DESDE OXKUTZCAB DE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

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LLUVIA

 

 

A girones se desprende la niebla de los pinos, para caer por la ladera tachonada de picos rocosos, dejando un rastro de humedad impreso en árboles y peñas. Después de arremolinarse en el fondo de la barranca, sube de nuevo como fantasma, que, jugando una ronda, rompe el silencio con el estruendo de un rayo que rebotaba de roca, en roca, hasta perderse en la lejanía, escondiéndose quizá en las cuevas secretas horadadas en los riscos de cañón de Candameña.

Una vez en lo alto, traviesa se desgrana en gotas dejándose caer sobre mi pueblo, espantando al polvo y a las hormigas que ganaban terreno en las calles y patios, a causa del largo período de sequía que se había padecido. Poco a poco los recovecos formados por el paso del ganado y la gente, se van llenando de un agua turbia, trayendo consigo la basura que ha recogido loma arriba y con dificultad baja los peldaños que la va llevando hasta el lecho del arroyo que atraviesa serpenteando al pueblo, como evitando a las casas que, con puertas y ventanas abiertas, muestran las caras sonrientes de los campesinos que aguardaban este baldeo del cielo, que hará crecer a las plantas de maíz que ya comenzaban a resentir el azote de la sed. También los rostros de los niños se miran sonrientes, presintiendo los juegos en las charcas y los baños en los remansos que forma el riachuelo, y las madres, hacen planes para la ordeña de las vacas, pues la leche se multiplica por los buenos pastos que traen las aguas.

Han pasado dos días desde que cayeron las primeras fuertes gotas que tamborileaban los techos de lámina del caserío, y ahora se imaginan chorros de agua mansa que caen monótonas y que han logrado remojar la tierra hasta saturarla, de forma que ahora, resbala por el suelo arrastrando desde arriba de los cerros, piedras y troncos que ha acomodado de manera caprichosa en la plaza y las calles; el doméstico arroyito, ahora ruge como queriendo demostrar que  es mayor de edad y exige respeto, amenazando con brincar sus límites, para demostrar su poderío. El pasto y las plantas de maíz que agradecidos recibían en sus hojas los primeros goterones, ahora cubiertos de agua se estiran para respirar, pero el continuo golpeteo de la lluvia los obliga a permanecer inclinados como si se humillaran.

En las ventanas entornadas, de reojo, los campesinos, entre maldiciones y rezos, piden que ya amaine “esta culebra de agua” dicen; los niños aburridos se fueron a dormir, dejando sus juegos pendientes que el agua interrumpió y las madres reniegan por lo difícil que es prender el fogón con la leña húmeda.

Huajumar, Chihuahua. Julio de 2018. Época de la cuarta revolución.

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