LA PUERTA(POR: SONIA MAYLLEND)

sona 2

 

Miraba la puerta de entrada a su casa como hipnotizado, casi no parpadeaba y si no fuera por los suspiros, se creería que de catalepsia padecía.

Los ojos rojos por el reciente llanto, no permitían que su color verde olivo brillara. Su  boca en línea delataba la amargura que al pasar de los días, en su espíritu se gestaba. Él, antes jovial y risueño, sentado en ese sillón abatido se encontraba.

Ése día era el número 365, contados a partir de que, por esa puerta, ella saliera cargando una maleta llena de trapos. Con  ademán desdeñoso, abordó el automóvil en renta y de su lado partía. Sus súplicas no fueron oídas, las declaraciones de su amor al vacío cayeron y su varonil dignidad pisoteada quedó.

Ante sus ojos desapareció su amada cargando también… el repertorio de canciones por ellos escogidas; las cenas románticas a la luz de velas; aquellos brindis bohemios en la intimidad de la alcoba frente a la chimenea que para ella construyera. ─Salvador sorbía la nariz y enjugaba los ojos con su pañuelo para continuar con sus tristes recuerdos mirando su fotografía─ ¿y sus noches de aquelarre amoroso? aquellas en las que sin freno ni reglas rodaban por la amplia cama en la que jugaban a ser traviesos, cariñosos, fogosos y libidinosos; y las charlas nocturnas en las que ella le confiara sus miedos y fracasos para que él la consolara; y las veces que le confesara sus cuitas de estudiante y su preñez juvenil que se viera malograda por una estupidez. Ella le revelaba sus más íntimos secretos de soltera como si abriera su diario y le entregara la llave simbolizando su honestidad y él, él la amaba más.

Cuando salió por esa puerta, no sólo se largó con una maleta, también su mundo de ilusiones se llevó junto con su plan de vida, y sus ganas de reír y bailar también, incluso con su voluntad de vivir.

¡Tan-tan…! El reloj de pared lo sacó de su ensimismamiento, y las campanadas retumbaron en la obscuridad de ese salón. 12 fueron las que se oyeron y Salvador comenzó a sollozar, pero antes de que el reloj callara, se puso de pie y tachó en su calendario el día que acababa de pasar. Era la hora cero, momento de comenzar.

Salvador tomó decisiones:

Primero; hacer un calendario en el que el día “1” será ‘HOY’.

Segundo; las fotografías que en su mano aún permanecían junto con las del álbum, las llevaría al parque en el que ella le expresara su desamor, para ser arrojadas al arroyo y que sus aguas laven las lágrimas de su dolor.

Tercero; rompería esa puerta, esa maldita puerta que permitiera que ella la traspasara con esa carga tan preciada.

Cuarto; compraría otra puerta ¡más bonita!, con  translúcido vitral para que la luz se filtre y ver quien desea entrar.

Y por último; colgará un letrero con la siguiente consigna: “Entrada, Se Prohíbe Salir”.

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