A MANO(POR: JOSÉ GARCÍA)

josÉ garcia  

“Todo está listo. El pan francés que se hace en la panadería “La Isabelita “, tiene un toque especial, desde la  pesada, la amasada  con harina y manteca vegetal sobre la mesa en forma de bolitas para dejar caer el antebrazo y darle forma alargada al  francés… y su secreto: la tira de palma de huano—si no tiene esta tira, no se considera pan francés, sino bolillo—que le deja un sabor salado durante su horneado”.

Don Elías y su familia vinieron de Ixil, una comisaría de Yucatán. La tierra no daba para los frijoles por lo que abandonó el trabajo labriego de sus ancestros, y con el oficio de panadero instaló una pequeña panadería en la ciudad.

Emilio, el hijo mayor -a quien le apodábamos “El gringo”­­– todas las tardes andaba en su triciclo y en él, su  globo hecho de aluminio  lleno de pan dulce  y pan francés que a vuelta de rueda  pregona en la colonia con el sonido de su  “chicharra”.

Cada viernes al terminar la venta, tomaba su bicicleta vagabundo, “la de llantas largas e inclinadas adelante”, su bulto de “hamaca tejido” sus zapatos de futbol  y   marchaba –a hacer lo que más le gusta– jugar futbol. A sus 22 años, de complexión delgada, piernas largas, sin ningún vicio encima  se distinguía mucho por lo diligente en el campo, la forma de arrancar el césped a su paso. Su dote lo llevó a ser considerado seleccionado estatal y amateur en muy poco tiempo. Su rapidez era nata.

Como una estrella rutilante se dibujaba su futuro. Y el  amor que todo lo puede, lo alejó  de su  futbol  y nada se hace sin estar convencido de ello. Su matrimonio lo volvió laborioso, feliz  y con grandes planes por venir.

Hasta aquella  tarde del accidente automovilístico, cuya variación de vida lo llevó a un espacio deprimente. Una lesión en sus vertebras lo dejó postrado para siempre a una silla de ruedas. La vida cambia sin avisar, envuelve sentimientos, calla palabras en exterior para ir enterrándolas en interior y al final dejarlas salir como una lágrima.

Cubrió la mirada en la oscuridad de su cuarto. Su cuerpo escuálido y sórdido solo veía la luz cuando su esposa le llevaba los alimentos, de ahí, nada.

–¿Emilio, amor, no puedes seguir así?—le imploraba ella.

–¡Déjame solo por favor! –repetía sin pensar , apartándola de él.

 

Los que lo conocían, desistían en sus palabras para no hundirlo moralmente. Cuando su esposa con su amor logró llevarlo a un parque y hacerle sentir el viento, tocar el espacio tangible de la vida, que a pesar de no serlo  para sí mismo era llenar de esperanza su mirar.

La esperanza se le acercó. Aquella pareja, ambos en silla de ruedas, muy sonrientes  se presentaron, charlaron de cosas comunes, menos de sus tragedias. Traían chamarras deportivas y sus sillas de ruedas modificadas, para competencias. Emilio levantó el ánimo y escuchó atento todo, comprometiéndose a visitar el gimnasio de donde son dirigentes.

–¿Mira Emilio, sino te hago volar…me voy caminando? –algo irónico el chiste, pero logró hacerlo sonreír.

Escuchar el testimonio de todos los ahí presentes dibujo en él, un rostro impávido y dispuesto a vencer retos. La comunidad llamada “Esperanza “, lo forman una veintena de discapacitados en sillas de ruedas, dedicados a hacer ejercicio, prepararse para poder competir en selectivos estatales que posteriormente si salen seleccionados, representarían al estado y de ahí a la selección nacional de Olimpiadas Especiales –la idea le parecía magnifica– sería conocer otros estados, países, otras gentes  comunes  y lograr ser alguien: lo más importante.

Cada rastro de su rodada hacía una utopía en su futuro. Se volvió competente, veloz con sus brazos, arma fuerte y vital, modificando sus piernas para otros tiempos. Se llenó de aire el pensamiento y el corazón desde ahora. Buscó en las competencias una manera de ver la vida y llevarla sobre ruedas.

Ahora su cuarto se llena de luz, partieron todas las razones del miedo, se oye risas de niños y su oxigenación lo es su esposa, sombra y voz que guía, que le aplaude sus triunfos y fracasos, no… ¡Esos, ya no más!

Sus 27 años, se transformaron en un chico de 18, rompió récord, derrumbando barreras, se colgó preseas, hasta llegar a líder de la agrupación “Esperanza “. Le devolvió tanto a la agrupación que en señal de agradecimiento, hoy, sin notas adjuntas trabaja en cada persona que vea sobre una silla de ruedas y con la mirada incierta  hasta llevarlo a romper marcas. La meta abrigar y  ser inasible,  paso a paso hasta la cima para poder decir: “VIDA NADA ME DEBES, VIDA ESTAMOS EN PAZ “.

 

FIN.

 

 

 

 

 

 

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