COLLAR DE PERLAS(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

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— Tengo algo para ti — así comenzó la plática cuando nos encontramos al llegar a la clase de gramática.

No pude disimular mi alegría, se me salía hasta por los ojos, a toda mujer nos gustan los regalos, ahora cumplía 61 años, me siguen poniendo nerviosa las sorpresas.  Yo me conozco, me sentía emocionada.

— ¿Y qué es? le pregunté con una risa pícara.

— ¡Ah!  Si te digo, perderá la emoción, mejor después de clase te lo doy, me dijo. Me mostró una bolsa que alzó con su mano izquierda.

Me sonreí emocionada, asentí con la cabeza.

El maestro comenzó pasando lista, nos dijo que hoy sería el examen, y empezó a repartir unas hojas con 7 preguntas, al terminar pueden retirarse.

Alfredo y yo buscamos nuestras miradas, sonreímos y cada quien a su examen.

Él con 63 años es el mayor de la clase, muy culto y estudiado, terminó primero, pero no entregó su hoja, quizá pensó en ayudarme, yo leí mis respuestas varias veces y alargaba la vista hasta el examen de Alfredo, alcancé a leer sus respuestas, coincidían con las mías. En voz baja le pregunté:

¿Que es CDM?

Me respondió: Complemento Directo de Modo, corregí la respuesta #1 y entregué mi examen, me sonrió, entregó su examen, nos despedimos de la clase.

En su departamento, tomábamos unos capuchinos, me entregó la bolsa con el regalo, la cual abrí enseguida, quité el papel de china color fushia que  envolvía un hermoso y pequeño baúl tallado en madera con unos girasoles, una diminuta cerradura y un candadito en tonos rojizos, me entregó una llavecita, la cual se me caía de entre los dedos por su diminuto tamaño.

—Tranquila— me dijo.

Abrí el candadito hacia la derecha, le miré a los ojos y sonreímos.

Quité el candadito con mucho cuidado, esperé unos minutos y abrí el baúl.

Miré por un momento el contenido, con solo dos dedos índice y pulgar de la mano derecha, saqué una bolsita tipo morralito de tela de terciopelo negro con el cordón dorado, tenía recortes en tiras de papel fushia y negro como adornos, tomé la bolsita entre mis dedos y le miré a los ojos sin emitir ninguna palabra, sólo observándolo.

Él me miró y sostuvo mi mirada, ambos serios, y de pronto sonreímos juntos, me tomó con su mano derecha las manos, entre ellas la bolsita negra, y me dijo: Magaly te amo, eres una mujer maravillosa, linda por fuera pero bellísima por dentro, estar junto a ti me llena de energía y paz. Disfruto mucho tu compañía y tu bella persona.

Se acercó y me besó.

Abrí lentamente la bolsita, ahí estaba envuelto en un papel de celofán blanco un hermoso collar de perlas, 45 perlas para ser exacta, las conté una a una, miré el collar y lo extendí sobre el papel, — no tenía palabras, por unos segundos me quedé sin habla, salían lágrimas de mis ojos, recorrían mis mejillas y bajaban hasta mi cuello.

Alfredo mudo al verme, pasó suavemente las yemas de sus dedos sobre mis mejillas, me abrazó entre esos fuertes y suaves brazos y me dijo al oído:

Te amo, de verdad que te amo, eres la mujer ideal para mí, seremos muy felices, te prometo dedicarme a ti, y me besó nuevamente.

Recogí lentamente mi cabello con ambas manos, él tomó el collar de perlas, lo colocó en mi cuello y escuché el click de la cerradura, solté mi cabello y lo miré a los ojos, él me dijo: te ves bellísima, el collar está en su lugar, el mejor lugar.

Nos besamos y permanecimos abrazados por unos minutos.

Me vi en el espejo, era un hermoso collar de perlas, sonreí y lo miré, nos abrazamos nuevamente. Con un suave tono de voz me preguntó: ¿Te gusta? no pude gesticular palabras, sólo le sonreí, me acurruqué en sus brazos y nos besamos nuevamente.

Tomó mi cabeza entre sus manos y jugando con mi cabello me dijo mirándome a los ojos fijamente: éste collar de perlas, tiene más de 100 años, mi abuelo se lo regaló a mi abuela para que llevara puesto el día de su boda, al morir mi abuela mi padre lo heredó siendo el único hijo, al pedir a mi madre en matrimonio le regaló éste collar, yo recuerdo que mi madre me cargaba y le veía el collar en su cuello, alguna vez, alcancé ver cómo mi madre se lo quitaba y lo guardaba en ésta bolsita y lo metía al baúl.

Siendo yo el primogénito una tarde mi madre me dijo: Alfredito, a mi muerte éste collar de perlas será para la mujer que elijas como compañera de tu vida.

Hoy te lo entrego a ti Magaly, para que compartas y me acompañes en este viaje por la vida.

Sólo respondí: Acepto. Me siento honrada y dichosa de portar éste hermoso collar. Me llevé la mano derecha al cuello, acaricié cada perla. Le hice saber que me siento diferente con éste collar, muy feliz y alegre.

Me dijo que las cosas guardan las vibraciones de sus dueños, sus sentimientos, tristezas, alegrías…que a su mami le hubiera gustado verme con este collar de perlas, nos abrazamos y nos besamos.

 

7 de noviembre de 2018-

 

 

 

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