LA LEYENDA DEL ALMA QUE HABITA EN EL MAR(POR: SONIA MAYLLEND)

sona 2

 

 

Llegó corriendo a la orilla del mar. El aliento le faltaba y las lágrimas a borbotones salían expulsadas de esos ojos ciegos por el dolor, menos ciegos que la razón anulada por voluntad propia y menos sorda que los oídos reventados ante la crueldad del adiós. Aún reverberaba en su pecho la agitación, ésa que impide tomar aire para respirar, la que lleva al corazón a explotar.

 

Aguas del inmenso mar

vengo mi dolor a entregarte

para ahogarlo entre tus olas.

 

Méceme con tu bamboleo,

colma mi cuerpo de caricias,

que hundirme en el sueño quiero.

 

Una ola escuchó su lamento y al ver a la mujer, misma imagen de desolación, lamió sus pies haciéndose notar para que la mirara.

―Ya bastante sal tengo para que vengas a derrochar la tuya, no la necesitamos ni la queremos, Estrellita Marinera me pidió que viniera a pedirte que sonrieras.

―¿Qué no ves que estoy muy triste? ¿Acaso eres tan indolente que mi llanto no te mueve?

―A mí me mueven la luna, las ballenas y delfines, los barcos y los bañistas, tus lágrimas sólo enturbian estas aguas. Eres tan egoísta que no sentiste que besé tus pies al notar tu congoja, pues oí tu clamor y supe que un ingrato amor lo provocó.

―Pido una disculpa por alterar tu calma. Ahora me retiro.

―No te vayas, te ayudaré a sanar ese dolor en mis profundidades y gozarás del armonioso vaivén que mece voluntades, que desaparece las penas.

Cautivada por la calidez de la rumoreante invitación, comenzó a dar  pasos sobre la fina arena y continuó nadando, para después flotar. Con alegres notas musicales las caracolas dedicaron loas al amor. Las medusas, envidiosas de su vestido blanco de volantes de seda, se extendieron en franca competición mostrando con elegancia su belleza. Un cardumen de coloridos peces la llevó a volar entre sus aguas tranquilas, hasta el abismo mismo en el que su sueño encontró.

Itzamná, dios de esos mares, se regocijaba por haber obtenido un victoria más, ¡Esa alma era suya!. No hubo testigo alguno que la viese elevarse, pero un lugareño delirante habla de la mujer que se sumergió en el mar.

En los oleajes que acarician las playas, orgullosamente se presumen como trofeo, los volantes de un vestido blanco convertidos en espumosa seda.

Es esta la leyenda del alma que habita en el mar de aquella novia subyugada por el edén que en el abismo encontró, donde ahora nada libremente y sin dolor.

~ FIN ~

 

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