LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

R-3

MAYORÍA DE EDAD

¡Juventud, divino tesoro! Etapa invaluable que como el agua de un río, corre encontrando a su paso un sinfín de paisajes, gente y situaciones que se convierten en aprendizajes y experiencias.

Es tan bella esa etapa, porque guarda un cúmulo de ilusiones y ganas de tragarse la vida en un solo bocado.

Hace dieciocho años,  Dios me brindó la dicha de estrenarme como madre. Mi mujercita ya podrá votar –una de sus inquietudes- y también podrá tomar sus propias decisiones trascendentes  con el debido razonamiento y consecuencia.

Cuando mi esposo y yo emprendimos la aventura de formar una familia,  veíamos muy lejano el día para  ver a nuestros hijos convertidos en unos jóvenes radiantes.  Los años han pasado sin sentir viviendo a plenitud  y con las prisas del ir y venir de todos los días.

Hoy quiero dedicar este escrito a mi hija la mayor, Karla Josefina. Es un ser lleno de luz e inteligencia – presumo que la heredó de mi madre-  . Siempre ha sido muy sensata, desde que era pequeña;  y ahora, cuando le platico algún problema que me aqueja,  me brinda su punto de vista de manera objetiva, lo que me ayuda a tomar decisiones.

Karla se parece mucho a mi madre. Desde el aspecto físico – sus ojos y mirada- hasta en el carácter fuerte y determinante. Es líder por naturaleza y hace que las cosas sucedan y sucedan bien.  Es tenaz y no cesa hasta conseguir las cosas, aspecto que encaminado correctamente la llevará al éxito seguro.

Comencé con la frase del escritor Rubén Darío “Juventud divino tesoro….” Porque hoy por hoy mis hijos representan esta etapa tan hermosa en la que si bien se tiene la fuerza, empuje y dinamismo de la juventud, es inevitable que también se encontrarán con aspectos nocivos que podrán contaminarlos, por ejemplo drogas, vicios, malas amistades, etc.  Pero nosotros sus padres, primero Dios, estamos y estaremos al pie del cañón para guiarlos y apoyarlos en lo que necesiten.

Karla: Cumples dieciocho años… tres lustros y cachito  en los que tanto a tu padre como a mí, nos has dado tantas satisfacciones y alegrías. Le pido a  Dios nuestro señor te prodigue salud para festejar  muchísimos años más y que tus sueños se concreten en bellas realidades. Te amo, hija. ¡Feliz cumpleaños!

 

 

 

 

 

 

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