LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

R-3

EL HADA MADRINA

 

 ¿Qué deseo quieres que te cumpla? ¡Lo puedo todo, tú sólo dime y se te concederá!

Ahí estaba aquella señora elegante  con su varita mágica, de hermoso vestido largo  y  ojos azules,  fijando su mirada cuestionadora  sobre mí. Me quedé perpleja, muda, incrédula.

¿Cómo es posible que en pleno siglo veintiuno todavía existan las hadas?  Aún “shockeada” por la presencia de este  fantástico ser, me aislé por un momento pensando en lo que pediría primero  y por supuesto  fue  el ser  extremadamente bella, en segundo  tener  un novio hiperguapo que me adorara  y el tercer deseo  tendría que pensarlo  más detenidamente.

Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo pero no he tenido suerte en el amor,   a mis veinticinco años, todavía no sé qué es tener novio… a lo mejor porque soy chaparra, con unos kilitos de más, con cejas tupidas  y unidas que  enmarcan unos grandes ojos negros,  mis pestañas aunque largas, son “casita de paja” – o sea tiesas- ,  mi nariz no es tan fea pero el acné se encariñó conmigo y me dejó unos cráteres en el  rostro;  para rematar  tengo un carácter muy agrio, yo creo que  mis complejos y frustraciones  hacen que cualquier cosa me irrite y siempre ando quejándome de todo y  desquito mi mal humor con  mi familia y gente a mi alrededor.

— ¡Niña, qué tanto piensas, no tengo todo el tiempo! – Interrumpió   el hada mis reflexiones.

—Aprovecha, estás de suerte porque me han encargado una misión que debo cumplir, así que apúrate porque  empieza a correr el tiempo; tienes diez minutos para pedirme tus tres  deseos, los cuales cumpliré con  una condición”- Prosiguió

— ¿Cuál es esa? –pregunté intrigada

—Que deberás darme algo a cambio, algo que sé quieres mucho – contestó

— ¡No se vale! ¿Cómo va a ser eso?  En los cuentos que conozco, tú no pides nada,  o al menos eso recuerdo- , le contesté un tanto molesta a la dama.

—Pues no estás en esos cuentos-  respondió impaciente el particular personaje.

—Bueno, al menos tengo dos deseos definidos pero no me gusta nadita el tener que darte algo que quiera mucho, le dije a  aquella señora que acá entre nos  ya me estaba empezando a caer mal, pero la oferta de conseguir aquellas cosas que siempre había soñado, valía la pena el soportarla.

—Querida Hada, ¿Qué es  lo que  debo  darte a cambio? Le pregunté melosamente

—El amor de tu familia– contestó el hada.

Al escuchar esto, sentí que me cayó un balde de agua fría. No podía creer que me pidiera tal cosa porque mi familia era mi vida, mi todo. Le pregunté el por qué me pedía esto y con voz afligida me confesó que ella nunca había tenido el amor de una familia porque  sus padres murieron cuando era niña y creció en un internado de donde escapó y desde entonces ha estado de un lugar a otro sin fijar raíces.

Francamente me dio mucha pena la triste vida del hada y sin querer la comparé con la mía. Yo tuve una infancia feliz, mis padres y hermanos me aman, tengo muchos  amigos, una carrera profesional  y un trabajo que me gusta… en un pequeño resumen puedo observar que tengo todo para ser feliz y aun así, vivo quejándome.

Mi decisión fue rápida. Le dije al hada madrina que gracias pero no, que ya no quería ser bella ni tener el novio más guapo del mundo si esto significaba perder lo que tengo. Entonces la invité a almorzar a la casa donde fue bien recibida y se sintió tan feliz,  que por algunos días estuvo yendo a tomar un café y conversar por varias horas.

Llegó el día que tuvo que irse a cumplir otra misión y antes de despedirse  sopló sobre mi cabeza unos polvitos, diciéndome que eran de superautoestima que permitirían   cuidarme y valorarme más, reconocer que si bien la belleza es pasajera, la verdadera y permanente  es la que llevamos en el corazón.

Yo estaba feliz con mi regalo cuando  de pronto escuché vagamente  una insistente voz:

“¡¡Hija, Despierta!! ¿Que no oyes que tu celular  ya sonó varias veces?  ¡Vas a llegar tarde al trabajo!“  Era mi madre quien me sacudía de la cama. De un tirón me paré y  la abracé, procurando no mover tanto mi cabeza para que no cayeran aquellos  polvos mágicos.

Han pasado unos meses  de este sueño especial y ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero la combinación dieta y gimnasio está rindiendo frutos, al igual que mis rutinas de belleza.  Mi rostro luce una hermosa sonrisa que coquetea con el guapo vecino quien  me echa unos ojitos pizpiretos…

 

 

 

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