EL “HALLOWEN” ME ENLOQUECE(POR: LUIS CHAY CHUIL)

 

 

Estos días recordamos a Todos los Santos y Fieles Difuntos, lo que muchos han vuelto un “Halloween” porque lo toman como pretexto tergiversar esta festividad y cometer cualquier cantidad de abusos.

Ante esta actitud consumista y deliberada hago un recuento de este fiesta gringa que muchos han adoptado: “Halloween” y “E’en”, que significa Víspera de Todos los Santos.

Tiene un origen pagano, se atribuye a sacerdotes de tribus europeas llamadas Celtas (Druidas) y era para celebrar el día que “Saman” (dios de los muertos) invocaba a los malos espíritus a reunirse la última noche del año para examinar los acontecimientos del futuro y visitar sus antiguos hogares en la Tierra.

En la religión de los Celtas se daba culto a numerosos dioses y objetos naturales, como árboles y pozos. Sus sacerdotes (Druidas), que generalmente eran adivinos, magos o brujos, acostumbraban prender grandes fogatas en “Halloween”, aparentemente para protegerse de los malos espíritus.

El druidismo disminuyó paulatinamente con la evangelización y terminó por desaparecer en la mayoría de las comunidades Celtas a fines del siglo II. Cuando los romanos conquistaron los territorios dominados por estas tribus (46 a.C.), especialmente en Escocia e Irlanda, añadieron a esta “fiesta” el festival romano de la cosecha del uno de noviembre en honor de “Pomona” (diosa de los árboles frutales) y la pasaron para el 31 de octubre.

Otras costumbres de influencia romana que aún persisten es divertirse con frutas, tal como “atrapar” manzanas con la boca en un recipiente con agua o formar caras grotescas en calabazas huecas y encender veladoras por dentro.

Dada la amplia cobertura del imperio romano en la era del cristianismo, estas “fiestas” fueron incorporadas a las celebraciones cristianas, y actualmente se han convertido en celebraciones populares. En la actualidad en varios lugares algunos visitan casas vestidos de brujos, muertos, monstruos, vampiros, etc., exigiendo dulces a cambio de no hacerle algún daño o travesura a los moradores.

Sobre la religión de los Druidas no se sabe gran cosa, pues no escribieron al respecto; transmitieron sus conocimientos, usos y costumbres en forma oral de generación en generación. No obstante, se sabe que las festividades de “Saman” eran posiblemente en entre el 5 y 7 de noviembre (a mitad del equinoccio de verano y el solsticio de invierno), con una serie de actividades que duraban una semana, que finalizaba con la “fiesta de los muertos” y con eso iniciaba el “Año Celta”.

Desde el siglo IV la Iglesia de Siria consagraba un día para festejar a “Todos los Mártires”. Tres siglos más tarde el Papa Bonifacio IV (+615) transformó un templo romano dedicado a todos los dioses (panteón) en una sede cristiana y la dedicó a “Todos los Santos” que se celebraba el 13 de mayo.

El Papa Gregorio III (+741) lo cambió al primero de noviembre, que era el día de la dedicación de la capilla de Todos los Santos en la Basílica de San Pedro, en Roma. En el año 840 el Papa Gregorio IV ordenó que fuera universal.

En la costumbre inglesa esta vigilia (31 de octubre) de Todos los Santos, primero se llamó “Al-Hallow’s Even” (Vigilia de Todos los Santos), después “All-Hallowed Ev”, y posteriormente “All-Hallow Een”.

Aunado a esto, ya desde 998 San Odilón, abad del monasterio de Cluny (sur de Francia) había añadido la celebración del 2 de noviembre como una fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido y que se le conoció como fiesta de los “Fieles Difuntos”; se difundió en Francia y de ahí hasta nuestros días.

El “Halloween” es una deformación, pues la esencia de la fiesta de Todos los Santos y Fieles Difuntos es totalmente distinta a las costumbres anglosajonas. Ante la realidad de nuestro tiempo y el consumismo desmedido que prevalece por esta festividad cabría preguntarse: ¿Se debe prohibir a los niños participar? ¿Entenderían los peligros que corren y el porqué de la negativa?

La respuesta no es sencilla, pero hay algunas cosas que se pueden hacer, como informarse adecuadamente para destacar el sentido auténtico y la importancia de recordar a los Santos como vencedores de la fe, héroes del cristianismo.

Hay que resaltar el impacto que tiene el rechazo social de unos cuantos a quienes nada tuvieron que ver con la situación marginal que les toca vivir. Se deben reconsiderar actitudes recargadas de egoísmo y no identificarse con brujas o monstruos, mucho menos.

Sería una magnífica idea “vestirse” de ángeles y visitar orfelinatos y llevar dulces o alimentos y un poco de consuelo a quienes los habitan para hacerles sentir que, aunque no estén junto a sus familias, hay quienes los tienen en cuenta y quieren que salgan adelante en una sociedad que los margina sin siquiera darles la oportunidad de demostrar lo valiosos que son.

Aunque este cambio de actitud no será sencillo, es necesario ser congruentes y no permitir que las nuevas generaciones tomen como algo natural toda la connotación negativa del “Halloween”. Con valor y sentido solidario todos debemos dar a estas fechas el verdadero sentido que tienen en el marco de la fe de cada quien.

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