REGALO DE REYES(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

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Serían como las 22.30 del 5 de enero, me preparaba para dormir cuando sonó el teléfono.

¡Ring!  ¡Ring!

Ya voy, ya voy, le decía al teléfono, ya voy.

Bueno, ¿sí quién es?

Al otro lado era mi hija Marisa.

—Mamá, estoy a punto de dar a luz,  se me ha roto la fuente, siento que ya viene el bebé, sólo te llamé porque no quería que te angusties si mañana no te respondo, ya nos vamos a la clínica, siento como se mueve.

Todo saldrá bien hijita, éste bebé es nuestro milagro, le dije a Marisa dándole ánimos.

Cómo no pude cerrar los ojos, mejor me alisté y rumbo al IMSS rezaba no sé cuantas mil oraciones que venían a mi mente.

Al llegar ya me esperaba Santiago.

Le tengo una mala noticia, —me dijo.

—Nació la bebé, con tan solo 2.300, kilos, con apenas 7 meses de gestación,  estará en la incubadora, no hay muchas esperanzas, Rosa está bien pero muy débil, no me dejan entrar a verlas.

Con éste golpe, nos abrazamos. Debo aclarar que Santiago, mi yerno ha sido un buen hombre, ha visto por mí desde que se casó con Rosa, es amable y trabajador, en éste fatal momento sentí al abrazarlo que abrazaba a un hijo. Cualquier palabra de aliento nos venía bien a los dos.

El médico salió a decirnos que ya estaban atendidas la madre y la bebé, que ahora teníamos que esperar un milagro, aunque todo estaba bajo control, las esperanzas de tener a la bebé eran mínimas, puesto que tenía muy poco peso.

Que podía irme a casa, que no tenía caso que Santiago y yo pasáramos incomodidades puesto que no había más que esperar.

Al primer minuto del día 6 de enero abandoné el hospital, con muy pocas esperanzas, pero al llegar al parque para tomar un taxi,  estaban los 3 reyes magos, todavía platicando con las personas, recibiendo cartas para cumplir deseos.

Recordé que de niña pedíamos regalos, sin pensarlo me aferré a ellos, pasé frente Melchor y le tomé de la mano y le dije:

—Melchor, ya estoy grande, con 61 años pero creo en los milagros, y de niña siempre me traías lo que te pedía.  Ahora mismo  necesito un regalo, mi nietecita está luchando por su vida.

Melchor, el mayor de los tres reyes, con pelo y barba blanca,  mirándome a los ojos me preguntó:

— ¿De verdad crees en mí?  —Sí, le respondí.

El continúo diciendo:

—mi  nombre  proviene de la palabra “malki-or”, en hebreo significa Rey de la Luz. Vengo de Europa, a mí me toca regalar mirra, es el tercer regalo. ¿Conoces la mirra?

No, respondí.  —Es una sustancia rojiza muy común en medio oriente y simbolizaba al hombre, se emplea para hacer perfumes y ungüentos. Me la entregó en mis manos, diciendo que  se lo unja a mi nietecita pidiendo por su vida. Enseguida me llevó junto a Gaspar y Baltazar.

—Oigan muchachos, la Señora necesita de nuestra ayuda, vengan a orar con ella.

Nos tomamos de las manos y oramos, no se cuánto tiempo, pero me sentía tan bien, que al abrir los ojos, sonreímos.

El Rey mago que representaba a Baltazar,  me dijo:

—En nuestros corazones se encuentra la verdad, nosotros somos simples mortales, sonriendo me explicó:

—mi nombre proviene del imperio Asirio de la palabra “Belio-sarru-usur” que significa “Dios protege al Rey”.  Como puedes ver por el color de mi piel,  vengo de África y te entrego esta moneda de oro que es el metal más precioso y simboliza al Rey del Universo. Así que regálasela a tu nietecita de mi parte, mantén la moneda junto a ella en su camita.

El señor que representaba a Gaspar, me dijo:

—Cierre los ojos, hable con su nietecita y visualícela. Con su mano derecha me abrazó y me pasó su mano izquierda sobre mis ojos…vi a mi nieta caminando, corriendo con un ramo de flores blancas.

Me abracé a Gaspar, el más joven de los tres reyes. Él me dijo: —mi  nombre viene del hebreo, proviene de la palabra “ghaz” que significa gestionar.  Vengo de Asia.  Yo traigo el incienso que es una preparación de resinas aromáticas que desprenden un olor agradable y que simbolizan a Dios. Me dio entre las manos éste incienso y me prometió que me serviría para mi nietecita.

Me abrazaron y oramos una vez más.

Me despedí de ellos, regresé al hospital para saber de mi nietecita.

Le pedí al doctor me dejara verla, que traía éstos regalos que los reyes magos me habían dado. Creo me vio tan emocionada que me dejó entrar, hice lo que los reyes me habían dicho, salí y le pedí a mi hija ponerle el nombre de Milagros. Santiago accedió y le llamamos a mi nieta Milagros.

Una vez más los Reyes Magos habían cumplido,  me habían traído como regalo la vida de mi nietecita Milagros.

 

5 DE ENERO DE 2019

 

 

 

 

 

 

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