MUSOFOBIA(JUAN CARLOS QUIÑONES SALAZAR)

 

 

          En esa calurosa mañana de agosto Néstor había salido a la playa como todos los días, primeramente se apresuraría a correr en la arena mojada y posteriormente como se había vuelto su costumbre nadaría largos tramos en la orilla de la calma playa, toda esa actividad era parte de una minuciosa terapia que había recibido por parte de su médico debido a que en fechas recientes el corazón le había causado algunos sustos, a partir de entonces se tomó la determinación de iniciar un régimen de cuidados intensivos, ya que en su juventud tuviera una vida alejada de toda práctica deportiva, llena de abusos alimentarios y plagada de apatía que a la larga habían lesionado gravemente las arterias coronarias lo que desembocó en una cardiopatía que siempre estaba amenazando su existencia; pese a tener un matrimonio establecido desde hacía varios años atrás no había procreado familia, debido a esa condición siempre se le notaba taciturno y pensativo, como si cargara en los hombros el peso total del mundo, y es que realmente parecía tener gran parte de sus preocupaciones resueltas a no ser por la terrible musofobia que padecía desde niño.  

 

Una desagradable experiencia acompañada de pesadillas y burlas de sus amigos de la infancia se había reflejado en una excesiva, aversión y rechazo a las ratas o ratones, aunque su temor básicamente se vinculaba con la suciedad, podredumbre, y graves enfermedades que el roedor pudiera transmitirle, de tal forma que en su casa se esmeraban por los cuidados respecto a la existencia de estos animales; una desagradable discusión con un lanchero que se sintió agraviado por el paso veloz a su costado durante la carrera, derivó en un lacerante dolor en el pecho que lo hizo abandonar la secuencia de acondicionamiento, a partir de entonces sus pasos eran tambaleantes, su rostro estaba arrebolado al tiempo que gruesas gotas de sudor inundaban su ser, a lo largo de su caminar algún samaritano se detuvo en el camino para auxiliarlo, pero además de sostener su peso en el largo sendero que lo separaba de su hogar, nada podría hacer pues el medicamento recetado ex profesamente para esa contingencia no lo tenía con él, el infarto al miocardio se tornaba inminente, la dificultad al respirar era desesperante, los estertores trémulos que embargaban su persona eran cada vez más frecuentes, a lo lejos se divisaba la figura de una mujer en el pórtico de su jardín, ¡Era su esposa…! los gritos frenéticos del acompañante la alertaron de tal forma que la dama emprendió una carrera frenética hacía ellos, un rio de lágrimas quedaban dispersas sobre la cálida arena, a su paso algunos transeúntes se unieron al doloroso desfile donde la finalidad era salvar la vida de Néstor, con el cuerpo en vilo llegaron al hogar de los esposos e inmediatamente fue recostado cuidadosamente en tanto la ambulancia que alguno de tantos curiosos concurrentes solicitara de forma urgente.

 

          A la llegada del vehículo de auxilio con premura fue trasladado al hospital más próximo, pero la fatalidad no les permitió concluir el recorrido, a unos cuantos kilómetros de su origen los paramédicos comprendieron que no había ya ninguna esperanza por que apresurar la marcha, una desaceleración del ululante medio de transporte que recorría frenéticamente el sendero de asfalto y arena, dejó entrever la realidad que el llanto convulso de la mujer que acompañaba a su marido certificó, ¡él había dejado de existir…! Los paramédicos guardaron silencio respetuosamente y cubrieron el rostro del fallecido. ¿Pero Néstor estaba muerto en realidad…? aun cuando la palidez, frialdad y rigidez del cuerpo así lo indicaran, en su cerebro continuaba fluyendo la vitalidad con asombrosa lucidez que eran característicos de un ataque cataléptico, por tanto podía oír, ver, pensar, pero en absoluto poseía el control móvil de su cuerpo, por tanto cualquier tipo de comunicación era improbable y totalmente imposible; el presunto cadáver quedó impávido ante la afirmación de quien le auxiliaba médicamente, ¡Él no estaba muerto…! fuera de su interior nadie podía escuchar sus frenéticos alaridos que se ahogaban en su mente, el terror lo hizo sollozar y rogar que el efecto del ataque concluyera de forma expedita, sin embargo pese a sus vehementes deseos no fue así, la luz de un nuevo día lo sorprendió en pleno preparativo del funeral, irónicamente podría escuchar y vivir sus propias exequias, escucho con claridad pasmosa el llanto de su esposa, familiares, amigos y conocidos, incluso pudo percibir los tintes arrepentidos del sujeto que riñera con él el día anterior, su instinto de conservación no le permitía claudicar sin presentar batalla a la adversidad, continuaba con los frenéticos intentos de gritar la verdad, ¡Estaban todos en un error, no estaba muerto…!

