LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

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Candita y su amor al Niño Dios

“Ha sido mi fiel compañero por muchas generaciones. Me lo heredó tu abuelita y si te fijas, está hecho de madera fina recubierto con yeso”  le contaba Candita  a su hija mientras le ponía su ropa nueva al Niño Dios tratando de no “lastimarle” más la mano que ya tenía una parte sin dicho material.

– Fíjate en sus ojos, te sigue con la mirada, hasta parece que tiene vida- prosiguió.

Candita era fiel creyente del Niño Dios y de la Virgen María y así se lo inculcó a sus hijos. Para éstos era muy común ver a su mamá arreglando afanosamente  “la mesa de los santos”, sobre todo en épocas decembrinas.

La noche buena para Candita consistía en  arrullar al Niño Dios  y colocarlo en el nacimiento. Luego toda la  familia se iba a casa de los suegros para la cena.  El festín consistía en deliciosos sándwiches de pavo con cebolla roja curtida, acompañados  de  vasos grandes de refresco de cola. Mientras los adultos charlaban, los niños jugaban  felices en las calles  libres  de tráfico (era  una de las enormes ventajas  de vivir en un  pueblo)

Para la navidad, el almuerzo familiar consistía de pavo en pebre, comida que le salía riquísima a la abuelita paterna.  Los niños recibían dulces y globos como regalo y  se sentían más que  felices; para estos infantes,  el nombre y función  de Santa Claus les eran desconocidos.

La vida transcurre; Candita y su familia evolucionan, los hijos hacen su vida y  dejan el seno paterno excepto la única hija mujer. Continúa  la tradición de nochebuena  en  arrullar al Niño Dios y luego   la cena  familiar en la que nuevos miembros se han agregado;  todo es armonía.  Los ojos del Niño Dios brillan de manera especial, seguramente feliz por ver a toda la familia reunida celebrando su nacimiento.

Han pasado algunos años y también han acontecido episodios tristes.

Quien escribe estas líneas es la hija de Candita.  El tiempo ha servido de  bálsamo benefactor para comprender que así como Dios eligió diciembre para el nacimiento de su hijo único, también decidió que dicho mes era idóneo para que Candita lo acompañara. Dos días antes de nochebuena, el Niño Jesús la recibió entre sus brazos, para ser testigo honorario de su nacimiento.

Descanse en paz mi hermosa e inolvidable madre, Cándida Josefina Peña Puga de Vázquez.

 

 

 

 

 

 

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