EN VISPERA DE NAVIDAD(POR: YOXI)

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Con especial alegría y expectación celebraban la Navidad en casa de la familia Rico, Ricardo el padre, les había prometido contarles como superó la enfermedad de la que los médicos lo habían desahuciado y que casi le lleva a la tumba. Entre regalos, sonrisas y abrazos pasó la cena, el brindis, y llegó el esperado momento, Ricardo tomó la palabra:

Querida familia, no saben ustedes cuanto los amo y es por esa razón que los convoqué esta noche, para compartirles la experiencia que cambió mi vida.

Hace un año en la víspera de Navidad, me encontraba postrado moribundo en una cama de hospital, estaba molesto con Dios, con el mundo y conmigo mismo; me sentía muy débil, había perdido 40 kilos.  Era yo un esqueleto malhumorado.

Hacía mucho frío ese día y casi desnudo como estaba, con tan solo una frazada en mi cama, tiritaba de frío. Realmente ya me quería morir, todo me parecía absurdo y la farsa de la Navidad, una parodia sin sentido que me molestaba a lo sumo.

Ahí estaba yo, solo, cavilando, lamentando el porqué la parca tardaba tanto en venir por mí. El frío era tan insoportable que me hizo hacerme un ovillo y poco a poco el sueño me venció.

De pronto vi una gran luz, muy molesto pensé que no me dejaría descansar, así que abrí los ojos para reclamar y me encontré en un campo abierto en un lugar desconocido, donde otros infelices como yo en harapos, estaban alrededor de una fogata apiñados, buscando calentarse un poco, comenzaba a nevar. La luz se hizo más brillante, y empezaron a oírse música y cánticos hermosos cuyo origen no pude identificar, pero me hicieron sentir paz. Distinguí alrededor siluetas blancas que emanaban luz flotando en el aire; esto debe ser el cielo, pensé por un momento, ya debo estar muerto, pero, ¿porqué sigo teniendo frío?

Un ángel se acercó y anunció a gran voz, ¡Gloria a Dios, buena voluntad para con los hombres! ¡Ha nacido el Salvador del mundo! ¡Venid todos a adorarle! Esto sí que es un sueño raro, pensé,  debe ser que agonizo y que… ¡Estoy viendo visiones!  Pero como nunca había creído en religiones ni en lo sobrenatural, no hice caso, pensé que pronto se me pasaría pero no fue así.

Otro ángel se me acercó y me habló: Ve con los pastores,  conocerás la verdad y serás libre de tu enfermedad. Un rayo de esperanza cruzó en las tinieblas de mi incredulidad, seguí entonces al grupo dirigido por los ángeles.

Bajamos por una colina, había una casa con un viejo establo atrás al fondo, sobre el que brillaba una estrella que derramaba un rayo directo sobre este. Grupos de gentes se llegaban caminando de todas direcciones, desfilaban al frente presentando sus respetos y regalos para el niño, alabando a Dios y postrándose para adorar. Intrigado me acerqué en mi turno hasta la puerta y me asomé discreto, vi  el hermoso  niño recién nacido en pañales que descansaba sobre un pesebre, sus padres le flanqueaban  y varios animales alrededor completaban la escena. No lo podía creer, estaba viendo, ¡La Natividad!

La virgen, que era muy joven, volteó a verme por un momento y como instándome asintió con la cabeza y miró al niño. El padre me vio y sonrió; miré al niño que volteó a verme; me regalo una sonrisa y una mirada que atravesó mi corazón, que dio un salto de gozo; Entonces oí su voz infantil en mi mente que me decía:

  • ¿Qué quieres que te haga? – Desde mi corazón salió no supe porqué un simple
  • “Que me sanes” – entonces escuché claramente en mi mente que dijo:
  • ¿Si puedes creer? tus pecados te son perdonados.
  • ¡Creo! -contesté de inmediato,
  • ¡Se sano! -dijo.

Caí de rodillas con los brazos extendidos mientras una sensación indescriptible de paz y bienestar me llenaba, me quedé ahí postrado deseando que aquel  momento nunca terminara.

Desperté entonces en la cama del hospital sintiéndome bien, las fuerzas y el ánimo me habían vuelto, me levanté de un salto de la cama,  me calcé unas chanclas y una bata que encontré y salí del cuarto.

A lo lejos se escuchaban  villancicos navideños y todo el lugar estaba adornado con motivos y luces alusivas que le daban un ambiente de calidez, lo cual no había notado antes. Salí y llorando fui y abracé a los doctores, a los enfermos, a las enfermeras, a la portera y a todos los extraños que encontraba a mi paso, alabando a Dios y deseándoles entre sollozos feliz navidad.

Los médicos no podían entender que me pasó, pero los síntomas de la enfermedad habían desaparecido, me dieron de alta a los tres días.

Es por eso que quise compartirles mi experiencia y les deseo también a ustedes una Feliz Navidad.

Cuento by Yoxi

 

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