 

          La frígida superficie de la mesa en que estaba amortajado le causaba mentales escalofríos, la incómoda postura con ambas manos sobre el pecho, la inexistencia de calzado y ropa interior aunados al aroma tétrico de muerte lo tenían al borde de la locura, la incomodidad se incrementaba debido a fuertes amarres en sus extremidades y cuello, a través de sus ojos cerrados y aderezados con minúsculos lentes de contacto contenedores de micro púas para mantener hermética y estéticamente clausurada la visión, pudo percibir la cercanía de una o varias personas que cada vez se aproximaban más a él, de pronto fue tomado sin miramientos de los hombros, torso y piernas, tras un corto recorrido se detuvieron, ¿A dónde diablos lo llevarían…? se preguntaba con insistencia vaga, la respuesta sobrevino en breves segundos y le congelo la sangre; fuertes jaloneos a su languidez marcaron la pauta, una superficie afelpada recibió su corporeidad entumecida y lo alerto sobremanera, ¡Había sido recostado en el féretro…! en aquel estuche de terciopelo y manillas de metal emprendería el viaje final de su existir, un cálido ósculo en su frente acompañado de líquido salino que desbordaba en la comisura de sus labios, le hizo saber que la despedida bañada en llanto estaba hecha, ¡Su esposa iniciaba el doloroso recorrido hacia la aceptación fatal…!

 

Posteriormente a ello las tinieblas lo envolvieron todo, la cobertura del cajón mortuorio cayó lentamente dejando atrás las ilusiones y esperanzas, un leve tirón y luego nada, a continuación inició un parsimonioso y acompasado andar que le indicaron el principio del fin; una base metálica móvil servía de transportador para su elegante ataúd al salón ardiente de la funeraria, el constante llanto y las pláticas ensalzando falsamente sus logros y desventuras fueron el común denominador durante el velatorio, ¡La claridad con que escuchaba todo era admirable y pasmosa…! un calor intenso reinaba en el interior de aquel cuadrángulo de madera y metal, ¡realmente era intolerable esa sensación de muerte…! ¿Pero a quién le importaba…? ¡Para todos él era un fiambre…! Durante el acto solemne y falaz, una somnolencia extrema lo sedujo llevando su conciencia a la bruma exquisita de la modorra; la ceremonia se desarrolló con el insignificante tragaluz de la caja descubierto, ¡Como si aquel detalle le prodigara esperanza a quien dormía…! el significativo desfile de familiares y amigos daba cuenta de su apariencia respecto a la tranquilidad que transmitía, a todos sin excepción alguna brindaba una pacífica impresión de dormitar, ¡Y es que realmente eso hacía…! Durante el transporte al camposanto no se repuso del cansancio extremo, fue hasta que una inclinación descomunal del ataúd lo despertara, que descubrió la inevitable realidad, estaba siendo descendido a las entrañas de la tierra, a la de la que él mismo hubiera elegido ubicación y pagara mucho tiempo atrás, previniendo sucesos a muy largo plazo.

