas veces esto le parecía bien al sapito porque habían  ciertas mujeres realmente feas.

Una noche en que el pizpireto sapo ya parecía rendirse y se disponía a retirar, vio que se acercaba una joven, muy bella por cierto. Tenía el cabello largo y ondulado, piel blanca y grácil figura. Ésta se acercó al pozo tocando  con delicadeza los bordes hasta que dio con el sapo. Sonriendo, la gentil dama exclamó: “¿Oh, qué me he encontrado aquí?”

El sapo contestó: “Hola, me llamo Asdrúbal… soy un sapo,  por si  no te habías dado cuenta…”

La muchacha, quien se llamaba Melannie, le contestó: “Hola, mucho gusto,  en realidad yo puedo sentirte pero no puedo verte. Tuve un accidente hace unos años y perdí la vista”

Asdrúbal se sintió mal, por la manera un tanto grosera en cómo  le contestó a la joven.

Esa noche Melannie y Asdrúbal conversaron largo  y tendido. El sapo le confió que tenía la esperanza de encontrar a una dama que le brindara un beso y así convertirse en un guapo príncipe. La joven le aconsejó que el amor no se busca, llega solito y que tal vez el esperanzarse en una fantasía como esa no era el camino. Le dijo que mirara a su alrededor, seguramente en su entorno había alguien de su especie quien pudiera ser su alma gemela.

Por su parte, Melannie le abrió su corazón diciéndole que estaba muy triste porque con su condición,  era muy difícil encontrar a un amor verdadero. Asdrúbal le dijo que no debía perder la esperanza y que siguiera el consejo que ella mismo le dio,  que no debería desesperarse porque el amor llega solito, sin avisar.

Tan ensimismados estaban en la plática estos dos personajes, que se sobresaltaron al escuchar una voz conocida para el sapo: era Agustín, quien se integró a la amena charla y con el pasar de las horas, el joven quedó prendado de la sensibilidad y  belleza de Melannie.

Casi llegaba el amanecer cuando todos se dirigieron a sus respectivas casas y aunque Asdrúbal  estaba un poco triste porque había  reflexionado sobre la ilusión que tenía, también se sentía contento porque un nuevo amor había nacido aquella noche, el de Melannie y Agustín.

Al día siguiente, el singular sapo se despertó un poco tarde  y se dirigió al estanque a desayunar; ahí se encontró con Sally, quien le regaló una hermosa sonrisa. Asdrúbal le correspondió,  dándose una oportunidad al recordar las palabras de su amiga Melannie: “El amor no se busca, llega solito…”

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s