EL ABUELO PALEMÓN(POR: SONIA MAYLLEND)

sona 2

 

─Pancracio, llámale a los demás y les dices que nos vemos en el llano a las tres de la tarde para lo que quedamos y que lleven lo que les dije─ Pancracio solamente hizo la seña con el puño cerrado y el pulgar arriba que quería decir ¡ok! y pedaleó más recio su bicicleta.

 

Cirilo, jefe de una banda que se juntaba todas tardes a un costado de los juegos infantiles, fue el primero en acudir al punto de reunión y como iban llegando los demás, les indicaba dónde debían sentarse para comenzar a hablar.

 

Ahí estaban todos. Cirilo les dijo ─tenemos que ponernos de acuerdo para hacer la carta, ya mero es la fecha y todo puede fallar por no pensarlo bien ¿estamos?─ los otros asintieron con la cabeza sin decir nada. ─esa es la tarea, mañana nos vemos temprano donde ya saben. No falten.

 

Antes de las diez de la mañana la gente estaba esperando que la tienda abriera sus puertas y, ahí mismo, un grupito muy singular esperaba lo mismo para entrar en acción, se trataba de… “La Banda del Pañal”

 

De pronto se escuchó un silbato, era la señal para la apertura de la juguetería *La Ilusión de Los Reyes del Hogar*.

 

La gente se apresuró para entrar a toda velocidad. Los niños paseaban por los pasillos maravillados al ver tantos juguetes; muñecos desarmables o para ensamblar; súper héroes, aviones, pistolas, trompos, baleros, yoyos, pelotas, carritos… miles, miles de juguetes. Sonreían ante la idea de pedir uno u otro, o porqué no, dos o tres juguetes.

Anacleto, uno de los chicos perteneciente a la banda, descubrió una cara conocida y caminó rápido hacia otro pasillo evitando que el vecino lo viera, pensó avisarle a sus compañeros y al ver un juego de química, se le olvidó. Todos  iban anotando en su carta lo que querían hasta que se les acabó el espacio para seguir escribiendo.

 

En la junta del parque Cirilo tomó la palabra: ─Voy a pasar lista y cada uno de ustedes leerán su carta, así yo veo que no se repitan los regalos, ¿estamos?

En posición de firmes contestaron todos ¡sí jefe!

─Anacleto; ─1 avalancha; con volante y freno de mano.

─Bien, porque la de Pancracio ya está muy fea y las ruedas desgastadas.

─Tiburcio; ─Patines de 4 ruedas en línea, con luces a los lados y alarma de caída; ─muy bien.

─¿y tú Pancracio?; ─una patineta, con freno de pedal.

─Rigoberto; ─no pudo venir─, dijo Pancracio ─su mamá lo tiene castigado y me dijo que él va a pedir una bicicleta.

─Rutilio; ─Scooter verde fluorescente.

─¿y tú Cirilo, qué vas a pedir?─ le preguntó Tiburcio

─Una bicicleta─ los demás se le quedaron viendo y Tiburcio reclamó ─pero si Rigoberto ya va a pedirla y tú dijiste que no se valía repetir, ¿para qué otra bici?

─Porque el zonzo de Rigo está sacando calificaciones bajas y los Reyes Magos no le van a traer nada de lo que pida─ los niños se quedaron pensativos y Pancracio dijo ─pues que pida la pelota de fut porque la mía está ponchada─ todos soltaron la risa al acordarse cómo fue que su pelota se ponchó.

 

Resulta que un día salieron a jugar al llano, donde siempre lo hacían, pero como había llovido tanto, había mucho lodo, entonces pensaron que frente a la casa de Rigoberto había pastito y ahí pondrían su cancha. Cuatro piedras grandes, dos de cada lado, para la portería. El juego comenzó y entre que el balón se lo pasaban uno y otro, Rutilio pateó tan fuerte la pelota con el talón queriendo meter gol, la bola hizo una curva y ¡zaz! que rompe una ventana.

 

Con cara de susto todos se quedaron  quietos, como estatuas y antes de que pudieran salir corriendo, el Ogro, como ellos lo llamaban, salió y preguntó ─¿quién fue?─ Cirilo, echándose la culpa, respondió

─fui yo, pero no fue a propósito, ¿nos devuelve la pelota por favor?─ el señor les dijo que si le pedían una disculpa y le pagaban el vidrio, se las entregaría, de otro modo no la volverían a ver.

─pero señor, nosotros no tenemos dinero, y si, le pedimos una disculpa─ el vecino, al ver que los chicos estaban asustados y para burlarse de ellos, les dijo que volvieran más tarde, ya que era la hora de su siesta. Dando media vuelta, cerró la puerta, dejándolos ahí parados. Con la cabeza baja y los hombros caídos, se fueron sin su pelota.

 

Al otro día regresaron a ver al Ogro que salió cuando oyó el timbre recibiéndolos con una sonrisa burlona ─buenas tardes muchachitos─ ellos le contestaron ─buenas tardes señor─ dando dos pasos fuera de su casa preguntó ─¿vienen por esto?─ extendió la mano que ocultaba por la espalda y les mostró la pelota que estaba ¡toda aplastada!, al verla convertida en tortilla, uno de los niños sonrió y comenzó a reír, otro soltó una risotada y le siguieron los demás, el sorprendido fue el Ogro, quien dejó caer la inservible pelota y se metió a su casa azotando la puerta. Los chiquillos se dejaron caer en el pasto y señalando la pelota, se retorcían de la risa limpiándose las lágrimas sin poder contener las carcajadas.

 

La mañana del 6 de enero, el sol salió más temprano. Se veía muy brillante y trajo alegría que puso en la cara de toda la gente, sobre todo, en el rostro de los niños.

 

La “Banda Del Pañal” estaba en el parque y cada uno le preguntaba a otro sobre el regalo que Los Reyes Magos le había dejado en su casa. Todos querían hablar al mismo tiempo y mostrarlo.

 

Anacleto, quedándose muy serio, les dijo a sus amigos:

─¿Saben que ayer nos estaban siguiendo en la tienda?

Cirilo preguntó ─¿y quién nos seguía?

─El Ogro, ayer lo vi

─¿Y porqué no lo dijiste?

─Sentí miedo

─Entonces ¿por qué lo dices ahora?

─Es que… ¡ahí viene!

Los chiquillos voltearon al mismo tiempo, cuando el Ogro ya estaba junto a ellos y les dijo:

─Buenos días niños; no se asusten, no vengo a reclamar nada, les traigo esto─  extendió 1 caja muy grande, con un moño encima y un balón de cuero ─los Reyes Magos me dijeron que ustedes necesitaban un juego de futbol con cancha y me encargaron que se las entregara. Me llamo Palemón y desde ahora, quiero ser su amigo─ Tiburcio se acercó al Ogro, pero antes de recibir el regalo, lo abrazó, y luego lo hizo Pancracio y uno a uno lo rodearon, todos se abrazaron a su cintura, el anciano quiso evitar que las lágrimas se le salieran, pero no lo logró, la emoción se lo impidió.

 

Cirilo fue el primero en hablar y dijo:

─la Banda Del Pañal ahora tiene otro socio, ¡El Abuelo Palemón!.

 

~ Fin ~

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