CHOCOLATITO CALIENTE(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

 

 

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Salí de trabajar como a las 18:00 horas, el aire estaba más fresco que lo normal, sentía olor a lluvia, así que aceleré el paso hasta la panadería, compré un riquísimo pan de muerto, y tomé el autobús para mi pueblo en la terminal de Oriente.  Me esperaba la abuela, quien me había invitado a celebrar mi cumpleaños número 20 con la familia y  las fiestas de día de muertos.

El autobús lleno de todos los que no trabajaremos éste  viernes dos, ya que la tradición así lo dice. Alcancé lugar en la primera fila, detrás del chofer. Junto a mí se sentó Don Marcelino, el peluquero del pueblo, fue subiendo gente que hacía mucho tiempo no veía, y todos me saludaban con mucho cariño.

Al tener a la vista mi pan de muerto, la gente me decía:

—Agustinito provecho, con tu chocolatito caliente.

—Otros me felicitaban por mi cumpleaños

—Y otros me decían que saludara a la abuela, quien me había crecido al morir mi madre.

—Sin importar cuantas veces lo repetían, les respondía siempre gentil y dando las gracias.

Al fin arrancó el camión rumbo a Sitpach, en unos 30 minutos estaríamos tomando el tan esperado chocolatito caliente y comiendo éste rico pan con sabor a anís, Por mi cumpleaños, la abuela había preparado tamales y dulces de pepita con almendra, llamados por estos lares: mazapanes. Ahí estaría mi hermano Ricardo y los primos.

Don Marcelino, me puso al tanto de los últimos acontecimientos sucedidos en el pueblo y en lugares circunvecinos, yo sentía que por tramos me ganaba el sueño, pero no dejaba de oír su voz, creo que eso me adormilaba.

Al pasar por la hacienda Chichí Suarez, subió gente,  ofrecí mi lugar a una señora de edad,  quien venía con un botiquín tipo doctora, quien me dijo:

—Gracias Agustinito, yo soy la comadrona Chona, yo te traje al mundo una noche muy lluviosa, como la que se avecina, eran fuertes lluvias, y ráfagas de aire, tu finada madre Carmela no aguantó el parto, y murió al poco rato de que tu naciste, yo alcancé a oír que decía que te bauticen con el nombre de Agustín Amílcar, nombre de su padre y abuelo.  Te dio la medalla que veo que hasta hoy llevas puesta. Tu pobre madre era muy buena, ayudó a muchas mujeres en el pueblo, las enseñaba a leer y a bordar, creo que por eso tú eres tan bueno.

Yo le agradecí todo lo que me contaba y lo bien que me hacía sentir, no conocí a mi madre, nunca la vi ni siquiera en fotos, pues mi abuela nunca me ha mostrado fotos de ella, pero si me ha hablado mucho de mi madre.

Me despedí de doña Chona la partera, de don Marcelino el peluquero y me dirigí a casa de mi abuela.

Llevaba una chamarra ligera, mi mochila y el pan de muerto, al llegar a una la esquina antes de casa de mi abuela, se me acercó un chamaquito como de unos seis años, me dijo ser Ricardo,  que su mamá  estaba necesitando ayuda, entré a la casa, una  joven mujer embarazada con dolores de parto me dijo que si podía llamar a la partera, que ya tenía muchas contracciones, que estaba a punto de dar a luz, que por favor la auxiliara,  le dejé mi mochila y el pan de muerto, corrí a la estación donde recién acababa de bajar Chona la partera, empecé a buscarla, a gritar su nombre, pidiendo ayuda, ella me alcanzó preguntando:

­—¡Qué pasa Agustinito!  ¿Por qué tanto grito?

—Es una joven mujer, con severos dolores de parto quien solicita su ayuda, aquí a unas cuadras antes de llegar a casa de mi abuela  —le dije.

Comenzaba a llover, el viento más fuerte que la lluvia.

Me cerré la chamarra, tomamos un tricitaxi y nos llevó hasta el lugar.

—¡Ayúdame, Agustinito!

Y me bajé a ayudar a la partera, después de unos minutos había nacido un baroncito, alcancé a escuchar el llanto del bebé, pensé en entrar por mi mochila y mi pan de muerto y darle las gracias a Chona,  pero cuando empujé la puerta escuché una voz tan suave y dulce que me dijo:

—Pasa Agustinito, hijo mío, yo soy tu madre, tu eres el bebé que ha nacido, sólo esperaba verte para despedirme de ti, porque hace 20 años no pude.

Cuando me acerqué, solo estaba mi mochila y el pan de muerto.

 

1° DE NOVIEMBRE DE 2018

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