LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

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HÉROE CANINO

 

 

La historia se desarrolla  en una comisaría de Yucatán, en donde todavía hay mucha vegetación y  las calles siguen sin petrolizarse. La casa de Sarita es de paja, el piso  de tierra y un enorme patio en donde hay matas de huaya, ciruela, limonaria y  chaká. Cuando Sarita sale a jalar agua del pozo, se le acerca Romario, un perro malix de color negro, franja blanca en pecho y cara,  quien con sus ladridos le parece decir que se apure, porque su hermanito está llorando desde hace rato.

Sarita carga sobre sus hombros la responsabilidad de ser “mamá” de su hermanito, pues Romina su madre, trabaja “entre lugar” limpiando la casa del hombre más rico de la comisaría: don Demetrio. Muy temprano, Romina prepara la comida y  le deja instrucciones a Sarita – de apenas nueve años- , luego se va al  trabajo y regresa a su casa hasta casi las nueve de la noche.

La fiel compañía de Sarita es Romario, el can que curó  cuando lo encontró tirado en la calle sangrando del hocico, herida que le había causado un borracho que por maldad lo pateó hasta cansarse.  Romario le tenía mucha lealtad y cariño a Sarita y siempre estaba a su lado.  De igual manera, el  perro se quedaba como especie de centinela cerca de la hamaca del bebé mientras la niña  se ocupaba de los quehaceres.

Cierto día, un señor de entrada edad tocó la puerta de madera de la casa de Sarita. La niña abrió la pequeña ventana y se percató del anciano, quien le dijo que tenía sed, que le regalara un vaso de agua. Sarita, aunque tenía instrucciones de su madre de no abrirle  la puerta a nadie, le dio pena el viejito , y haciendo caso omiso de los raros ladridos de Romario, permitió que el señor pasara a la casa.

El anciano entró al humilde hogar  y mientras esperaba que Sarita le diera el agua, recorrió con la vista el lugar y se percató del bebé que estaba en la hamaca, entonces lo tomó en sus brazos y  quiso huir, pero fue interceptado por  Romario  plantado en medio de la puerta, mostrando feroz sus dientes y colmillos. Sarita quien venía con el agua, al ver la situación gritó asustada, lo que  distrajo al viejo, cosa que aprovechó el perro para hundirle sus dientes en el tobillo. Sarita recuperó a su hermanito y corrió por ayuda de los vecinos.

No tardó en llegar el único policía de la comisaría  quien se llevó al anciano a la cárcel.  Romina, la mamá de Sarita, avisada por los vecinos llegó asustada, con el alma en un hilo pero se reconfortó al ver a sus hijos sanos y salvos.

Héroes como Romario, que aunque no hablan, con su amor y lealtad  son mucho  mejores que ciertas personas que se dicen “humanos”.

Fin

 

 

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