VESTIDO AZUL(POR: RAÚL R. DZUL PAREDES)

foto raul

El hombre parecía sincero cuando lanzo la promesa: “En enero te voy a comprar un lindo vestido azul, para presumir tu belleza”.

Y como dice el lugar común: “Hay que ver cuán indefensos estamos ante el halago”.  Porque a  partir de esa frase, aquella mujer pulverizó  sus escasas reservas, quedando a merced de aquel hombre. Todo le creyó, todo le otorgó, otorgable o no.

El idilio vivió sus mejores momentos. Pocas y ninguna nube negra, auguraban tormenta. Puras luces y buena música. Pero el tiempo camina y no hace caso a las voces que le suplican hacer un alto para prolongar el gozo de un buen momento. Por eso sin remedio los árboles entregan sus hojas en el otoño y el poderoso mar enfría sus aguas.

Entonces llegó diciembre. Cuando los corazones se encienden, quizá para compensar con su calidez  tiempos de frialdad.  Porque es sabido que los golpes duelen más en frío. Y dígase lo que se diga los golpes de la vida se reparten sin distingos de días y estaciones.

Cuando la mujer  escucho, por la bocina del celular, el cliché: “Vamos a darnos un tiempo para pensar lo nuestro”. Sabía que todo había terminado. Sintió que la cara le ardía porque la vulgaridad le supo a una bofetada. Primero rápido se le fue distribuyendo por el cuerpo, luego el frío empezó a ganar terreno, congelando sus pensamientos, sin querer, en un punto… ¿Y mi vestido azul?

 

 

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