 

          Pronto se percató que aquello no era desilusión o utopía, fuertes paladas en la parte superior le hacían trepidar mentalmente, el sepulturero conocido suyo estaba cubriendo de tierra inmunda aquella oquedad donde ahora él se encontraba; unas palabras definitorias de su destino se escuchaban en los labios del guía espiritual, ¡Del polvo al polvo…! pero su ser aún no alcanzaba dicho estado, ¡Él estaba vivo…! Desgraciadamente nadie más tenía conocimiento del hecho; paulatinamente el silencio reinó profundo en el recinto fúnebre, algún aullido lastimero se ahogaba en las ramificaciones del viejo ciprés, comprendió de forma certera que había sido totalmente abandonado a su suerte, ¡Todos emprendieron el camino de retorno a la vida, menos él…! Al cabo de largas horas de desesperación y congoja advirtió en sus dedos dolor, paulatinamente su cuerpo adquiría de nuevo movilidad, con mayúsculo dolor entreabrió los ojos y finalmente pudo mover todo, pese a estar entumecido su felicidad era inmensa, intentó gritar de alegría y para su sorpresa lo consiguió, se escuchaba su voz lúcida, clara y exacta, ¡había concluido el horrible ataque de catalepsia…! Su cerebro le dictaba que de inmediato buscara y encontrara un escape viable del lugar, la refriega con sus ataduras dio inició, para su consuelo no eran tan fuertes, ¡Pues ningún muerto requería romper las ligaduras…!

 

          Con las manos libres y soportando el martirio que múltiples agujones le infringían a sus parpados continuo, de su laringe brotaban ahora aterradores alaridos terroríficos, golpeó la cobertura del féretro con los puños, rasgó el terciopelo del interior hasta romperse las uñas, lloraba de forma infrahumana ante un brote masivo de sangre de sus dedos, por la penumbra no alcanzaba a distinguir nada pero percibía la espesura y olor metálico de esta que escurría furtivamente sobre las telas que lo amortajaban, descansó brevemente, la desesperación y fatiga a cada momento lo hacían presa del espanto inevitable del abandono, si deseaba encontrar alguna posibilidad de escape inexorablemente debería recuperar fuerzas; doblando levemente las rodillas inició el pataleo frenético a la tapa de su cárcel de maderamen, la respiración jadeante se debilitaba con el paso de los segundos y el incremento de los esfuerzos, su órgano cardíaco que fuera el que lo llevó a la nada envidiable situación, latía tan fuerte que escuchaba su retumbar en el interior de su audición, la deshidratación era mayor a cada instante, debido a ella, gruesas gotas de sudor que ya inundaban su embustera vestimenta, descubrió que pronto el oxígeno se acabaría por los micro desvaríos de su mente, un instante de lucidez mental le indicó que la solución no estaba en golpear la cobertura pues gruesas capas de tierra y pedruscos lo aprisionaban compactando el suelo, como último recurso optó por golpear de forma lateral, inmediatamente notó la fragilidad de la madera que se resquebrajaba, abriendo grandes ranuras por las que se introdujo polvo que hirió su olfato. ¡Quizás habría encontrado la solución ansiada para salvarse…! Su cerebro confuso escuchó entonces unos leves chasquidos al otro lado de la caja, un leve delirio lo llevó a suponer en la inexistente posibilidad de que quizá algún otro individuo pudiese haber sido enterrado vivo igual que él, más de forma inmediatamente desechó la descabellada idea, ¡Los rasguños estaban demasiado próximos…! ¿Qué eran aquellos arañazos y lo más importante a quien pertenecían…? El característico roer y algún andar por su cuerpo y su rostro le brindaron claros indicios, el pelo crespo, la larga cola retorcida y la fetidez de su cuerpo eran características irrefutables de la presencia de ratas en busca de alimento, una trémula heladez surcó su espina, lágrimas sordas de terror brotaron incontrolables, pese a intentar callar para no ser descubierto, un pavoroso alarido de pánico fue emitido justo antes de la primera dentellada del animal a su rostro, ¡Estaba siendo devorado vivo por su peor pesadilla…! Quizá por intercesión Divina un fallo general del miocardio le brindo la paz ansiada privándolo definitivamente de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

Código de registro: 1810158733878

 

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