CUMPLEAÑOS FELIZ(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

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Comenzó el día, me levanté de la cama para correr las cortinas, dejar que los rayos de sol entraran por las ventanas y calentaran un poco la fresca habitación.

Ella lucía hermosa, me fascina verla cuando duerme, su piel tersa, su cabello ondulado color cenizo, invadido por las canas, siempre tiene las uñas muy bien arregladas, en conjunto Eva es una mujer hermosa, sonriente, muy alegre, casi siempre tiene una sonrisa natural que enamora. Hoy no sería la excepción, al abrir esos hermosos ojos azules  llenos de vida me dijo:

—Enfermero, digite el número 7 en aquel reproductor, que está al llegar mi esposo y quiero bailar éste bolero que tanto me gusta.

Yo le doy un beso en la frente y la ayudo a bajarse de la cama, le acerco un bastón de madera maciza en forma de dragón que le tallé a los pocos meses de recibir la mala noticia de su avanzada enfermedad, le sonrío, vamos bailando hasta el baño donde toma una ducha calientita, se arregla muy bien—eso no se le olvida— y sale muy contenta ya bien vestida, cantando, lista para el desayuno.

Si ella me dice enfermero, yo actúo como tal, y hago el papel de enfermero tan bien que ni sospecha que no lo soy, porque igual me trata como si fuera cualquier otra persona.

Ya estamos conscientes que la enfermedad se está llevando a pasos agigantados todos sus recuerdos de tal manera que lo que más importa es la calidad de vida que pueda tener.

Mientras ella se baña y se arregla, yo salgo al jardín por unas hermosas margaritas blancas, sus preferidas, y muchas veces al dárselas me dice:

—Señor jardinero, éstas margaritas póngalas en el jarrón cuadrado para cuando llegue mi esposo vea la casa radiante, llena de flores.

Asisto con la cabeza, la tomo del brazo y salimos para el comedor.

Ahí nos atiende Bertha, una empleada que nos sirve desde hace más de 20 años, ya se ha dado cuenta de la avanzada enfermedad de Eva, la trata con cariño y mucha paciencia, aprendió a combinar los alimentos, los jugos y todo lo que receta la nutrióloga.

Durante el desayuno, Eva me cuenta de su esposo y sus hijos, sonríe muy feliz cuando me platica de ellos.

Hoy al ser su cumpleaños # 60 le preparé con los compañeros de la rondalla las mañanitas que comenzamos a tocar en el momento en que se sentó en el comedor para desayunar. Todos le cantamos y le seguíamos en la guitarra las canciones que nos pedía. Le cantamos al cortar el pastel, y me pidió llamar a los niños, niños que ya tienen 33 y 35 años, los compañeros y yo le deseamos feliz cumpleaños.

Ella sonríe feliz y nos da las gracias diciendo:

Pueden seguir tocando, en cuanto llegue mi marido les paga.

Me siento a desayunar con ella, me conversa de muchas cosas del pasado pero ya no recuerda casi nada.

La abrazo y le digo palabras bonitas, llenas de amor y dulzura, ella sonríe siempre, sin recordar quien soy pero yo en ningún momento olvido quien es ella.

 

7 DE NOVIEMBRE DE 2018

 

 

 

 

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