AMIGO IMAGINARIO(POR: SONIA MAYLLEND)

sona 2

 

Oye Gil, pst, pst, hola ¿ya te dormiste?

─ Eso intento, pero no tengo sueño.

─ Pues abre los ojos para saber que no estas dormido, jiji ─Hugo desde la ventana insistía en despertar a Gilberto.

─ Habla bajito, no te vayan a oír y para qué quieres, arman su alboroto y ya no nos dejan platicar.

─ Ahora sigue contando de cuando te vio la maestra dándole el beso a Susy.

─ ¡ah!─ Gil no pudo contener esa exclamación ─todavía me hace suspirar esa niña─ Con cara de ensoñación y haciendo ademanes como si la tuviera a su lado, continuó su relato. ─Es muy bonita, educada y huele a talco de bebé. Un día se lo dije y se molestó porque creyó que me burlaba y me explicó que ella le ayudaba a su mamá a cambiarle los pañales a su hermanito, se puso colorada de la vergüenza y se me antojó darle una mordida en su cachetito, porque parecía un durazno, así que sólo le di un beso ¡el primer beso!; de repente, siento que me jalaban de una oreja y era la maestra de Susy. A ella la tomó del brazo y que nos llevan a la Dirección. Susy iba llore y llore y sus lágrimas parecían un río que bajaban por esos cachetitos rojos rojos y yo quería beber de esa fuente el agua cristalina que ella limpiaba con la manga del suéter.

─ ¿y no te dolía la oreja?

─ ¿cuál?

─ ¿no que la maestra te iba jalando?

─ ¡ah! Si, pero por ver a mi niña, ni me acordé que me tenía bien agarrado esa maestra, ¡vaya!, ni siquiera me dolía, yo lo único que sentía es que el corazón se me saldría, parecía un tambor que le pegan duro con las baquetas, tum-tum-tum…

─ Ja, ja, ja!, ya me imagino la cara de la Directora.

─ Viene gente, ¡escóndete!

En ese momento entraron su mamá Roxana, con Queta, hermana de Gil.

─ Mamá, te juro que oí que hablaba, hasta parecía que estaba platicando con alguien, ¡también se reían!

─ Qué cosas dices Quetita, míralo, ¿ves como es mentira?, anda trae otra cobija para que no pase frío─ Roxana lo arropó con suma delicadeza. Antes de salir, se le quedó mirando amorosamente durante unos minutos, lo santiguó y le dio un beso. A final de cuentas Gil se quedó dormido con una sonrisa, tal vez por el beso de su mami o por recordar el que le dio a Susy.

Al amanecer todo volvía a la normalidad. El ruido de voces, pasos, hasta del tráfico exterior con cláxones y el silbato del agente de tránsito inundaba la habitación.

Roxana echó un vistazo para cerciorarse de que Gil seguí dormido y bajó a desayunar. Pasó muy mala noche y esas veladas la estaban agotando.

─ Gil, oye Gil─ de nuevo Hugo, ─despierta flojonazo, vamos al parque un rato y no te olvides que tienes que seguir contándome de tu noviecita.

─ Está bien, vamos por la bicicleta y los patines─ al tomar la bicicleta se quedó con el volante en la mano y dándose cuenta de que las dos ruedas estaban en muy mal estado, decidió dejarla ahí. Los niños se fueron a jugar optando por subirse a los columpios aprovechando que no había nadie que se los impidiera.

Hugo se columpiaba moviendo sus largas piernas hacia adelante y atrás para ganar mayor altura mientras miraba hacia el otro columpio y lo retaba a imitarlo, pero a sus 12 años, Gil era de menor estatura que su amigo.

─ya no le des tan duro, te puedes caer─ y éste se reía más fuerte ─jajaja, no me pasa nada, no seas llorón.

Hugo reía fuerte al columpiarse y ponía nervioso a Gil ─ya no le des tan duro, te puedes caer─ y éste se reía más fuerte ─jajaja, no me pasa nada, no seas llorón.

Al cabo de un rato y cansados de tanto jugar, se tiraron al pasto para seguir platicando.

─¿y luego que pasó, que te dijeron en la Dirección?

─No sé, yo solo miraba a Susy y cuando vi el enojo en su cara, sentí retefeo, entonces salí corriendo, tomé mi bicicleta y por ir llorando, no vi el camión…

Roxana apenas había bebido media taza de café cuando le avisaron por el altavoz que se dirigiera a terapia intensiva. Subió al primer piso por las escaleras tan velozmente como sus piernas le permitían y vio a los médicos alrededor de la camilla desconectando los aparatos. Un médico se le acercó y tomándola por los hombros le dijo. ─Señora, hicimos lo humanamente posible─ Roxana se abalanzó tomando en brazos el cuerpecito inerte y lloraba gritando desaforadamente.

─Hugo, mi mamá me llama, ya me voy.

─No Gil, ahora tú ya estás conmigo, juntos seguiremos hacia la luz.

 

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