DAD DE COMER AL HAMBRIENTO(POR: YOXI)

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

Me encontraba solo en el departamento después de festejar la Navidad, Elena y las niñas se fueron de compras y me dejaron a mi suerte. El refrigerador estaba repleto de comida y yo asqueado de tanto comer y brindar… Me preparé un café y me disponía a ver la tele cuando sonó el timbre. Me asomé por la mirilla y vi un hombre flaco, enjuto que no reconocí al principio.

  • Hola Bruno, soy yo Fidel tu amigo – dijo levantando un poco la voz

Mi archivo mental dio varias vueltas mientras hacía lo propio con la llave, si, era un viejo compañero de parrandas al que no veía hace tiempo. Abrí la puerta y me quedé pasmado, ahí estaba aquel muchacho que conocí orgulloso y lleno de vida; ahora viejo, sucio y  acabado, con una mirada suplicante.

  • Ayúdame Bruno, tengo hambre, ¿invítame un taco?
  • Claro que si, -dije tratando de salir del asombro
  • Pasa siéntate, ¿qué te sirvo? Tengo bacalao, pavo, romeritos, ensalada de Navidad…
  • Lo que sea está bien
  • Bueno, déjame calentarlo…

Calenté y serví un poco de todo y atacó la comida sin pudor mientras yo lo veía. Entre bocado y bocado comenzó a relatar parte de su historia

  • Me ha ido mal Bruno, mi negocio de comida me lo robaron, metí a una gorda que estaba bien piocha y la dejé a cargo, hasta que un día me demandó quesque por borracho y por violencia, me cargaron los judas y me metieron al bote.
  • ¿Y tu mujer, que pasó con ella?
  • Nada que se me pone flamenca cuando supo lo que pasó en la fonda, quesque porque no le daba gasto y que andaba con otra viejas. Total a ella que le importaba, tenía su lana de cosas que vendía y no me daba nada, hasta que un día me cansó y me la madreé, para mostrarle quien manda.
  • Qué barbaridad ¿y tus hijos?
  • Están con ella, todos conspiran contra mí, me querían tener de su esclavo pero ni madres. Me clavaron en una granja de rehabilitación que era como cárcel, pero la noche de navidad me les pelé, llevo tres días en la calle.

Mientras comía y platicaba pude ver que miraba nervioso en todas direcciones como buscando algo, yo tenía un enorme cuchillo chino colgado en la pared y parece que llamó su atención.

Pensé en las vueltas que da la vida, algo había hecho mal Fidel y yo lo sabía, con todo lo que decía era claro que ya había perdido la razón. Me reproché el haberlo dejado entrar y deseaba que ya se fuera. Se terminó su bebida y me pidió más.

  • ¿Me regalas más coca cola?
  • Si claro, cógela tu, está en el refrigerador, mientras yo paso al baño

Tardé un poco en el baño y al regresar lo encontré más misterioso y con signos de embriaguez, miré a  la cantina y vi  que una de las botellas estaba casi vacía.

En eso sacó una alcayata oxidada de su cintura; fingiendo no darle importancia le pregunté

  • ¿Para qué quieres eso?
  • ¡Para echarme a un cabrón que se pasó de rosca conmigo!

A estas alturas mis intenciones de buen samaritano comenzaban a flaquear y él miraba su “fierro” y luego veía el cuchillo en la pared, pensé en regalárselo; pero luego lo pensé mejor, yo no querría ser cómplice de un maleante,  ¿qué tal si matara a alguien? Luego me miró y esbozó una maliciosa sonrisa como si adivinara mis pensamientos.

Alarmado sopesé la situación, yo era más fuerte y el estaba muy fregado y borracho, lo podría dominar si se pusiera agresivo, aunque quizás no me libraría de un piquete de su alcayata oxidada, lo miré a los ojos, desvió la mirada y me pidió usar el baño, adelante le dije.

Salió del baño con signos de embriaguez avanzada, claro me quedó que se empinó la botella cuando estuvo solo. Se había lavado la cara, rociado mi loción y peinado al menos.

  • Ya me voy me dijo arrastrando la lengua y en tono enfadado
  • Está bien, espero que todo salga bien, ve con Dios
  • Me miró como conteniéndose de decir o hacer algo

Abrí la puerta y salió dejando su vil despedida:

– ¡Te lo lavas! – Dijo.

Ya a solas mientras lavaba platos, pensaba en lo duro que podía ser la vida para algunos, me congratulé por haberle ayudado y cumplir aquel mandamiento de “dar de comer al hambriento”.

Todo se volvió desencanto al ir al baño y comprobar que el lujoso reloj que me regaló Elena por la navidad, y mi loción favorita, ya no estaban ahí.

Cuento by Yoxi

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