LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

R-3

 

Cuenta la leyenda que en un pequeño pueblo existió una niña que era muy mal portada, siempre le faltaba el respeto a  las personas en general,  pero  sobre todo a su mamá.  Esta niña se llamaba Rosaura y  tenía más o menos seis años de edad y en su mundo caprichoso, creía que todos debían estar a sus pies, así que cuando esto no sucedía,  explotaba en berrinches y groserías.

Isadora, madre de la niña, posiblemente confundía su amor con sumisión y consentimiento. Había tenido a Rosaura luego de un embarazo delicado y peligroso, por lo que al cuidarla y sobreprotegerla tanto, involuntariamente había fortalecido en la pequeña aquellas actitudes.

Rosaura creía que por ser hija única, se le debía dar todo lo que pidiera y cuando quería conseguir algo, gritaba y pataleaba hasta lograrlo. Isadora recordaba que hubo una ocasión en la que no pudo comprarle unas golosinas que le exigía su hija, porque no traía suficiente cambio en su cartera , entonces en un arranque de ira al no lograr su objetivo,  la niña le propinó una cachetada.

Dicen que una mañana, una mujer muy anciana que estaba tan encorvada  que su pobre cuerpo parecía una “u” invertida, tocó a la casa de Rosaura para pedir caridad y un vaso de agua. Isadora  no estaba  en la casa pero la niña sí, quien de mal humor salió a ver de quién se trataba. Al oír  la petición de la anciana, le dijo: “¿Por  qué no se  pone a trabajar, en lugar de estar pidiendo caridad? ¿O por qué sus hijos no la mantienen? ¿Cree que somos ricos?”

La anciana sólo escuchaba  a la pequeña y esperó pacientemente  a que ésta se desahogara, entonces  le dijo: “niña, estás muy bonita, pero  tu altanería y mal carácter te dejan muy fea, por qué no te calmas y platicamos, a lo mejor algo te molesta, yo te puedo escuchar”.  Rosaura lejos de modificar su conducta, fue más grosera con la ancianita, hasta que prácticamente la sacó de su casa.  Antes de irse, la viejita le dijo que está muy mal  el ser irrespetuosa y que si no modificaba su conducta,  le iría mal en la vida.

Trabajosamente la viejita siguió su camino y se cruzó con Isadora, quien regresaba del mandado.  Extendiéndole la mano, la ancianita  le pidió caridad y casi llorando le contó el maltrato que había recibido de una niña que vivía en la  casa cercana de donde se encontraban.

Isadora, quien ya sabía cómo se las gastaba su hija,  avergonzada sacó unos pesitos, se los dio a la ancianita diciéndole que tratara de disculpar a la niña, quien  a lo mejor tenía hambre y sueño y por eso se portó así.  La viejecita sin saber quién era Isadora, le dijo que el destino final para esas niñas maleducadas  no era nada bueno.

Isadora no alcanzó a comprender estas palabras y se despidió de la viejita para dirigirse a su casa y cuando llegó escuchó la versión que a su manera, le contó Rosaura. Trató de aconsejar a su hija y decirle que debía ser educada, tratar bien a la gente y sobre todo que debió ayudar a la pobre viejita quien se veía muy cansada y pobre. La niña sólo se rió sin hacerle gran caso.

 

Pasó un año de este acontecimiento y de pronto un día  Rosaura amaneció muy mal,  su madre la llevó al doctor quien le dijo que desconocía qué enfermedad era que la estaba deshidratando y acabando con sus defensas. Pasó una semana y la niña finalmente murió. La enterraron en el cementerio del pueblo, la madre estaba deshecha.

Al día siguiente del entierro de Rosaura,  su madre fue a llevarle flores a la tumba, pero algo aterrador la hizo casi desmayarse: En la tierra fresca todavía, salía la mano de la difunta. Llorando, Isadora corrió a ver al padre de la iglesia y le dijo lo que pasaba. Éste lo acompañó y entre los dos rezaron por el descanso de la  niña, pero aun así,  la mano seguía erguida, fuera  de la fosa.

Desesperada Isadora estuvo buscando consejo entre la gente más grande del pueblo, hasta que se encontró con aquella viejita encorvada quien una vez fue a pedir caridad a su casa. La anciana al saber lo que pasaba, fue con Isadora al cementerio y rezó al pie de la tumba de la niña. Luego le pidió a Isadora  (quien al principio llorando se negó)  le propinara un pequeño golpe a la mano de la niña y que al mismo tiempo  le dijera que podía descansar en paz, que ella como su madre, le perdonaba todos sus maltratos y por aquella cachetada recibida. Por arte de magia, la mano de la niña regresó a la fosa para nunca más salir.

 

 

 

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