LOS TRES REYES(POR: JOSÉ GARCÍA)

josÉ garcia

 

Melchor, Gaspar y Baltasar Reyes, tres hermanos diferentes en todo. No pasaban de los 15 años, y aunque asistían a la misma escuela del pueblo, no se juntaban más que para acompañarse en el trayecto. Melchor, el vacilador siempre, le gustaba enojar a sus compañeros de salón, por eso los constantes castigos de la mamá.

Gaspar, el tímido, sólo hablaba para dar las respuestas correctas de la tarea, ahí, ni que discutirle… ¡todo un genio! Por su timidez sus hermanos con artimañas se aprovechan de él, cargándole  de quehaceres, el aseo de los corrales, sacar agua del pozo, bañar a los cochinos, lo que más odia.

Baltasar. El que anda siempre hosco, nada le es positivo, le molesta que los otros sonrían, que sientan un abrazo cariñoso y, que personas lo busquen, pues a pesar de todo tiene un don que  no ha descubierto.

Cierto día al salir del colegio en el trayecto a casa, al pasar por el río que divide ambos lados; Gaspar se retrasó. Le detuvo el llanto de un recién nacido envuelto en grandes hojas de plátano. ¡Lanzó fuerte silbido a sus hermanos que habían navegado en su balsa al otro extremo!

Los tres se quedaron contemplándolo, se hacían preguntas: ¿Cómo, que deben hacer? ¿Tendrá hambre? –Melchor en su tono de siempre, dijo– ¡Ya sé, vendámoslo!.. ! Ja,ja,ja ¡

Gaspar dulcemente comento, que lo mejor sería llevarlo con el sacerdote del pueblo para su cuidado…no había terminado de hablar cuando interrumpe Baltasar, –“¿mejor guardémosle en el pajar  mientas pensamos que hacer…?”

Le consiguieron un almohadón que colocaron dentro de un huacal de madera, una colcha de franela, y en una mamila que guardaba su mamá de recuerdo; leche de cabra caliente. Los hermanos no creían lo que veían.

Baltasar, el menos sensato se preocupaba por aquella criatura. Pero como siempre, dando órdenes decía:”! Vigilen la entrada ¡, ¿no tan caliente ,abrígalo bien?…cosas así”.

Aprovechando que todos dormían, sin hacer ruido se dirigió al pajar. La noche estaba fresca, estrellada. Le llamo la atención como tildaba a lo alto una luz más blanca, celestial. Al abrir el portón, miró alrededor de la cuna improvisada a un par de patos, gansos, conejos, y algunas golondrinas que  parecían arrullar con sus trinos a su huésped. Quedo asombrado. No salía de ello cuando  una pareja de campesinos acompañado de  Gaspar, con alegría en su rostro se  acercó.

Angustiados  relataron como se separaron de su hijo. Venían de los embarcaderos, son tianguistas de  esencias aromatizantes. Por una avería en el bote, buscaron la orilla para repararlo. Recostaron al niño cubriéndole del frio, por el peso bajaron sus barriles. De no ser por unos cuantos perros rabiosos que los obligaron a resguardarse, y la corriente que los arrastró, su bebe no había pasado por esto. Al regresar ya no lo hallaron. Fue hasta que su hermanito preguntando en el pueblo dio con nosotros.

Cuando los padres abrazaron a su vástago, la mujer sacó de entre sus cosas una planta de olíbano, un pedazo de árbol de mirra, un dije en forma de corazón de color oro  y se lo obsequio a Baltasar en el instante que una paloma blanca se posó en su hombro.

Ahí descubrió, que el don que siempre ha tenido: el de saber amar

… seguramente lo pondrá en práctica desde hoy.

 

FIN.

 

 

 

 

 

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