MIL HORAS BAJO LA LLUVIA(POR: LUIS CHAY CHUIL)

 

 

“Perdóname si pido más de lo que puedo dar…”, así empieza una de las canciones de Camilo Sesto, la cual me viene a la memoria al recordar algunas andadas de adolescencia y juventud, hace algunos ayeres en Ixil, no soy de allá pero hasta por ahí rolé alguna vez.

Como algunos mal pensados ya echaron a volar su imaginación les chismeo que llegué hasta ese lugar por invitación de unos amigos de preparatoria originarios de esa tierra de las cebollitas. El viaje surgió un fin de semana a raíz de cultivarme como el henequén con mis supuestos dotes de futbolista, pero resulta que ellos y algunos coterráneos suyos eran mejores que yo… ¡plop!

A fin de cuentas eso de competir de cuál cuero saldarían más correas fue lo de menos, pues por la noche organizamos una bohemiada que a la luz de la luna y acompañados de unas guitarras echamos palomazo; allá salió a relucir esa rola, como un himno a los amores perdidos o por conquistar de uno que otro de los que estábamos y para apuntalar lo que sentíamos en ese entonces, de modo que nos pusimos hastaaa… lo más nostálgicos posible, tanto que después de algunas décadas aún hago ¡snif, snif!

Recuerdo que además de fútbol echamos cascarita de béisbol y compartimos muchas cosas de chavales que ahora la mente me deja mal y no las registra y trae a cuento, de modo que se quedarán picados; pero como me ha traicionado la nostalgia y no se me ocurre nada más interesante para compartir, me atrevo a empezar estas barrabasadas.

¡Ah, cosas de adolescencia y juventud! Tiempos aquellos que vienen ahora como bálsamo y en verdad no alcanzo ubicar si para alegrar o apuntalar los sentimientos encontrados de los últimos días. Posterior a eso tuve oportunidad de recorrer gran cantidad de poblaciones en las que encontré amigos fugaces y otros que perduran hasta ahora, pero todos apreciados por igual.

Amigos fugaces me refiero a quienes por la brevedad del tiempo —tres días, una semana o un mes–, nos conocimos y aunque después nos enviábamos cartas, todavía no había celulares en ese entonces y menos WhatsApp, así que con el tiempo nos fuimos distanciando y el olvido fue cubriendo con su manto gris todas esas caras siempre sonrientes y animadoras que extraño hasta ahora.

Recuerdo algunos nombres, pero para no herir susceptibilidades mejor los conservo en el baúl de mis recuerdos. Hubo una en un poblado de Tizimín que vivía frente a la casa que me prestaron para habitar y, aunque todos los días nos veíamos sólo nos saludamos una media hora antes de que llegaran por mí; aunque prometí volver después, hasta ahora no lo hice.

Entre tantos arranques de juventud la hice de soberano en primaria y rey feo en carnavales de mi pueblo, muy querido por cierto, aunque ya no voy…ja ja ja. Viajo muy poco pero mi familia de origen permanece. Allá dejé a una chica a quien perjuré volver… ¡se eternizó mi retorno y mejor se casó!, pues su príncipe hasta ahora no la rescató.

Qué carnavales aquellos que cada baile participaba con comparsas diferentes, ¡así estaba de peleado! No es cierto, sólo que como me llevaba con varios, pues trataba de no pesadear con nadie. Allá en mi querido poblado se quedaron mis amores y desamores, hasta las que sólo yo sabía que me movían el tapete pero nunca se los dije.

Como verán no tenía nada que compartir y he recurrido a mis recuerdos para llenar este espacio. Lo que he escrito es real, no presunción, y lo he plasmado en parte para animarme y olvidar un poco los momentos no deseados a nadie por los que atravieso estos días, como un recurso para valorar las cosas buenas que me tocó vivir y disfruté en su momento para que me sirvan de impulso.

Para cerrar con bombo y platillo, al dar el último teclazo finaliza “El plebeyo” de los Terrícolas y sigue Mocedades con su serie de melodías emblemáticas ¿Quieren más para estar sensible…? He cumplido esta semana y espero que esta tormenta mengüe pronto, deje de llover sobre mojado y la próxima tenga algo más interesante que compartir. Sólo espero no me vaya ocurrir como la canción que después de mil horas bajo la lluvia llegue una susodicha y exclame  “¡Estás mojado, ya no te quiero, ah, ah, ah!” ¡Felices pascuas…! ¡Oh, no aún empezamos el año!

 

 

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