LA DECISIÓN(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

A través de las traslucidas pompas de algodón que cubren el paraíso, se mira colorido la creación. Dios, en sus tardes de charla,  ponía como ejemplo el universo. Dibujaba en sus palabras aquello que le llamó mar, montañas, noche, estrellas, ser y  fe.

Después de cada revelación, levantaba el dedo índice de su mano derecha, en señal de advertencia, y lo apoyaba con la siguiente frase: “pobre de aquel que desobedezca las leyes divinas  y traspase el umbral de la verdad   porque no habrá perdón”.

Cierto momento;  porqué en el paraíso no hay tiempo.

El señor, se había refugiado en su sagrado cuarto de lectura  y de ahí no salía hasta que él, así lo disponga. Deambulaba — ¿bueno?– flotaba,” por algún lugar de la mancha”.  Al pasar justo  por el umbral de la verdad, una corrriente embaucadora me arrastró a el .

No por obra divina, pero sí por alguna obra las puertas se abrieron. Mis parpados levantaron su piel, para que mis ojos descubrieran lo que no pude describir: el paraíso… como le llama mi maestro.

Lo contemplaba azorado, embelesado, magnificado. Cuando una voz suave, celestial, se dirigió a mí.

–Por ser el elegido, mira a través de la bola de cristal del centro del universo  y cuando sientas en tu espalda algo frio y pesado, sólo  entonces  cerraras tus ojos –  Cuando sientas que tu cuerpo arda, podrás abrirlos.

Algo hiriente abrió mis ojos. Me cubría de ello con las manos. ¡“Con mis Alas “!,  que a mi espalda están adheridas. Trastabillando avance, me miraba desnudo  en medio de árboles gigantes. De pronto, descubrí unas cosas similares a mí. En sus miradas mostraban asombro, no miedo, ¿y porque sería?  Sí  somos diferentes, pensé.

Con un sayo me taparon. Curaron las heridas en mí. Mi espalda la sentí frágil, mis alas no las veía, pero sentí por vez primera otra piel. Recordé las palabras de mi maestro, cuando en parábolas decía que hay una fuerza intangible que en cada ente nace y solo el que purificado este, la descubrirá.

Entonces supe que baje del paraíso al universo. Mi cuerpo cambió, se volvió terrenal. Conocí el dolor, la ira, la envidia y el amor. No se borraban mis recuerdos, sabía quién era.

Ya hablaba y pensaba como ellos. Entendí que ellos y ellas se juntaban, platicaban largas lunas  y vi la noche llena de estrellas como un día las imagine. Supe que el tiempo si existe, que todo cambia como uno mismo. Heme aquí, un mortal más. Feliz. Entonces el paraíso  es copia fiel en la tierra—me dije.

Contento, aprendí a subsistir  a volar sin alas, a caminar dibujando la esperanza. Pero la claridad de lo bueno y  la sombra de lo malo no se llevan. La vid del señor tiene otro color. Y así vivimos largos amaneceres.

Cierto despertar de un sueño. Un diluvio cubría el universo. Teñía los campos de color purpura  y los cielos blancos en grises. Las miradas en odios y venganzas  y los entes caían sin alas.

El cielo abría sus brazos y los pájaros volaban bajo. Les quedaba lejos el paraíso. Mi decisión fue estar aquí, en la creación. Y sin alas puedo volar tan alto como aspire, o caer hasta que expire  lleno de bendición.

 

 

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